Salud

¡Tenga cuidado! Atragantarse es una urgencia verdadera

Cuerpos extraños o trozos de comida pueden trancarse en la garganta con consecuencias graves.

Atorarse, atragantarse

Los adultos también pueden afectarse al ingerir en forma accidental o voluntariamente toda suerte de elementos.

Foto:

123rf

26 de febrero 2018 , 10:36 p.m.

Aunque se piensa que los niños son los que más fácilmente se atoran, los adultos también pueden afectarse al ingerir en forma accidental o voluntariamente toda suerte de elementos, desde trozos grandes de alimentos hasta prótesis dentales, puntillas, palillos, cuchillas o alfileres. Y ahora, que se acerca la Semana Santa, espinas y huesos de pescado, que al quedar atrapados en la garganta pueden comprometer hasta la vida.

La anatomía de la garganta es compleja, contiene estructuras que pertenecen a los aparatos digestivo y respiratorio que actúan de manera delicada y sincronizada. Los componentes básicos son la faringe (cavidad detrás del velo del paladar), la laringe (estructura cartilaginosa donde están las cuerdas vocales), la base de la lengua y el esófago.

Pero esa complejidad no facilita los atoros, ni mucho menos. Estos pueden ocurrir en cualquier momento, al comer o cuando se habla o se mastica y surge un descuido o una falta de coordinación de las estructuras, que no detienen los trozos grandes de alimentos o los elementos que accidentalmente llegan a la boca.

Las personas con prótesis que incluyen paladar no detectan con facilidad los objetos y los tragan. Es clave anotar que puede ser en forma involuntaria o accidental o, incluso, con fines suicidas. Y son más frecuentes en ancianos, niños, personas con discapacidad mental por enfermedad, alcohol o psicofármacos. ¿Y qué sucede en un atoro?

Generalmente se detecta de inmediato, por la angustia y la sensación de cuerpo extraño en la garganta, lo que genera reflejos de carraspeo, salivación, arcadas y tos para promover la expulsión del elemento. En ocasiones pueden ocurrir sangrados si se lesiona un vaso de calibre importante.

Si se incrusta en los tejidos blandos de la garganta, generalmente en la parte baja de la faringe, la unión de la lengua y la epiglotis (válvula que controla el paso de aire y alimentos) y el esófago, se inicia un proceso inflamatorio que en pocas horas puede formar un absceso.

Esta inflamación y colección de pus puede obstruir la vías respiratorias y digestiva, drenarse hacia la garganta o avanzar hacia el mediastino (cavidad en el pecho donde están el corazón, grandes vasos y el esófago), donde se torna en una infección letal, con elevada probabilidad de muerte.

Pero lo más común es la obstrucción de la respiración, que al ser completa deja al cerebro sin oxígeno y en pocos minutos puede ocasionar la muerte. ¿Y cómo actuar?
Lo primero es tranquilizar a la persona afectada y constatar qué tipo de cuerpo extraño ingirió. Si hay compromiso respiratorio, se efectúa la maniobra de Heimlich (vea recuadro).

Si el cuerpo solo afecta la parte digestiva, es necesario trasladar al afectado a un hospital. El manejo inicial es realizar una radiografía. Por lo general se requiere endoscopia digestiva alta, para el diagnóstico exacto y, en este procedimiento, extraer el cuerpo extraño y detectar daños ocasionados. En caso de ser fallida la maniobra endoscópica, es necesaria una cirugía para explorar el cuello y extraer el cuerpo extraño (hasta en un 50 por ciento de las cirugías, no es posible extraerla). En caso de abscesos, es necesario extirparlos y dejar un drenaje en el cuello y una sonda para alimentar a la persona.

¿Y si no se extraen?

Si los elementos no son retirados, la mayoría son encapsulados por un granuloma a cuerpo extraño y quedan en el sitio, con una molestia menor; otros, en menor porcentaje, pueden migrar del sitio y salir por la garganta o por la piel del cuello; lo grave es si migran hacia los grandes vasos del cuello (arteria carótida o vena yugular interna), donde pueden ocasionar rupturas con hemorragias y complicaciones severas.

Lo que no hay que hacer

Por nada del mundo hay que intentar sacar el objeto con los dedos. Tampoco, comer más para intentar forzar el objeto a que cruce hacia el estómago porque se puede incrustar más el objeto, y la situación se tornaría más grave.

En el caso de las espinas, lo anterior es de mayor riesgo, porque se puede perforar una arteria o una vena del cuello. Tampoco se deben dar remedios caseros, que retardan el tratamiento y favorecen la formación de abscesos que pueden ser letales.
En ningún caso se debe inducir el vómito.

La de Heimlich, maniobra salvadora

Fue desarrollada por el médico estadounidense Henry Heimlich, en 1974, para atender de urgencia a las personas con dificultad respiratoria por un cuerpo extraño.
Consiste en ubicarse detrás del afectado y abrazarlo colocando una mano empuñada, con el pulgar sobre la boca del estómago (epigastrio) y la otra cubriéndola, para realizar un movimiento súbito hacia atrás y hacia arriba. El objetivo es promover una corriente de aire a presión que empuja el objeto hacia afuera, cosa que ocurre en la mayoría de los casos. Se puede repetir, y es posible que haya riesgo de broncoaspiración (paso de líquido a vías respiratorias).

LUIS ALBERTO PARRA OBANDO
* Cirujano de la U. Nacional, Profesor de Cirugía de la U. del Tolima
PARA EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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