Salud

Un viaje por el cerebro de un marihuanero

Los efectos del cannabis dependen de la concentración de receptores que hay en el organismo.

Marihuana medicinal y sus dilemas, contados por un pacienteFrank Beltrán es un enfermo al que los reportes clínicos solo le encontraron como alternativa al dolor esta sustancia.
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Esneyder Gutiérrez / Archivo EL TIEMPO

Por: Carlos Francisco Fernández
16 de septiembre 2018 , 09:16 a.m.

El pasado 6 de septiembre, cientos de jóvenes se volcaron al centro de Bogotá a protestar por las medidas coercitivas anunciadas por el Gobierno Nacional, en conjunto con la Policía, que prometen poner en cintura a quienes portan la dosis mínima de droga establecida por la ley. Encendieron sus porros y protestaron porque, según el Gobierno, busca fortalecer la lucha contra el tráfico de drogas. Entendiendo que no es lo mismo un consumidor habitual de marihuana que de cocaína o bazuco o anfetaminas, nos pusimos en la tarea de indagar qué pasa en un cerebro que gusta del cannabis. Y esto fue lo que encontramos:

***

Cuando una persona fuma marihuana, el tetrahidrocannabinol (THC), uno de sus principales componentes, llega a los pulmones y desde allí pasa a la sangre, que la transporta a todo el organismo, principalmente al cerebro, donde empieza a actuar casi de manera instantánea. Ya en el cerebro, el THC busca unos receptores específicos que se encuentran en todo el cuerpo, pero con mayor densidad en el sistema nervioso central y especialmente a nivel del hipocampo, un área responsable de la memoria. De ahí que la persona puede empezar a evocar con facilidad recuerdos, no siempre reales.

De igual forma, en pocos minutos, los receptores de la corteza cerebral son impactados por el THC, lo que permite que, de acuerdo con la concentración de estos, se produzcan modificaciones en los procesos cognitivos como el pensamiento y la conciencia, e incluso la memoria, que al sumarse a los efectos sobre el hipocampo pueden dar paso a la génesis de ilusiones o incluso de alucinaciones.

Simultáneamente, una concentración moderada de receptores a nivel del hipotálamo permite que se altere el apetito, por lo que, bajo sus efectos, la persona puede experimentar unas ganas incontenibles de comer en ocasiones alimentos específicos. En esa misma área también se regulan los niveles de algunas hormonas, lo cual estimula la secreción de testosterona, y así puede evidenciarse un aumento del deseo sexual.

Cerca del hipocampo están los ganglios basales, que también reciben el efecto de los principios activos de la marihuana, y en estos sitios pueden provocar algunas alteraciones en el movimiento; pero, principalmente, en esa capacidad automática para anticiparse a estos o para realizar una acción. Por esta razón, la persona puede percibirse torpe al moverse o manifiesta problemas para iniciar un movimiento o terminarlo. Un poco más abajo hay un núcleo llamado el estriado ventral que, al recibir el influjo de estas sustancias, puede estimular sentimientos de gratificación. Por esa razón, el consumidor experimenta una sensación placentera que invita a consumirla.

Miedo y analgesia

La amígdala cerebral, en algunas personas, puede tener una concentración importante de receptores que al ser ocupados por el THC disparan sensaciones de ansiedad y de miedo, al punto de que puede llevar a desenlaces complicados. Hay efectos sedantes e inhibidores por su acción a nivel del tallo cerebral y de la médula espinal, en donde se encuentran los centros que regulan las náuseas y el vómito, inhibiéndolos y bloqueando estos reflejos, lo mismo que algunas vías importantes de dolor, razón por la cual los enfermos dicen tener efectos positivos. Hay que decir que la acción instantánea de la marihuana en el encéfalo no se queda solo en el cerebro, sino que impacta el cerebelo, encargado del control de la coordinación y de la armonía en los movimientos, pero que al recibir la acción de los derivados de la marihuana puede bloquear estas funciones, lo que desencadena en la persona una incoordinación al moverse y una ataxia (movimientos similares a los de un ebrio), que se mantienen mientras dura el efecto. El estímulo del THC sobre las neuronas del sistema de gratificación, en las regiones cerebrales, induce la producción de dopamina, que contribuye a la sensación placentera que buscan las personas. Es una sensación de estar flotando, y por la sustancia que la genera se habla de doparse.

Efectos a largo plazo

Si el consumo se inicia en edades tempranas, puede afectar el desarrollo del cerebro y reducir la capacidad para pensar, de memorizar y de aprendizaje, porque puede bloquear la consolidación de conexiones entre diferentes áreas. Un estudio de la Universidad de Duke en Nueva Zelanda demostró que las personas que empezaron a fumar en la adolescencia y continuaron de adultos perdieron en promedio ocho puntos de coeficiente intelectual entre los 23 y los 38 años de edad, con el agravante de que las personas que dejaron el consumo no recuperaron la capacidad mental que habían perdido. Llama la atención que quienes empezaron a fumar en la edad adulta no presentaron disminución en su coeficiente intelectual. Aunque otro estudio sugirió que esta disminución del coeficiente no estuvo relacionada con el consumo, sino con otros factores.

Dependencia

Con el tiempo, la sobreestimulación del sistema endocannabinoide por uso de marihuana puede causar cambios en el cerebro y llevar a dependencia, una condición en la cual una persona no puede parar de usarla. Se estima que alrededor del 9 por ciento de quienes la usan se volverán dependientes. Esto se incrementa al 17 por ciento en los que comienzan a usarla en la adolescencia. El síndrome de abstinencia vinculado a la marihuana es leve y se presenta severamente entre la primera y la segunda semana tras dejar su consumo.

Sobredosis

No se reportan, y en el caso de presentarse son absolutamente exóticas.

Efectos a corto plazo

Alteración de los sentidos: percepción de sonidos claros o intensos y colores más brillantes.

Modificación en la percepción del tiempo: no hay referencia sobre minutos, horas, día o noche.

Cambios en el estado de ánimo: estados bruscos de la tristeza a la euforia o de la risa al llanto.

Alucinaciones: delirio y psicosis cuando se consume en grandes dosis.

Fuentes: National Institute on Drug Abuse NIH, Estados Unidos; Organización Mundial de la Salud, Asociación Colombiana de Neurología, Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, Universidad de Duke en Nueva Zelanda.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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