Salud

Así vencí a la muerte y me convertí en un extraño caso médico

Mi nombre es Michelle, soy comunicadora y mi recuperación aún es objeto de estudio en el exterior.  

#CómoSalíDe

Yo me levanté de esa cama más fuerte de lo que me acosté.

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Michelle Yidios Hakim

05 de junio 2018 , 09:34 a.m.

Tengo 27 años, soy colombiana y la milagrosa recuperación de mi páncreas e hígado aún sigue siendo objeto de estudio en el exterior. Nadie se explica por qué estoy viva, pero sé que tengo una misión en este mundo, tuve la suerte de tener una segunda oportunidad. 

Consecuencia de un accidente que sufrí a la edad de seis años quedé con mis órganos vueltos puré y se me olvidó caminar. Ha pasado el tiempo y puedo decir que esa situación me hizo dar pasos más fuertes y decididos. Entendí el valor de la salud, de la vida y el tener una buena actitud ante cualquier circunstancia. Estoy convencida de que me levanté de esa cama más fuerte de lo que me acosté. 

Así empezó el día que me cambió la vida
CómoSalíDe

Ha sido una maestría de vida, cada día que pasa aplico las enseñanzas.

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Michelle Yidios Hakim

Nosotros acabábamos de mudarnos a los Estados Unidos. Salimos muy temprano a dar un paseo con mi mamá en el carro y recuerdo que todo lo que veía me asombraba. Nos detuvimos un rato para saludar a unos amigos que nos encontramos cerca de nuestra casa, no podía parar de mirar la bicicleta de uno de ellos, ante mis ojos era supersónica y por eso la pedí prestada.

Empecé a montar en ella y me sentía volando. Un minuto y cuatro casas después, escuché el sonido de un carro que aceleraba y frenaba en seco. En ese momento no había anden, era tan brusco y fuerte el sonido que me dio la sensación de que me iba a atropellar.

Como necesitaba ver qué tan lejos estaba el carro, volteé mi cabeza y en ese instante perdí el equilibrio. Ahí empezó mi lucha, pues al caer me enterré el timón de la bicicleta en el estómago.

Se me fue la vista a negro. No podía respirar bien. El golpe fue tan fuerte que quedé pasmada en la mitad de la calle. No me perforó el estómago, pero literalmente me destruyó completamente por dentro.

No me podía mover, esos minutos fueron eternidades. El primero que llegó al rescate fue mi amigo, también de seis años. Él no entendía la gravedad de lo que había sucedido y soltó una risa inocente que me hubiese encantado acompañar.

Luego llegó mi mamá corriendo, me alzó y me llevó caminando a casa. Por fortuna estábamos al lado. Me acostó en su cama con la esperanza de que al día siguiente me despertaría como nueva, al fin y al cabo parecía un golpe bobo.

¿Llegó el fin?

Durante la noche, la situación se complicó, empecé a vomitar sangre descontrolada y mi mamá me tuvo que llevar al pediatra. Nos hicieron pasar a la consulta y explicamos lo que había sucedido.

El doctor alzó mi camisa y lo primero que vio fue un circulo casi negro cerca de mi ombligo donde se veía perfectamente la forma del timón. Sólo con el roce de su mano sentía un dolor insoportable, así que no me pudo examinar. ¿Qué pasaba? No había respuesta, el médico solo salió del consultorio y nos dejó a las dos solas con la incertidumbre. 

Minutos después volvió agitado para decirnos que nos estaban esperando en el área de urgencias del 'Miami Childrens Hospital', nos teníamos que ir para allá de inmediato.

Me bajaron cargada del carro, porque no me podía mover, y de inmediato entré a consulta. En ese momento entendí lo que era un TAC, pues me sometieron a un examen de radiografía para ver el estado de mi cuerpo. Mientras tanto, afuera mi mamá sólo veía como entraba a la sala un médico tras otro, pero ninguno salía.

Los médicos nos explicaron que el páncreas es el único órgano que no se regenera, sin él pocos logran vivir y yo tenía completamente destrozados el páncreas y el hígado, me había reventado internamente a tal nivel que en mi interior parecían un puré.

Fui internada en cuidados intensivos. Mi papá se devolvió rápidamente de Brasil, donde se encontraba en ese momento de trabajo y el resto de mi familia también viajó de urgencias a Miami ese soleado sábado de agosto con la esperanza de que no fuese una despedida. Me brindaron su atención y cuidados, fueron protagonistas en mi proceso de recuperación y un apoyo enorme para mis papás.

Mi familia de parte de mamá son los médicos Hakim, tal vez se les haga conocido mi apellido materno, porque Hakim significa médico en árabe. Mi abuelo es Alejandro Hakim y mis tíos José Antonio y Salomón Hakim, él fue quien inventó la válvula Hakim.

Le dieron la opción a mi mamá de abrir y operar, pero ella no quiso por los riesgos que implicaba. Al final, me dejaron en proceso de recuperación sin intervención quirúrgica a la espera de un milagro.

Aunque le digan que es imposible, que no hay salida, si yo tuve una segunda oportunidad, cualquiera la puede tener

De lo imposible a lo posible 
CómoSalíDe la deuda de mi universida

Creo en un mundo donde las ganas le ganan a los miedos.

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Michelle Yidios Hakim

No podía comer ni tomar nada, me alimentaban a punta de suero, me metieron unos tubos por la nariz que extraían líquidos de mi estómago y me hacían exámenes de sangre a diario. Los movimientos de mi cuerpo estaban limitados, pues mis músculos se atrofiaron. 

Cinco días después de haberme internado, cumplía siete años. El hospital se encargó de festejármelo. Me llevaron regalos, un payaso y un ponqué para cantar el cumpleaños, fui muy feliz aunque no pude probar el pastel.

No era consciente de la gravedad de mi estado de salud, aunque el dolor era agudo, siempre tenía una sonrisa en la cara. Estaba agradecida de tener a mi familia, sentía que esa habitación era mi universo y sentía que en la habitación del hospital lo tenía todo para estar contenta.

Pasaron dos meses hospitalizada llenos de un sin número de exámenes y esperas. De la nada nos dieron la noticia de que me había recuperado.  ¿Por qué? ¿Cómo?, ningún médico lo entendía pues científicamente era imposible.

Uno de los momentos que mantengo intacto en mi memoria es cuando antes de salir, me sacaron los tubos de la nariz y me tomaron fotografías del estómago para guardarlas en los archivos de casos milagrosos del hospital. De un momento a otro me convertí en una niña milagro. 

Algo que me gustaría decirte...

¿Hay alguna explicación para lo que me pasó?
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La vida me dio una segunda oportunidad y sé que tengo una misión en este mundo. En mi presente, siempre agradezco por lo que tengo y aprovecho cada instante como si no hubiese un mañana.

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Cortesía: Michelle Yidios Hakim

Unos años después, en Cartagena, conocimos a una señora muy amable, Esperanza, que vivía en Miami. Mi mamá le pregunto qué hacía allá y ella le respondió que era doctora en el Miami Childrens Hospital.

Su respuesta nos impactó y le contamos mi historia. Ella, aterrada, nos contó que sabía perfectamente todo lo que yo había pasado pues había estudiado mi caso mientras estuve internada. De hecho, nos contó que una semana atrás había tenido una conferencia acerca de mi caso. Sí, veinte años después y aún siguen estudiando mi recuperación.

Decidí compartir mi historia porque creo que, así como la felicidad, la esperanza también se contagia. Por eso, si alguno de los lectores de este artículo está luchando con alguna enfermedad, quiero recordarle que se puede. Aunque le digan que es imposible y que no hay salida, si yo tuve una segunda oportunidad, cualquiera la puede tener y por eso debe seguir batallando.

Si alguno de los lectores de este artículo está luchando con alguna enfermedad, quiero recordarle que se puede

Los sueños que llegaron tras ese día de agosto
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El recorrido que he hecho durante estos años ha sido una bendición, una completa aventura.

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Michelle Yidios Hakim

Actualmente, estoy estudiando Marketing Digital en Barcelona. Me fui a vivir a un continente que no conocía y por eso este capítulo de mi vida me costó muchos años de preparación y toma de decisiones. Ha sido un logro personal muy importante, patrocinado por un motor y una fuerza interna más grande que yo: las ganas de salir adelante.

Esto ha sido una maestría de vida, al igual que lo fue el accidente. Cada etapa me ha dejado muchas enseñanzas. Pude comprender lo rápido que se pasa la vida, que la fortaleza favorece a los valientes que son capaces de tomar decisiones en pro de sus sueños.

El recorrido que he hecho durante estos años ha sido una bendición, una completa aventura. La vida misma se ha encargado de sorprenderme, llevándome a vivir momentos y experiencias que incluso superan mis sueños.

He tenido la oportunidad de trabajar con personas que admiro desde siempre, grandes artistas muy reconocidos y respetados, producir para televisión e incluso vivir en el exterior en varias ocasiones. Ha sido muy gratificante ser testigo de que sí se puede y de que no hay sueño muy grande, ni muy lejano. Uno siempre se puede volver a parar, así toque volver a aprender a caminar una y otra vez.

Mis lecciones
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Una de mis tareas diarias es aportar la mayor cantidad de alegría y felicidad a los que me rodean.

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Michelle Yidios Hakim

No podía terminar este escrito sin compartir mis ingredientes para alcanzar esos pequeños o grandes milagros cotidianos que nos sorprenden y hacen que la vida sepa mejor. 

Una buena actitud siempre suma

Estoy convencida que una buena actitud en la vida fortalece tu mente y cura lo que la medicina no puede. El no dejar de sonreír y de ser esa niña con muchas metas fueron los ingredientes que me sacaron adelante cuando estuve en el hospital. 

Aprovecha el tiempo

Agradezco por lo que tengo y vivo al máximo cada instante, como si no hubiese un mañana. Por lo general, nos damos cuenta de lo afortunados que somos cuando ya no tenemos esos pequeños placeres. Por eso, aprovecha el hoy.

Da alegría a otros

Una de mis tareas diarias es aportar la mayor cantidad de alegría y felicidad a los que me rodean, al final: ¡eso se contagia!

MICHELLE YIDIOS HAKIM
Especial para EL TIEMPO

*Este texto contó con la edición, construcción periodística e investigación de DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ, periodista de ELTIEMPO.COM. Twitter: @DianaRavelo)

Si quiere compartir su testimonio con nosotros en la sección #CómoSalíDe puede escribirnos al correo diarav@eltiempo.com. Todas las historias son valiosas para este espacio.

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