Viajar

¡Ahí fue Troya! Recorrido por sus ruinas e historia

Una reflexión sobre este destino, uno de los enclaves más importantes de la arqueología.

Troya

El mítico caballo de Troya.

Foto:

ANDRÉS HURTADO GARCÍA

10 de octubre 2018 , 10:18 p.m.

Muchas veces, como profesor de literatura, me he preguntado qué hubiera pasado si la guerra de Troya que nos narran los rapsodas, encabezados por Homero, hubiera sido real y no una bella fantasía literaria. Si así, como ficción, su influencia en la literatura, la historia, el arte, la sociología, las religiones y en la dinámica de las guerras ha sido grande, ¿qué hubiera ocurrido si Paris y los teucros (otro nombre de los troyanos) efectivamente hubieran robado a la bella Helena y los griegos ofendidos, reunidos por Agamenón y liderados por Aquiles, hubieran destruido la ciudad de Troya?

Después de pensarlo mucho, creo que la guerra de Troya como ficción literaria ha tenido mayor influencia en la historia que si hubiera sido una batalla real. En esta última eventualidad, la Ilíada y la Odisea, como libros, no se habrían convertido, junto con la Biblia, el Corán y El principito, en unos de los libros más leídos en la historia de la humanidad. Este caso concreto ilustra el poder del mito sobre la realidad.

Así las cosas, las ruinas de Troya se convierten en uno de los enclaves más importantes de la arqueología. Esta era mi segunda visita a la colina de Hisarlik, donde se han excavado diez ciudades superpuestas. Se cree que la Troya de la guerra micénica es la séptima. Ilión (el otro nombre de la ciudad), fundada hace 3.000 años por el mítico rey Ilo, convierte a Turquía, junto con numerosas ciudades helénicas fundadas en las costas del mar Egeo durante los siglos del esplendor griego, en destino clave del turismo científico mundial.

También yo me preguntaba, mirando desde lo alto de la colina, cómo la exaltada imaginación de Homero pudo situar las naves de los argivos o aqueos (otros nombres de los griegos) tan lejos de Troya. La explanada que los separa a ambos es muy grande. Aquí ocurre lo mismo que en Éfeso, hoy Kusadasi. Éfeso, también en Turquía, es el museo arqueológico más grande del mundo al aire libre. Hoy, Éfeso se encuentra a varios kilómetros del mar, en cuya orilla se asienta la moderna Kusadasi. El río cercano fue llevando sedimentos y alejando el mar. Los ríos Símois y Escamandro, considerados dioses en la Ilíada, y que atenazan Troya, han llevado sedimentos a lo largo de los siglos al mar, y el Gobierno turco, por su parte, ha ampliado los campos de cultivo.

En las costas del estrecho de los Dardanelos, donde Aquiles desfogaba su ira contra Agamenón por haberle robado una esclava, muchos siglos después, la flota turca, en una batalla real y no de ficción, infligió célebre derrota a las potencias occidentales. Fue la Batalla de Galípoli o Gelibou, en 1915. Allí surgió Mustafá Kemal Pachá como gran caudillo, al que luego llamarían Ataturk, ‘el gran turco’, liquidador del Imperio otomano y fundador de la moderna Turquía.

Troya

Tesoro de Agamenón.

Foto:

ANDRÉS HURTADO GARCÍA

El monte Ida, que para Homero era una altísima montaña desde la cual Zeus (Júpiter) reinaba sobre dioses y mortales, es apenas una suave colina en el cercano horizonte. ¿Qué haríamos, Homero, sin tu mágica imaginación?

Los historiadores sitúan la guerra de Troya, la real, la que se originó por rivalidades comerciales y que Homero convirtió en ficción literaria, hacia el año 1200 a. C. Juliano el Apóstata, en el año 354 d. C., visitó la zona, y asegura que vio la tumba de Aquiles y el templo que los troyanos construyeron a la diosa Atenea. ¿Estaría soñando, como Homero?



En 1871, Heinrich Schliemann (1822-1890), un alemán enamorado de la saga homérica, excavó en la colina y conceptuó que la Troya de Príamo, la llamada Troya micénica, era la segunda ciudad, pero, tiempo después, con más datos, aseguró que era la séptima. Algunos arqueólogos dicen que es la sexta. Descubrió allí piezas de oro del que llamó tesoro de Príamo. Las sacó subrepticiamente del país y tuvo por ello problemas con el Gobierno turco. También los tuvo con el Gobierno griego cuando, años después, descubrió la máscara y el llamado tesoro de Agamenón, piezas también de oro, excavando en Micenas, donde desenterró encima de la famosa Puerta de los Leones el palacio de Agamenón. Allí descubrió las impresionantes tumbas de Agamenón y su esposa, Clitemnestra. Estas tumbas resultaron ser más antiguas que las del rey de Micenas.

En Grecia, Schliemann excavó en Itaca, la tierra de Ulises, donde no encontró nada apreciable, en Tirinto y en Orcómenos. Muchas de las piezas encontrada en Troya y Grecia están expuestas en museos de Atenas, en Estambul, en el museo Pushkin de Moscú, en el célebre Ermitage de San Petersburgo, en el British Museum de Londres (donde están también los frisos del Partenón) y en Berlín. Turquía reclama, con toda razón, que estos museos le devuelvan sus tesoros.

Troya

Máscara de Agamenón, según Schlieman.

Foto:

ANDRÉS HURTADO GARCÍA

En 1975 levantaron en las ruinas de Troya el famoso caballo de madera que Ulises (Odiseo), “fecundo en recursos”, como lo llama la Ilíada, ideó como hábil estratagema para tomar a Troya. En su vientre cabían muchos guerreros. Los teucros “domadores de caballos”, al ver el gigantesco caballo pensaron que era una ofrenda a los dioses y que los griegos se retiraban; entonces abrieron las puertas de la muralla para entrar el gigantesco exvoto, y “ahí fue Troya”.

Un poeta colombiano del siglo antepasado gustaba resumir en una cuarteta famosos episodios de la historia de la humanidad y grandes obras literarias.

Así vio la guerra de Troya:
“Se robaron una niña
y como era linda joya,
armose pronto una riña
y ardió la ciudad de Troya”.

Pero por encima
de esas venerables ruinas se siente palpitar el alma
de un pueblo,
el pueblo griego.

Los investigadores están divididos hoy en cuanto a saber cuál fue la causa del fin de Troya. Unos hablan de un gran incendio y se basan para ello en cenizas encontradas en las excavaciones y otros aseguran que la causa fue un terremoto y muestran en la muralla un larga hendidura transversal. La misma muralla que rodeó Aquiles arrastrando, atado por los pies, el cadáver de Héctor, el hijo de Príamo y el héroe inmaculado de la saga homérica.

No son ruinas espectaculares las que admiramos hoy en Troya. Perfectamente señalizadas se ven habitaciones, el odeón, pozos, calles, ágoras, trozos de la muralla, enormes vasijas para guardar los cereales y el vino, fustes de marmóreas columnas.
Pero por encima de esas venerables ruinas se siente palpitar el alma de un pueblo, el pueblo griego, que supo cimentar su grandeza en su épico, grandioso y legendario pasado, hasta convertirse en el padre de la cultura del mundo occidental.

Troya

Agora

Foto:

ANDRÉS HURTADO

SI USTED VA

Turkish Airlines tiene vuelos miércoles, viernes y domingos, Bogotá-Panamá (parada técnica)-Estambul. O por la ruta Bogotá-Madrid (Avianca), y Estambul (Turkish Airlines).

Truva (Troya, en turco) está a 300 kilómetros de Estambul por excelente carretera. Hoteles en la vecina ciudad de Canakkale (2 kilómetros de distancia). Los colombianos no necesitan visa para entrar. Por un dólar le darán 6 liras turcas.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA