Medio Ambiente

La diferencia entre un mundo que ‘hace todo igual’ a otro ‘sostenible’

La percepción de desarrollo económico vs. conservación no solo es innecesaria sino contraproducente.

Generadores de energía eólica

Generadores de energía eólica en California (EE. UU.). ¿Es posible satisfacer las necesidades globales de alimento, agua y energía sin pasar por encima de la naturaleza?

Foto:

Kevork Djansezian / AFP

Por: Tatiana Pardo Ibarra
05 de noviembre 2018 , 10:00 p.m.

Si la humanidad sigue haciendo las cosas como hasta ahora, sin cambiar nada, nos espera un 2050 con una temperatura global que asciende a los 3,2 °C, con por lo menos la mitad de la población del planeta expuesta a una peor calidad de aire, con el 84 por ciento de las pesquerías sobreexplotadas, con unas 2.750 millones de personas sufriendo escasez de agua y 770 cuencas acuíferas bajo estrés hídrico. Este es el escenario que los científicos han proyectado para las próximas décadas, teniendo en cuenta el aumento de la población y el producto interno bruto de los países.

Muchos dan por sentado que los intereses económicos y los intereses ambientales están en conflicto, y que necesariamente van en contravía. Pero una nueva investigación, publicada en la revista 'Frontiers in Ecology and the Environment', sostiene que esta percepción de desarrollo versus conservación no solo es innecesaria, sino contraproducente y errada.

Para demostrarlo, The Nature Conservancy (TNC) se asoció con la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) y otras 11 instituciones para investigar si realmente es posible lograr un futuro en el que se satisfagan tanto las necesidades de las personas (agua, alimento, energía) como las de la naturaleza. Los expertos compararon cómo se vería el mundo en el 2050 si el desarrollo económico y humano siguieran su curso por un camino de “todo como de costumbre” y cómo se vería si, en cambio, se unieran fuerzas para andar por una senda “sostenible”.

Estos escenarios buscan responder preguntas como: ¿Podemos hacerlo mejor? ¿Podemos diseñar un futuro que satisfaga las necesidades de las personas sin seguir degradando aún más la naturaleza en el proceso? La idea es empezar a entender el desarrollo económico mundial y la conservación de una forma más holística.

“Nuestra respuesta a esos interrogantes es ‘sí’, pero viene con varios y grandes ‘si’. Hay una senda para llegar hasta allí, pero los problemas son urgentes. Si queremos lograr estas metas para mediados de siglo, tendremos que redoblar drásticamente nuestros esfuerzos ahora. La próxima década es crítica. Cambiar el curso en los próximos diez años requerirá una colaboración mundial en una escala no vista quizá desde la Segunda Guerra Mundial”, dice el documento.

Uno de los principales retos que afronta la humanidad es el rápido crecimiento poblacional. Durante los próximos 30 años, las estadísticas sugieren que habrá 9.700 millones de personas en el planeta, por lo que se espera un aumento del 54 por ciento en la demanda de alimentos y un 56 por ciento de incremento en la demanda de energía.

Nuestra voluntad de pensar y actuar en modo diferente poniendo el desarrollo económico y el ambiente en igualdad de condiciones como partes centrales de la misma ecuación

Según la investigación, llamada Una visión global viable para la conservación y el bienestar humano’, de seguir por la misma vía, sin cambios de por medio, corremos el riesgo de quedar atrapados en un ciclo de escasez que se intensifica, nuestras oportunidades de crecimiento se verán severamente limitadas y nuestros paisajes naturales severamente degradados. En este escenario de “todo como de costumbre”, la pérdida de hábitat continúa y deja intactos menos del 50 por ciento de praderas nativas y varios tipos de bosques.

“La impresión de que los objetivos económicos y ambientales son mutuamente excluyentes ha contribuido a una falta de conexión entre algunos de los sectores mejor preparados para resolver esos problemas interconectados. Será posible solo si ejercemos grandes cambios en los patrones de producción”, aseguran los autores.

Por ejemplo, para el caso de la energía, en un escenario del “todo como de costumbre” los combustibles fósiles aún van a acaparar el 76 por ciento de la energía total para el 2050; mientras que con un enfoque más sostenible se reduce al 13 por ciento. Un cambio indispensable para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y evitar cambios drásticos, como el aumento del nivel del mar, sequías extremas, extinción masiva de especies y la desaparición casi total de los arrecifes coralinos.

“No es probable que los límites biofísicos del planeta determinen nuestro futuro, sino, más bien, nuestra voluntad de pensar y actuar en modo diferente poniendo el desarrollo económico y el ambiente en igualdad de condiciones como partes centrales de la misma ecuación”, asegura TNC.

Además del llamado que hacen los expertos a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las metas Aichi de Biodiversidad, proponen un segundo frente para actuar: modificar la forma en que se usan los terrenos disponibles y dónde se elige realizar las actividades necesarias. Sugieren, por ejemplo, cambiar la ubicación de los cultivos dentro de las mismas regiones, poniendo los cultivos más “sedientos” en áreas con más agua y haciendo coincidir las necesidades de nutrientes con los suelos disponibles.

“Proteger la naturaleza y brindar agua, alimento y energía al mundo ya no pueden verse como objetivos contrapuestos. La naturaleza y el desarrollo humano son factores centrales en la misma ecuación. La ciencia afirma que hay un camino”, remata el estudio.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

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