Salud

¿Por qué América Latina es la región más sedentaria?

Brasil, Costa Rica, Argentina y Colombia son, en este orden, los países con los peores índices.

Obesidad y sobrepeso

El 43,7 por ciento de las latinoamericanas no realiza la actividad física necesaria para ser saludables, y lo mismo le sucede al 34,3 por ciento de los hombres.

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123RF

Por: Carlos Francisco Fernández
15 de septiembre 2018 , 09:41 p.m.

La cuarta parte de los habitantes del planeta, algo más de 1.400 millones de personas, no realiza actividad física suficiente y, por tanto, están en grave riesgo de tener problemas de salud que pueden acortar significativamente sus vidas y/o hacer que tengan una vejez realmente dura. Y el problema es más grave entre las mujeres, pues una de cada tres no ‘se mueve’ lo suficiente, mientras que en el caso de los hombres la proporción es de uno de cada cuatro.

La alarma fue lanzada la semana pasada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el informe ‘The Lancet Global Health’, el estudio más grande al respecto, basado en información obtenida en 168 países (el 96 % de la población mundial).

Y uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es que América Latina es la región con menores niveles de actividad física del mundo, seguida por Asia Pacífico.

Brasil, Costa Rica y Argentina, con Colombia en cuarto lugar, son en su orden los países con los peores índices en nuestra región. En América Latina también se confirma la proporción por género que se presenta a nivel mundial: el 43,7 % de las latinoamericanas no realiza la actividad física necesaria para ser saludables, y lo mismo le sucede al 34,3 $ de los hombres.

La pregunta obvia es: ¿qué es lo que está sucediendo en América Latina para que esta problemática sea tan fuerte?

Pues bien, los expertos señalan que el asunto se debe a una combinación de factores.

Para empezar, la acelerada urbanización de América Latina ha fomentado varios elementos que desalientan la actividad física. Entre ellos, la mecanización del transporte y la progresiva disminución de fuentes de trabajo que requieren actividad física.

En un informe del Banco Mundial del año pasado, se hace referencia a la concentración de los pobladores en las ciudades como algo que minimiza los desplazamientos a pie y aumenta los empleos de escritorio, normalmente frente a computador.

De otro lado, la superpoblación de las ciudades (en especial capitales e intermedias) se acompaña en consecuencia de un aumento de los tiempos de desplazamientos en buses y otros sistemas de transporte masivo, lo que suma largas horas de inactividad en la vida de las personas, pues o se viaja sentado o, en el peor de los casos, de pie, pero siempre inmóvil.

Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es que América Latina es la región con menores niveles de actividad física del mundo, seguida por Asia Pacífico

También está el crecimiento desordenado de las áreas urbanas, que suele estar caracterizado por la inexistencia de parques, aceras, instalaciones deportivas y escenarios recreativos, lo que hace más difícil el tema de ejercitarse natural o intencionalmente en los entornos en los que vive la gente.

A lo anterior se suma un rápido envejecimiento de la población latinoamericana, con una alta incidencia de enfermedades crónicas que restringen el movimiento en un número importante de pobladores.

Eso para no hablar de la criminalidad en las áreas más pobres de las ciudades, que lleva a que mucha gente prefiera recogerse en sus casas, antes que andar circulando por sus barrios.

Luego está la mala calidad del aire, producida por la contaminación y favorecida por las combustiones incompletas de los vehículos de motor, que no solo añade otro desestímulo al ejercicio, sino que aumenta la incidencia de las enfermedades que afectan al sistema respiratorio y ‘paralizan’ a la gente.

Para rematar, la falta de educación sobre la importancia de hacer actividad física y una alimentación equilibrada para una vida plena y saludable es notable en nuestros países de clases medias emergentes que en muchos casos acceden apenas en primera –y como mucho en segunda– generación a niveles de educación superior. Por eso no es de extrañar que Latinoamérica ocupe el lugar que ocupa en este tema.

El panorama en Colombia

Al revisar el mapa del sedentarismo en nuestro país, entre el 30 y el 39 % de los hombres colombianos no realizan un nivel de actividad física efectiva; en otras palabras, realizan menos de 20 minutos de actividad física vigorosa tres veces por semana.

Esta situación empeora en las mujeres, al punto de que bajo los mismos criterios, entre 40 y 49 % de ellas caen en el rango del sedentarismo.

Tal vez esta sea la razón por la que el país se encuentre en el noveno lugar entre los que realizan menos actividad física en el mundo y uno de los que más aportan a la creciente inactividad en el continente. Y frente a esto, ‘The Lancet Global Health’ insiste en la urgencia de tener políticas nacionales que propendan por métodos de transporte no motorizados, como caminar o montar en bicicleta, y en el “promover la participación en la recreación activa y deportes en el tiempo libre”.

Menos ejercicio

Este análisis ha sido el primero en evaluar las tendencias en la inactividad física a lo largo del tiempo. De hecho, esta se mantuvo estable entre el 2001 y el 2016, lo que sugiere que no se ha progresado en los niveles globales para alcanzar el objetivo de reducir en 10 % la inmovilidad de la gente, planteado por la misma OMS para el 2025.

Sin embargo, estas tendencias de inactividad también presentan una amplia variación entre regiones, niveles de ingreso y entre los propios países. Para la muestra, los mayores descensos de sedentarismo se encuentran en el este y sureste de Asia, al parecer porque los chinos han aumentado la actividad física al aire libre y hay una política específica orientada a mantener la vitalidad de los ancianos, que son la población de más crece allí.

La falta de progreso en otras regiones podría explicarse, según el estudio, en el hecho de que las políticas para promover la actividad física o no son ambiciosas o no llegan a la mayoría a toda la población y, en no pocos casos, simplemente están enunciadas.

Al analizar de manera específica los datos se evidencia que la lista de países con más sedentarismo la encabezan Kuwait, Samoa Americana, Arabia Saudí e Irak, en los que más de la mitad de su población no realiza actividad física con niveles efectivos.

En 55 países de los 168 analizados, más de la tercera parte de la población no tiene suficiente actividad física.

En contraste, los lugares en los que el ejercicio tiene un mayor impacto son Uganda, Mozambique, Lesotho, Tanzania, Niue, Vanuatu y Togo.

Al referenciar cuantitativamente en cuántos países fue menor la actividad física en hombres que en mujeres, también se halló que en la gran mayoría –entre los cuales se destacan Barbados, Bahamas, Santa Lucía, Palau, Irak y Bangladesh– los hombres son más activos que las mujeres.

Y si bien en todo el planeta las mujeres tienden a moverse menos que los hombres, esto es más evidente en el sur y el centro de Asia, el Medio Oriente y norte de África.

Los autores plantean explicaciones como menos tiempo disponible para que ellas realicen actividad física y el dominio de ellos en actividades que requieren más esfuerzo físico.

Lo anterior sin dejar de lado, según ‘The Lancet’, algunos componentes culturales, la presencia marcada de roles tradicionales, la falta de apoyo social y comunitario para desprender a las mujeres de papeles pasivos a nivel familiar y de su esencia de cuidadoras domésticas, lo cual toma un tiempo enorme.

Lo anterior nos lleva a una ecuación es sencilla: si al cuerpo entran más calorías de las que salen, la gente se engorda. Hasta ahora la mayoría de los estudios se centraban en el eje de lo que se come, pero investigaciones como la ‘The Lancet Global Health’ demuestran que esta visión no es la correcta, porque el sedentarismo, al decir de estos expertos, respondería por más del doble de las defunciones que se le achacan a la obesidad.

De acuerdo con Ulf Ekelund, investigador de la Universidad de Cambridge, estar quieto por períodos prolongados incrementa el riesgo de morir hasta en un 59 %, en un tiempo que corresponde a una jornada de trabajo de ocho horas.

Para este investigador, la evidencia es clara y realmente el único grupo que está protegido de enfermedades metabólicas, cardiacas y cerebrales, es el de aquellas personas que se ejercitan a conciencia, al menos media hora cada día, durante cinco días a la semana. “De ahí para abajo, es decir, menos tiempo dedicado a la actividad física regular, se traduce en riesgos cuantificables”, agrega.

Lo anterior nos lleva a una ecuación es sencilla: si al cuerpo entran más calorías de las que salen, la gente se engorda

Alto costo

Otros estudios, igual de rigurosos como el publicado por la OMS, han calculado el gasto que genera el sedentarismo en muchos países. Para Colombia los costos directos por quietud bordean los 773 mil millones de pesos y los indirectos algo más de 134 mil millones. Es decir, más de medio billón de pesos que se podrían ahorrar con solo promover el ‘movimiento’ en la comunidad.

El asunto es tan serio que los costos en vida sin bienestar son igualmente altos, al punto que se ha calculado que con solo remover totalmente el sedentarismo se evitarían al menos 5 millones de muertes cada año, una cifra parecida a los decesos causados por el cigarrillo.

También se ha calculado que ejercitarse al menos 150 minutos a la semana, de acuerdo con el mismo Ekelund, podría aumentar un año más de vida, calculado a partir de los 40 años de edad. Pero se presume que si se hiciera seguimiento riguroso a quienes se ejercitan desde la infancia y por toda la vida, “esa expectativa se podría aumentar 3,4 y hasta 5 años”, señaló el investigador.

Por lo anterior, la OMS ha plantado una estrategia mundial para promover la actividad física a través de políticas estatales, para desarrollar en todos los grupos de edad, tendientes a promover ejercicio suficiente, consistente en practicar 75 minutos semanales de actividad rigurosa o 150 minutos de actividad moderada por semana, o una combinación de ambas. “Esto debe priorizarse y ampliarse de manera urgente”, señala el estudio de la OMS.

A modo de conclusión, la actividad física insuficiente es un factor de riesgo principal para las enfermedades no transmisibles y tiene un efecto negativo en la salud mental y en la calidad de vida. Eso solo debería bastarnos para que empezáramos ya mismo a movernos y no dejáramos jamás de hacerlo.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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