Medio Ambiente

Las normas no bastan para proteger el ambiente / Opinión

La sobrevivencia de las áreas naturales va más allá de las fronteras que defina una legislación.

Deforestación

Deforestación en La Uribe, Meta.

Foto:

Hernando Herrera / EL TIEMPO

11 de diciembre 2017 , 12:10 a.m.

Colombia tiene 59 parques nacionales y reservas naturales continentales y marinas: 11 en la Amazonia, 20 en los Andes nororientales y occidentales, 14 en la región Caribe, 6 en la Orinoquia y 8 en el Pacífico.

Si a estos se suman las más de 50 reservas forestales del país, podría decirse que un poco menos del 20 por ciento del territorio nacional se encuentra bajo alguna figura de protección ambiental.

Para algunos conservacionistas y ambientalistas este porcentaje podría ser bajo frente a la actitud predadora del ser humano, reflejada, entre otras acciones, en los cambios en el uso del suelo para ganadería, agricultura, deforestación y rellenos sanitarios.

En un sentido más profundo, se trata de una clara demostración de la pésima relación que hay entre la población colombiana y la naturaleza; de hecho, la vía más común para proteger el ambiente consiste en definir áreas legalmente protegidas de este tipo de prácticas que deterioran los ecosistemas y los servicios que prestan.

No obstante, estas fronteras de protección ambiental tampoco constituyen un blindaje certero contra actividades destructivas dentro de dichas áreas. Que Colombia requiera salvaguardar casi una cuarta parte de su territorio para preservar el patrimonio natural indica que desde colegios, universidades y ONG no se está haciendo eficazmente la tarea de educar sobre el papel que tienen los colombianos como parte integral del ambiente en que vivimos.

No se está llegando a los niveles de concientización y amor por el medioambiente que debe tener un país calificado como megadiverso.

Son las mentes de quienes pisamos el suelo patrio las que requieren blindarse de pensamientos destructivos frente a la naturaleza, como aquel según el cual los bosques, las playas y los mares están al servicio de nuestras necesidades, en lugar de entender que somos parte integral de ese engranaje complejo del planeta viviente.

Conozcamos con respeto los parques y reservas naturales, admiremos y aprendamos el valor de estas áreas, entendamos lo maravillosa y frágil que es la naturaleza, para que en el futuro no tengamos que cercar con normas más territorio, que por lo demás son indiferentes para animales y plantas; no olvidemos que su sobrevivencia y distribución se rigen por dinámicas más amplias que cualquier frontera que defina una legislación.

ANDRÉS FRANCO HERRERA
Director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de Utadeo

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