Salud

El mensaje para J Balvin de la hija de Sherman Cárdenas con leucemia

Shenoa no se rinde y bailando reguetón espera conocer a su ídolo. Esta es su historia.

El mensaje para J Balvin de la hija de Sherman Cárdenas con leucemiaShenoa lucha contra la leucemia bailando reguetón y tiene un mensaje para J Balvin | EL TIEMPO youtu.be Shenoa, hija del futbolista Sherman Cárdenas y de Angélica Pico, padece leucemia. Pero no se rinde y bailando reguetón espera conocer a su ídolo J Balvin.
Shenoa Cárdenas

Cortesía Esteban Escalante

08 de agosto 2018 , 07:18 p.m.

Shenoa Cárdenas Pico es un cuerpo de seis años, 25 kilos y 122 centímetros que baila sin parar. Son unas caderas que se contonean con fiereza, unas piernas poderosas y unos brazos que hipnotizan. Es una sonrisa perfecta, sin un diente incisivo, y unos ojos gigantes, profundos, que se activan cuando escucha a J Balvin. Dice su mamá, Angélica, que nada la puede detener cuando decide bailar las canciones del reguetonero paisa. Ni siquiera la leucemia contra la cual lucha.

Y es que Shenoa es una fuerza imparable que se enciende sin importar que esté canalizada para recibir la quimioterapia que debe soportar para acabar su cáncer. Su pista de baile favorita es, justamente, una habitación del sexto piso de la clínica San Luis, de Bucaramanga, donde recibe tratamiento. Allí se grabó un video que le dio la vuelta al mundo hace una semana.

Shenoa lo protagoniza. Lleva Crocs, shorts, blusa estampada, un tapabocas –tan propio de los centros oncológicos– y una balaca rosada, con una flor enorme, que oculta el poco cabello que le queda como consecuencia de su tratamiento. La imagen, impactante, se transforma cuando comienza a bailar No es justo. Es imposible no admirarla.

Vibras que curan !!!! 🙏🙏🙏

Una publicación compartida de J Balvin (@jbalvin) el

El video fue viral porque, luego de que su entrenador personal en Medellín (Henry Molina) se lo pasó al propio J Balvin, él lo compartió en su Instagram, y hoy tiene más de cuatro millones de reproducciones en su perfil. Allí escribió: ‘Vibras que curan’, haciendo alusión a su más reciente disco. Y Angélica está de acuerdo: la música ha sido fundamental para su hija en todo este proceso.

“En las quimioterapias, la música ha estado todo el tiempo, y nunca le ha dado un malestar o un mareo. Y el baile es parte de ese resultado”, sostiene.

Y agrega: “Shenoa se motiva pensando no solo en ser una gran bailarina cuando todo esto acabe, porque ese finalmente es su don, sino imaginando el día en que pueda conocer a J Balvin. Cuando supo que él había visto su video se puso muy feliz”.

La fuerza de una familia
Shenoa Cárdenas

Shenoa, Angélica, Sherman y Sherman jr. “La leucemia no va a acabar nuestra familia”, dicen.

Foto:

Cortesía Esteban Escalante

Shenoa se guarda el carisma para el momento del baile. Frente a un micrófono prima la timidez. Pero en las pocas palabras que logra decir antes de que la pena la embargue y pasarle el relato nuevamente a su mamá confirma que quiere conocer a J Balvin y que no una, sino todas sus canciones son sus favoritas.

“Se acostumbró desde muy pequeña a escuchar esta música porque con ella hago todas mis rutinas de ejercicio”, dice Angélica.

Están en aquella habitación de hospital que Shenoa vuelve pista de baile. Enfrentan el cuarto de seis ciclos de quimioterapia, y Angélica relata, con tono de reflexión, cómo era la vida “antes de que todo esto pasara”.

Cuenta que la pequeña Shenoa siempre fue una estrella en la familia Cárdenas Pico. Y una fuente inagotable de energía. Nació en el 2011, cuando su padre, el futbolista Sherman Cárdenas, jugaba en el Junior de Barranquilla. A ese origen costeño, dice Angélica, se debe el amor por el baile. Y gracias al gusto de ambos padres por el deporte, la pequeña pasó por clases de natación, patinaje, gimnasia y ballet.

Toda la familia siempre ha llevado una vida saludable. Con nutricionistas y permanente compañía médica. Y por eso asegura que un cáncer es una lotería, que le puede pasar a cualquiera.

A Shenoa se lo diagnosticaron en enero pasado. La familia estaba de vacaciones en Bucaramanga y pronto debía regresar a Quito, donde jugaba Sherman. Después de varios días con bajo estado de ánimo y sin fuerzas –una situación extraña en la pequeña–, decidieron consultar.

Shenoa Cárdenas

Shenoa en una imagen del año pasado, antes de que le diagnosticaran la enfermedad.

Foto:

Archivo particular

Pensaban que era una migraña, pero los estudios confirmaron leucemia linfoblástica aguda, el tipo de cáncer más común en los niños, que ocurre por defectos en las células de la médula ósea. El año pasado, en Colombia fueron confirmados 609 menores con este mal, según el Instituto Nacional de Cancerología.

“No se me olvida nunca cuando el doctor me dijo que era leucemia. Sentí caer en un hueco profundo, donde no veía luz; me quedé sin aire, sin fuerzas”, expresa Angélica.

Vinieron días difíciles, de desesperanza. Y cuando comenzó el tratamiento, semanas de hospitalizaciones, de medicamentos que van al líquido cefalorraquídeo, a las venas, por debajo de la piel y entre los músculos.

Y mientras todo pasaba, la alegría de Shenoa, tal vez sin comprender la complejidad del mal que llevaba, les daba fuerzas. Fue la pequeña quien decidió cortarse el pelo ella misma antes de que empezara a desvanecerse. Fue ella quien rechazó usar gorros para ocultar su calvicie. Quien incorporó los tapabocas a su atuendo. Fue ella quien decidió no dejar de bailar.

Shenoa Cárdenas

Shenoa cumplirá siete años en diciembre próximo.

Foto:

Cortesía Esteban Escalante

Junto a su hija, que recibe su medicamento dispersa, mirando algún video de reguetón en el celular para aprender la coreografía de la canción de moda, Angélica continúa reflexionando. Recuerda que esta semana, J Balvin dijo que la música “abre puertas para que más personas comprendan nuestro lenguaje”. Y hoy está segura de que el baile es el lenguaje que usa Shenoa para mostrarle al mundo que se puede ser más fuerte que la enfermedad. Y que, a pesar de la adversidad, sus movimientos pueden ser sanadores para ella y su familia.

El poder de la música

La ciencia lo ha comprobado. Un estudio publicado en el 2015 en The Lancet, por ejemplo, encontró que los pacientes que escucharon música antes, durante o después de la cirugía dijeron sentir menos dolor, tomaron menos medicamentos para aliviarlo y evidenciaron menos ansiedad.

Otro estudio en The Journal of Pain, a cargo del Centro de Investigación del Dolor de la Universidad de Utah, halló beneficios potenciales de la música para desviar las respuestas psicológicas a estímulos de dolor experimentales.

Otra investigación de la Universidad de Rochester en el 2003, con pacientes de diferentes tipos de cáncer que se habían sometido a un trasplante de médula ósea, mostró que quienes escuchaban música se recuperaban más rápido y sentían menos dolor y náuseas.

RONNY SUÁREZ
Redactor de Salud
En Twitter: @ronnysuarez_Esta historia hace parte de las #ExperienciasSaludables que todas las semanas publica la sección Vida de EL TIEMPO. Si conoce testimonios que merezcan la pena ser contados puede enviarlos a ronsua@eltiempo.com y josmoj@eltiempo.com. 

Las imágenes y el relato contaron con autorización escrita de la familia. 

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