Salud

Cada polvo, como si fuera el primero / Sexo con Esther

Si no se quiere convertir la cama en la tumba del sexo, lo mejor es reinventar las faenas cada día.

Sexo con Esther

El sexo se vuelve una costumbre que, de no renovarse, termina por convertir a los amantes más frenéticos en meros compañeros de lecho.

Foto:

123RF

10 de marzo 2018 , 11:15 p.m.

La fogosidad en la cama no les dura para siempre a las parejas. El gusto por el polvo se apaga poco a poco. Se vuelve una costumbre que, de no renovarse, termina por convertir a los amantes más frenéticos en meros compañeros de lecho.

Dicho desgano -de acuerdo con la publicación ‘Sexual and Relationship Therapy’- afecta con mayor intensidad a las mujeres. Según un estudio de esta revista, al comenzar una relación es mucho más intenso en ellas, por “la necesidad de conectar íntimamente con la pareja”.

Sin embargo, algunos fisiólogos dedicados a investigar el tema le achacan esta apatía a las fluctuaciones que tiene la libido -término que hace referencia al deseo sexual- que al parecer no es tan estable como se pensaba sino que varía de una persona a otra.

Aquí los sabios hablan de las hormonas que determinan la aparición de las ganas y su potenciación bajo la premisa de que, en gran parte, dependen de las reacciones químicas que ocurren en el cerebro de los enamorados. Es el caso de la testosterona, por ejemplo, las endorfinas, la dopamina y la serotonina, que deben estar en su punto para entrar en acción de manera óptima, antes, durante y después del polvo. Se sabe que cualquier desequilibrio de estas sustancias puede deslizar una encamada hacia el fracaso.

Pero, por otro lado, también están los componentes emocionales, como la presión del día a día, el estrés cotidiano e, incluso, la falta de sueño y las rabias, que son una carga de profundidad en contra.

Esto sin contar, dicen algunos, que hay medicamentos como los ansiolíticos o algunas cirugías -o la presencia de enfermedades- que sumadas al paso del tiempo ocasionan descensos significativos en la testosterona y los estrógenos femeninos que menguan sin atenuantes el deseo sexual.

Y aunque hay que reconocer que en los señores las ganas pueden ser un poco más estables, lo cierto es que en ellos, al igual que en nosotras, existe la presión por gustar y hacerlo bien; y al tener desenlaces inferiores a las expectativas se merma el deseo.

Y si se trata de darles rienda suelta a otros estudios, hay algunos que dicen que la falta de polvos en una pareja puede llevar a los organismos a acostumbrarse a no tenerlos, e incluso, a rechazarlos cuando se intentan; lo anterior, en virtud a una respuesta más psicológica que biológica, relacionada más con la pérdida del control y la seguridad.

En conclusión, aquí no hay más que decir que si no se quiere convertir la cama doble en la tumba del sexo, lo mejor es reinventar las faenas cada día, de tal forma que cada polvo parezca el primero. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Especial para EL TIEMPO
En Twitter: @SaludET

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