Salud

‘Mi lucha contra la hepatitis C’

Esta es la historia de Myriam Peraza, contagiada con el virus hace cerca de 30 años.

La hepatitis C

La hepatitis C es una inflamación del hígado causada por el virus del mismo nombre que se transmite casi siempre por exposición a sangre contaminada.

Foto:

123rf

25 de julio 2017 , 11:46 p.m.

En mayo pasado, Myriam Peraza recibió la noticia que había esperado durante 13 años: se había curado de la hepatitis C, enfermedad que adquirió por una transfusión de sangre y que permaneció silenciosa en su cuerpo por muchos años, sin un solo síntoma, afectando su hígado y poniendo su vida en riesgo.

La hepatitis C es una inflamación del hígado causada por el virus del mismo nombre que se transmite casi siempre por exposición a sangre contaminada y para el cual no existe vacuna. Myriam no sabe en cuál de las cirugías del pasado la contaminaron, pero calcula que la enfermedad pudo estar en su cuerpo durante 30 años antes de ser detectada.

Lo supo porque le apareció un brote en su cuello, que atribuyó inicialmente al consumo de unos mariscos. Fueron varios los médicos que la atendieron sin dar con el diagnóstico, hasta que finalmente un dermatólogo le ordenó el examen médico para la hepatitis C y este salió positivo.

La noticia angustió a Myriam porque en ese tiempo no se hablaba de la enfermedad. Además, muchas personas, por ignorancia, creían que quien la padecía podía contaminar a los demás al compartir cubiertos, platos o vasos, o tan solo con estar a su lado y respirar el mismo aire. El médico le explicó que el único contagio posible es por contacto de sangre con sangre contaminada.

Después del diagnóstico, los dos hijos de Myriam se practicaron el examen y salió negativo. Gracias a su hija descubrió la Asociación Colombiana de Enfermos Hepáticos y Renales creada hace 18 años por la hermana María Inés Delgado Salguero, quien le dio fuerzas para entender que el diagnóstico no significaba muerte inminente por cirrosis o cáncer en el hígado, las dos principales complicaciones que pueden tener los pacientes.

En la fundación también conoció a otros pacientes como un hombre que lleva 18 años con la enfermedad, a quien ya trasplantaron un hígado gracias al cual presentó mejoría, pero recayó: tiene cáncer.

Después del diagnóstico, Myriam le pedía a Dios que le diera un día más de vida y tenía cuidados en su dieta para no subir de peso, porque al engordar el hígado se puede volver más graso. También, desde ese momento, siempre lleva a la peluquería sus elementos para arreglarse las uñas cada 15 días y evitar así el contacto con sangre de otros.

Quienes sabían de su enfermedad eran su familia y su grupo de oración. No hablaba mucho del tema porque sabía que los demás no tenían información suficiente y podían pensar que se contagiarían fácilmente.

Los tratamientos

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 90 por ciento de las personas con hepatitis C pueden curarse completamente en un plazo de 3 a 6 meses. Este no fue el caso de Myriam. Recibió en 13 años un total de tres tratamientos. El último fue el salvador y los dos anteriores fueron tan solo una esperanza en medio de efectos secundarios muy fuertes como caída del pelo, de las pestañas, vómitos, mareos y pérdida de energía, un cansancio que la dejaba por dos días en cama y que ella enfrentaba con la fuerza que le ha dado ser siempre una mujer muy activa. “Es como una quimioterapia de cáncer”, explica Myriam.

Para el primero, además, tuvo que luchar con la EPS para que se lo aprobaran, pues los tratamientos son muy costosos. Finalmente lo logró con una tutela que interpuso con la asesoría de un abogado amigo de la familia. “Mi enfermedad ha sido una lucha”, afirma.

El tratamiento consistía en una combinación de pastillas diarias con inyecciones semanales durante tres o seis meses. “Me ponían la inyección por la tarde y cuando llegaba de trabajar me daban escalofríos, vómito. Sufrí muchísimo por la caída del cabello, me peinaba, se veía poquito, pero sufría porque siempre mi madre nos enseñó a ser algo vanidosas”.

El médico que la atendía le formulaba los tratamientos cada vez que la ciencia encontraba una nueva posibilidad para estos pacientes. Entre el segundo y el tercero transcurrieron cuatro años en los que cada seis meses se hacia sus exámenes de control para saber cómo estaba su hígado.

Hasta que finalmente le llegó la cura, un total de 1.500 pastillas que se tomó durante seis meses, sin una sola interrupción, pues si se suspende por un día, se pierde todo el tratamiento. De hecho, un mes antes de finalizarlo, estuvo a punto de quedar sin pastillas por unos días y fue necesario que, por los costos del medicamento, el médico que la atiende firmara un pagaré y poder así agilizar la importación. Como finalmente no había opción de que el remedio llegara a tiempo, el laboratorio contactó al doctor con otro paciente para que este le prestara una caja a Myriam que le sería devuelta una vez recibiera la de ella.

Durante estos seis meses contó con el apoyo de un acompañante del laboratorio, una persona que la llamaba para preguntarle por su estado de salud y para recordarle que debía tomarse sus remedios. Finalmente, en mayo de este año recibió la buena noticia: Myriam está curada.

Fue entonces cuando decidió hablar. Ahora participa en eventos públicos para contarles a otros pacientes que sí se pueden curar y para recomendarles a las personas que se practiquen en el examen de la hepatitis C para ser tratados a tiempo en caso de estar contagiados. “Si Dios me dio esta posibilidad de estar curada es para ayudar a otra gente, de cualquier manera”, afirma.

Como en muchos casos, la hepatitis C es silenciosa y el enfermo descubre que tiene el virus en su cuerpo cuando ya se ha deteriorado el hígado, es importante que las personas con trasfusiones de sangre antes de 1996 se hagan una prueba de laboratorio, también aquellas que fueron trasplantados antes de esta fecha y quienes se han hecho un tatuaje, un piercing, si se han inyectado heroína o han utilizado servicios de inyecciones en droguerías donde tal vez no usen jeringas desechables.

También se recomienda que quienes necesitan diálisis se hagan pruebas de laboratorio, pues el virus se puede trasmitir por instrumentales médicos que no se han desinfectado adecuadamente.

Myriam va a cumplir 67 años, su vida son sus hijos y sus tres nietos, no se queda quieta ni un solo día y su gran ilusión en este momento es poder ver al Papa en su visita a Colombia, “así sea de lejitos”. Como parte de sus cuidados, no come cerdo, no come fritos y tampoco embutidos. “Mi hígado sí está cirrótico, jamás he tomado alcohol, pero está muy pequeño, entonces sirve muy poco”.

La inflamación del hígado

La hepatitis se define como la inflamación del hígado y se puede producir por varios factores: consumo de alcohol o de ciertos medicamentos, por enfermedad autoinmune o por diferentes virus. De acuerdo con la OMS, la hepatitis más frecuente es la que se produce por estos últimos, de los cuales los científicos han identificado cinco: A, B, C, D y E.

Las hepatitis virales ocasionan en el mundo alrededor de 1,4 millones de muertes al año y aproximadamente 500 millones de personas las padecen. Cerca del 75 por ciento de los casos de cirrosis hepática y de cáncer de hígado son atribuidos a la infección crónica por los virus de las hepatitis B y C.

Al menos 71 millones de personas en el mundo viven con infección crónica por el virus de la hepatitis C y cada año mueren unas 399.000 por causa de la cirrosis y cáncer en el hígado que se originaron por esta causa.

Este 28 de julio es el día mundial contra la hepatitis. Como parte de sus metas en el futuro, la OMS espera reducir los casos de hepatitis B y C en un 30 por ciento y reducir las muertes en un 30 por ciento para el 2020.

CATALINA GALLO ROJAS
Para EL TIEMPO

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