Salud

Cómo deshacernos de los pensamientos intrusos

Fantasías, preocupaciones y obsesiones; tres tipos de pensamientos que pueden consumir energía.

Pensamientos e ideas

Muchos creen que una de las claves para aquietar la mente es tratar de controlarla, pero, para la doctora en Psicología Jenny Moix, intentar hacerlo puede ser contraprodu- cente.

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123rf

26 de febrero 2018 , 09:48 p.m.

Más de una vez al día habrá notado que su mente le habla sin parar, sin descanso, y habrá sentido sus consecuencias: nerviosismo, miedo, quizás vergüenza o rabia. No puede dejar de pensar en otra cosa más que en esos pensamientos que están ahí, dentro de su cabeza, taladrando y taladrando.

El día pasa y usted les sigue dando vueltas, lo que, con sentido, afecta su estado de ánimo. Como explica la doctora en Psicología Jenny Moix, profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en España, “nuestros ánimos merodean por el lugar por el que andan nuestros pensamientos”.

No obstante, aunque los notemos, no siempre nos detenemos a examinarlos. “Cuando logramos ser conscientes del contenido de nuestros pensamientos y verlos con cierta distancia, entonces se abre la posibilidad de darnos cuenta de que, quizás, nos estamos ofuscando por alguna idea carente de sentido”, señala Moix, que aborda este tema en su último libro, Mi mente sin mí. También es autora de Felicidad flexible y Cara a cara con tu dolor.

Con tantas ideas que pueden abrumarnos, ¿es posible controlar la mente? Curiosamente, para Moix, el primer error es querer hacer justamente eso. “Cerremos los ojos e intentemos estar cinco minutos centrados únicamente en la respiración. Nos resultará imposible. Entrarán pensamientos en la cabeza sin pedir permiso: el correo electrónico que tenemos que enviar, lo que nos dijo un amigo ayer... En la cabeza no existe un botón de encendido y apagado para parar lo que pensamos”, explica la experta.

Moix añade que, como no podemos controlar la mente como un aparato, debemos tratar los pensamientos como si fueran nubes, que hay que dejar pasar sin engancharnos en ellos.

Reconoce que desengancharse de lo que pensamos resulta difícil porque creemos que lo que pensamos es la realidad, pero lo cierto es que la mayoría del tiempo lo que hace nuestro cerebro es fabricar pensamientos muy alejados de lo real.

La experta explica en qué consisten los pensamientos intrusos y cómo podemos desintoxicar nuestra mente de sus tres formas más frecuentes: las fantasías incontroladas, las preocupaciones circulares y las obsesiones parasitarias.

Fantasías descontroladas

“Cuando no estamos concentrados en algo, nuestro pensamiento empieza a divagar, se va fuera del presente. A veces se va al pasado, a veces al futuro. Y, otras veces, al mundo de la fantasía... Aunque este fenómeno no es igual en todas las personas, los estudios indican que la mitad del tiempo nuestra mente se pasa vagabundeando en ese mundo fantástico”, comenta la especialista.

Según Moix, hay muchos tipos de fantasías —las sexuales quizás son las más estudiadas—, pero también existen de venganza y románticas, entre muchas otras, como, por ejemplo, las fantasías de conversación, en las que mentalmente hablamos con otra persona y son de las más usuales.

Las fantasías tienen su función positiva, dependiendo del momento en el que surjan. “A veces, a través de ellas, llegamos a ideas creativas. En otras ocasiones, si estamos, por ejemplo, sufriendo un dolor físico, nos pueden servir para evadirnos”, señala Moix.

Por otro lado, cuando las fantasías llegan demasiado lejos y nos las creemos, pueden resultar negativas. “Por ejemplo, si a partir de una fantasía de que nuestro hijo tiene un accidente y estamos convencidos de que va a ocurrir; también es preocupante cuando las fantasías son demasiado frecuentes, lo cual significa que estamos evadiendo de la realidad, que las empleamos como un mecanismo de defensa”, enfatiza.

“Es importante darnos cuenta de que cada uno de nosotros, en realidad, somos dos. Por un lado está la mente, que actúa como el mono que salta de rama en rama, saltando de idea en idea, y, por otro, está el ‘yo observador’. Esta es una parte de nosotros que se da cuenta de que estamos fantaseando. Es decir, una parte que observa la ‘mente del mono’”, señala Moix.

Para calmar esos pensamientos, tenemos que potenciar el ‘yo observador’. “Debemos estar atentos a lo que pensamos para cambiar su rumbo y no dejar que se nos metan constantemente en las demás actividades”, dice. Y eso se logra con la práctica.

Preocupaciones circulares

Moix explica que la preocupación es como rumiar, y por eso tiene una forma circular. Esa circularidad funciona de la siguiente manera: la preocupación genera malestar, lo que causa que no podamos dormir ni disfrutar de lo cotidiano. “Entonces queremos dejar de preocuparnos porque queremos dejar de estar mal, pero no podemos. Por consiguiente, nos sentimos culpables por preocuparnos y el malestar aumenta”, explica. Añade que la culpabilidad que sentimos de no poder controlar la mente aumenta la fortaleza del círculo vicioso.

Por su parte, a nivel neuronal, para Moix, cada vez es más difícil salirse del círculo porque las vías neuronales por donde pasan esas ideas están cada vez más sensibilizadas.

“Hay muchas preocupaciones: por el dinero, el cuerpo, los hijos, el trabajo. Pero todas ellas tienen algo en común: que la realidad no se ajusta a nuestras expectativas, y eso nos hace sufrir. Y pensamos cómo cambiar la realidad; casi nunca pensamos en cambiar las expectativas”, explica.

Recomienda, entonces, que tengamos en cuenta que detrás de una preocupación hay un miedo, y que la única forma de romper el círculo vicioso es pasar a la acción, superando el miedo con confianza. “Pase lo que pase, todo estará bien”, indica.

Las obsesiones

Para explicar qué es una obsesión, la escritora Jenny Moix la compara con un parásito. “Una obsesión se ha instalado en nuestra mente y la ha conquistado. Roba toda nuestra energía, haciendo que no tengamos suficiente de ella para trabajar, para disfrutar, para nada”.

Según esta doctora, hay muchos tipos de obsesiones, tantas como personas, y es un error quererlas controlar. “Lo mejor es intentar desviar la atención hacia otras actividades y, cuando se presenta la obsesión, tomar conciencia de que es solo un pensamiento y que por eso tiene sus límites. La meditación es una técnica útil para darnos cuenta de que nuestros pensamientos solo son pensamientos y no realidades”, concluye Jenny Moix.

MARÍA JESÚS RIBAS
REPORTAJES EFE

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