Salud

Lo que hay detrás del miedo de ir al médico

En el mundo, miles de personas lo evitan, ya que temen descubrir que se tiene alguna enfermedad.

Miedo de ir al médico

Los temores también están conectados a determinados estilos o hábitos de vida.

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123RF

13 de octubre 2018 , 10:45 p.m.

El miedo, según la Real Academia Española (RAE), es un sentimiento de angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Es también un recelo o aprensión que una persona tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea o con consecuencias negativas.

En el libro ‘La enfermedad y sus metáforas’, la estadounidense Susan Sontag escribió: “La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara”. Y añadía que la enfermedad no es una metáfora, y que el modo más auténtico de encarar la enfermedad –y el modo más sano de estar enfermo– es el que menos se presta y mejor se resiste al pensamiento metafórico.

Los miedos del miedo

Un reciente curso realizado en El Escorial de Madrid (España) acaba de analizar este asunto bajo el título ‘El miedo: entre la clínica, la historia y la política’. Dirigido por Javier Moscoso, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), intervino la experta Lydia Feito, secretaria del seminario y profesora de bioética en la Universidad Complutense de Madrid, para hablar del miedo al diagnóstico o al tratamiento.

Esta especialista, magíster en neuropsicología cognitiva y neurología conductual, habló de los muchos miedos que encierra el temor a que un médico le diagnostique una dolencia.

“Miedo a ser examinado físicamente; al centro hospitalario, que se percibe como hostil; a las investigaciones y pruebas médicas; al tratamiento; al estigma o discriminación que pueda suscitar la enfermedad; a ser presionado; a tener que cambiar el estilo de vida; a parecer débil o a no tener el control de la vida; a las consecuencias que pueda tener en la pareja o la vida laboral”, explica Feito.

También, agrega, “miedo a la disfunción sexual después del tratamiento; a situaciones embarazosas o vergonzosas, como por ejemplo, verse sometido a pruebas clínicas relacionadas con la próstata o el recto; o a situaciones relativas a la higiene o la limpieza”.

Lo que dicen los estudios, según esta docente, es que el temor se da con mayor frecuencia en los varones de mediana edad. “Curiosamente, es una etapa donde aumenta el riesgo de que aparezcan enfermedades como la diabetes o los infartos”, precisa.

Estos temores también están conectados a determinados estilos o hábitos de vida. Según varias investigaciones, entre personas fumadoras, bebedoras, obesas o de dietas poco saludables se produce con más frecuencia este retraso en la búsqueda de un diagnóstico.

Además, hay factores coadyuvantes en el recelo a descubrir, como personas que “retrasan un diagnóstico porque tienen alguna confianza en la naturaleza, la providencia o el destino; o la negación del problema como mecanismo de defensa”, expone la profesora de bioética. Influye así mismo que familiares o amigos hayan pasado por una determinada enfermedad o que la persona tenga baja expectativa ante la medicina y su capacidad curativa.

Tres claves

En el fondo, según Feito, se trata de una angustia humana y natural ante la incertidumbre. “Es la angustia ante lo desconocido, ante lo incontrolado, y por la necesidad de saber qué tengo, pero al mismo tiempo saber qué me va a ocurrir y si tendré un cierto control sobre ello. Al miedo al diagnóstico o tratamiento hay que añadir el miedo al pronóstico; el paciente se pregunta cómo podrá superarlo; es un miedo a los procesos curativos que puedan ser dolorosos, traumáticos, agotadores, tediosos...”, sostiene convencida.

El pronóstico abre otras preguntas, indica: “¿Qué me va a ocurrir? Y abre otra expectativa que lleva a la aprensión: “¿Qué puede uno esperar: cambios en la vida, secuelas, limitaciones?”

Hay tres claves fundamentales en el miedo al diagnóstico y el tratamiento. En primer lugar, el temor a tener que afrontar el dolor, el sufrimiento, las pruebas, la incapacidad, las secuelas, la muerte.

El segundo, el pavor a la adversidad, a no seguir siendo la misma persona, a tener que enfrentarse a una ruptura de la propia identidad o de la propia biografía. “Digamos –señala esta experta– que la enfermedad o el sufrimiento me ponen en una posición en la que tengo que reinventarme, volver a encontrar otra manera de ser yo, y esta vez con limitaciones o incapacidades, y ya no puede haber las mismas cosas que antes”.

En tercer lugar, el enfrentamiento con los límites, que “de alguna manera –afirma– nos marcan nuestra finitud, fragilidad, incapacidad para poder realizar muchas cosas”.

Al miedo al diagnóstico hay que añadir el miedo al pronóstico: el paciente se pregunta cómo podrá superarlo; es un miedo a los procesos curativos

Fobias

Los miedos patológicos o irracionales, de carácter enfermizo hacia una persona, cosa o situación, pasan a tener categoría de fobia.

Ligadas al ámbito sanitario, estas son las principales:

Latofobia o iatofobia: Es el miedo irracional y persistente a los médicos, al entorno sanitario, a los centros de salud y, en algunos casos, a los medicamentos.

Tripanofobia: Miedo a ponerse inyecciones; a las agujas u objetos que puedan cortar o pinchar.

Agliofobia: Miedo a experimentar dolor.

Tanatofobia: Miedo a la muerte.

Nosofobia o hipocondria: Miedo exacerbado, irracional e incontrolable a padecer o desarrollar una enfermedad mortal.

Hematofobia: Miedo a la sangre.

PILAR GONZÁLEZ MORENO
EFE Reportajes
En Twitter: @EFEnoticias

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