Salud

Así es vivir con el virus del VIH a los 25 años

“Mi vida cambió: me volví más consciente de mis prácticas y del riesgo que corría", cuenta Álvaro.

Álvaro Sáenz

En junio del 2015. Álvaro se hizo la Prueba Elisa, que salió reactiva, “lo cual quiere decir que hay anticuerpos en tu cuerpo relacionados con el VIH".

Foto:

Archivo particular

Por: Camilo Hernández M. - ELTIEMPO.COM - APP
01 de diciembre 2018 , 10:13 a.m.

A sus 22 años, Álvaro Sáenz pasaba sus días muy tranquilo. Se acababa de graduar en Filosofía (2015) en la Universidad de los Andes -título que sumó al que había conseguido en Literatura (2013)- y esperaba ansioso por un viaje a México, donde haría una maestría.

Vivía con su familia en el sector del portal de la calle 80, en Bogotá, y con Tobías, un perro Beagle que era -y es- como un 'hermano'.

La lectura era una de sus pasiones: leía mucha teoría del género, novela contemporánea del siglo XX y literatura antigua. También le gustaba bailar lo que fuera, el tiempo que fuera y en compañía de quien fuera. Y le encantaba viajar, conocer cosas nuevas siempre.

Diez días antes de partir a México, Álvaro se enteró de que tenía el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH)Hoy, tres años después, cuenta que cumplió su sueño de vivir en suelo azteca y que, con un grado de responsabilidad mayor, sigue disfrutando de sus libros, de sus bailes, de sus viajes, de su familia y de su perro.

Álvaro Sáenz

Álvaro se graduó de Filosofía y Literatura, en la Universidad de los Andes. La imagen registra su participación en una marcha del orgullo gay en Ciudad de México, en el 2016.

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Archivo particular

La vida antes

Álvaro nació en el seno del hogar conformado por Álvaro, su papá, y Olinda, su mamá. Creció junto a su hermana y, cuando tenía 11 años, llegó Tobías y se convirtió en la mascota de la casa.

Estudió en un colegio campestre ubicado en Cota (Cundinamarca), pues desde su casa, en la calle 80, era más rápido y fácil ir a ese municipio que a cualquier otro lugar dentro de Bogotá.

Al graduarse, el plan que tenía era estudiar en la Universidad Nacional. Sin embargo,  se presentó también a la Universidad de los Andes, donde fue aceptado y recibió una beca que le cubrió tanto el programa de Filosofía como el de Literatura.

“Yo nunca me vi en una ingeniería, eso para mí ni existía. Lo único que sabía hacer era leer, tenía capacidades para la lectura y por eso me decidí por la Literatura y la Filosofía”.

Con sus dos títulos bajo el brazo, decidió en el 2015 que su próximo reto sería México, donde estudiaría una maestría en Filosofía, en la Universidad Nacional Autónoma (UNAM).

La ‘nueva’ vida

Diez días antes de irse a territorio ‘azteca’, en junio del 2015, se realizó exámenes de rutina, para reconfirmar que todo estuviera bien en su organismo.

Siempre se practicaba estudios médicos, cada seis meses mínimo. Lo empezó a hacer a los 19, cuando tuvo su primer novio y empezó una vida sexual activa. Los últimos se los había en marzo del 2015 y por el viaje los debía repetir.

Todo estaba normal hasta que le entregaron los resultados de la Prueba Elisa: salió reactivo, “lo que quiere decir que hay anticuerpos en tu cuerpo relacionados con el VIH".

La exactitud de ese examen es de 90 por ciento, pero el resultado no se considera definitivo. Por eso, a Álvaro le tocó hacerse uno de confirmación. “Es el Western blot, un examen sobre el que se trabaja para empezar tratamiento”, explicó.

Con el primer resultado, se sintió estúpido, tonto. Se dio cuenta que no había escuchado las advertencias que le hicieron: “Sea cuidadoso, no sea tan confianzudo, esas cosas pueden pasar”, le decían.

Álvaro Sáenz

Se estima que más del 40 por ciento de quienes viven con el virus hoy en Colombia son jóvenes que están entre los 14 y los 29 años de edad. Álvaro hace parte de ese grupo.

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Archivo particular

De inmediato, le contó a Olinda y a su pareja del momento. “Mi mamá se puso a llorar y me dijo que ella me lo había advertido. Se sintió frustrada y asustada. Mi pareja también se asustó, pero se hizo el examen y salió negativo”.

Mientras esperaba el resultado del Western blot, Álvaro siguió con sus planes de irse a México. Pero su cabeza estaba a mil: pensaba en su futuro, hacía hipótesis, sentía miedo.

"Que el virus llegara a mí fue por una relación sexual y la responsabilidad fue mía, de nadie más. No hay que ponerse la camisa de víctima. La culpa es mía. Si alguien tuvo la responsabilidad, soy yo: tomé la decisión de tener sexo sin condón y con consentimiento, así que soy el responsable”, aseveró.

“En el colegio siempre le dicen a uno que hay que usar condón, mi mamá me dijo que usará condón. Yo decía: ‘sí’, pero medía los riesgos de manera distinta. Los minimizaba, pensaba que una situación así no me iba a ocurrir a mí”, continuó.

El Western blot confirmó la presencia del VIH en su cuerpo, unos días antes de viajar. Lo siguiente fue llegar a México, vivir una ‘nueva’ vida.

Conociéndose

En México se empapó del tema del VIH por completo. Pudo sacar un seguro médico, fue visto por un doctor y remitido a un infectólogo.

Empezó a ir a grupos y conoció los procesos naturales para enfrentar el diagnostico. “Mi vida cambió: me volví más consciente de mis prácticas y del riesgo en el que estaba. No sabía lo que podía o no hacer y en esas reuniones lo aclaré todo”, dijo.

Hizo amigos y se volvió voluntario en la clínica a la que asistía a los grupos. Su misión fue interactuar con los diagnosticados más nuevos, hacerlos entrar en confianza, y formó, con varios amigos, la Asociación Universo Positivo, que realizaba actividades de concientización sobre el VIH.

“La vida en México me quito prejuicios. Fue un proceso largo, pero aprendí a tener mucha empatía y tolerancia con la humanidad. Me volví más sincero conmigo mismo”.

Sintió que era un comienzo nuevo. A diferencia de Colombia, donde debía dar explicaciones, allá todas las personas que lo conocieron lo hicieron ya teniendo el virus y las relaciones se basaban en dejar claro esa situación. “Fue un nuevo comienzo”.

El sistema de salud mexicano también lo sorprendió. “Si bien hay algunas falencias, nunca pagué por medicamentos, exámenes ni nada”.

Durante su estancia allá le contó a su padre, quien lloró y se sintió asustado. Sus amigos más cercanos también se enteraron.

Álvaro Sáenz

Álvaro volvió a Colombia en el 2018 y es catedrático de escritura en diferentes universidades.

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El regreso

Álvaro volvió a Colombia en el 2018. Al llegar, fue comentando su situación cada vez con más confianza. “Mis círculos sociales han sido empáticos con el tema y hacen preguntas por saber, por enterarse. No he sentido rechazo ni señalamientos”.

Cree que lo más importante cuando se tiene una vida con VIH es contar con una red de apoyo. "Una red que no debe preguntar ni juzgar ni decir ni señalar, solo debe acompañar".

Según su experiencia, la carga social puede ser pesada dependiendo del contexto. "Por eso es necesario que te hagan sentir que sigues siendo la misma persona".

Álvaro Sáenz

Para Álvaro, vivir con VIH es el compromiso de ser sincero consigo mismo. Otra imagen de México.

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“El virus no te hace menos valioso. El amor sirve para quitarse prejuicios, informarse y saber qué hacer. He tenido mucha fortuna de las personas que me rodean”..

Tras regresar al país continuó con el tratamiento que llevaba en México. Le hicieron exámenes y preguntas de rutina para saber cuál sería el medicamento que debía tomar.

“Lo importante es ser adherente al medicamento y por eso son las pruebas médicas y las preguntas de rutina como cuánto se duermo, en qué se trabaja”.

Álvaro tiene que tomar dos pastas al día: raltegravir y un compuesto de tenofovir y emtricitabina. Se toma una cada 24 horas y la otra, cada 12. Cada mes tiene control y  recoge la medicación.

Mis círculos sociales han sido empáticos con el tema y hacen preguntas por saber, por enterarse. No he sentido rechazo ni señalamientos.


Vivir con el virus no le genera restricciones para tomar alcohol o tener sexo. El riesgo que tiene de transmitir el VIH es muy bajo para él, pero siempre usa protección “por respeto y porque voy a interactuar con otra persona”.

“El virus es muy peculiar, porque médicamente es ‘sencillo’ tomarse unas pastillas. En condiciones normales de acceso a salud, la situación es supremamente fácil de llevar”.

Álvaro es actualmente catedrático de escritura académica en diferentes universidades de Bogotá y está en proceso de irse al extranjero para estudiar un doctorado en Filosofía.

Para mí, vivir con VIH es el compromiso de ser sincero conmigo mismo.

La situación del VIH en Colombia

Según datos de la corporación Redsomos, en el 2017 se reportaron 12.778 casos nuevos de VIH/Sida en el país, de los cuales 10.228 (80 por ciento) correspondían a hombres y 2.550 a mujeres. Se considera que en un 99 por ciento hubo transmisión sexual.

Se estima que en el país, actualmente, 150.116 personas viven con VIH. De ellos, unos 41.468 no lo saben (28 por ciento) y más del 40 por ciento de quienes viven con el virus son jóvenes que están entre los 14 y los 29 años.

Además, el 58 por ciento de las personas diagnosticas no son atendidas y solo en el 2016 murieron 2.618.

"Requerimos un mayor esfuerzo y compromiso del Gobierno colombiano -dice Redsomos-. Un compromiso que debe expresarse en desarrollar políticas y programas de prevención y atención efectivas que se combinen con acciones para el uso del condón, la oferta de la prueba, el avance en el registro para la utilización del tratamiento preexposición y el auto-test, y la educación para el cambio de comportamientos y prácticas de riesgo".

La red pide un nuevo plan nacional de respuesta con metas e indicadores que deben ser medibles, verificables y con presupuestos específicos y suficientes, y una instancia multisectorial con capacidad de respuesta técnica y administrativa.

Colombia se comprometió con Naciones Unidas a alcanzar, para el año 2020, el 90 por ciento de personas diagnosticadas, el 90 por ciento de personas diagnosticas atendidas y en tratamiento, y el 90 por ciento de personas en tratamiento con control indetectable de su carga viral.

Redsomos se define como "una organización social que trabaja por el reconocimiento de la diversidad, los derechos humanos, el bienestar y la salud sexual y reproductiva a través del fortalecimiento comunitario, la investigación social la participación y la incidencia política".

Camilo Hernández M.
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