Medio Ambiente

'Jóvenes, ahora tienen la batuta para frenar el cambio climático’

Entrevista con Christiana Figueres, mujer que hizo posible la firma del Acuerdo de París.

Christiana Figueres

Hace tres años, 195 países se comprometieron a mantener la temperatura global del planeta por debajo de los 2 °C. Christiana Figueres fue una de las personas que lo hizo posible.

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Carlos Ortega

Por: Tatiana Pardo Ibarra
01 de diciembre 2018 , 10:38 p.m.

Cada palabra de Christiana Figueres Olsen es un llamado a la esperanza, un jalón de orejas para aquellos que insisten en despreciar la ciencia, un aire de terquedad lleno de optimismo, una voz dulce que asume responsabilidad por los errores del pasado y pide perdón a una generación joven que vivirá los efectos devastadores del cambio climático si no actuamos ahora.

La exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es reconocida por lograr lo impensable: que 195 países se comprometieran a mantener la temperatura global del planeta por debajo de los 2 °C con respecto a la era preindustrial. Hace tres años se firmó el Acuerdo de París, el pacto internacional más ambicioso que existe para proteger nuestro hogar. El único.

En vísperas de la cumbre del Clima (COP24), que comienza este lunes en Katowice (Polonia), y en la que se tratará de sellar medidas definitivas sobre el Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020, Figueres, antropóloga y economista, habló con EL TIEMPO sobre algunos de los temas por los que más aboga: un mundo sin combustibles fósiles, una transición urgente hacia las tecnologías limpias, un futuro seguro para los jóvenes.

¿Estamos haciendo las transiciones hacia una economía amigable con el ambiente tan rápido, como nos pide la ciencia?

En ninguna cabeza debería caber la mínima posibilidad de estar enrumbados con las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera porque ya sabemos de los riesgos que nos esperan. Lo que toca es acelerar tanto la velocidad como el volumen de los esfuerzos, llegar al punto de inflexión de los GEI hacia el año 2020 y estar en una economía de cero emisiones netas para el 2050. Todavía nos falta. Esta es la primera vez que tenemos tal grado de certidumbre sobre la diferencia que hay entre un aumento global de la temperatura de 1,5 y 2 °C, de acuerdo con el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Este nivel de detalle científico no lo habíamos entendido antes, y el mensaje es contundente: la mayoría de los efectos negativos se dan justamente en la diferencia de ese medio grado.

Aun sabiendo los impactos, la economía no siempre se mueve por la moral y la ciencia...

Cierto. Ya sabiendo las consecuencias no es moralmente aceptable irnos por un aumento de emisiones que sabemos va a generar destrucción para las generaciones futuras. Pero no son los argumentos morales los que mueven la economía mundial; aquí hay un imperativo económico que ya comienza a descarbonizarse, y eso es imparable e irreversible porque las mismas fuerzas del mercado lo dictan. Tenemos unas tecnologías renovables no convencionales que han bajado de precio tan dramáticamente que en casos como Chile, México, Marruecos, Egipto y Emiratos Árabes Unidos un kilovatio-hora está por 3 centavos. A ese precio compite con la generación fósil.

No tomar medidas frente al cambio climático se convierte en un riesgo inminente, y se monetiza, es un riesgo financiero

¿Valdría la pena replantear las metas del Acuerdo de París por ser insuficientes?

Desde la perspectiva de negociaciones internacionales, yo no aconsejaría abrir ese texto. Me parece sumamente peligroso. Creo que ya hay una creciente, aunque no lo suficientemente rápido, concientización de que a lo que tenemos que apuntar es al 1,5 y no a 2 °C. Sacar el Acuerdo de París adelante nos costó muchísimo. Modificar un párrafo nos obligaría a modificar todo, y cada palabra está puesta con una precisión abrumadora.

¿Por qué ‘sumamente peligroso’?

Porque se lograron varios acuerdos que fueron extremadamente difíciles. Si ese equilibrio se pierde nos toca volver a negociar todo otra vez y ya no tenemos tiempo para eso. No creo que logremos algo más ambicioso por ahora.

¿Donald Trump y su escepticismo por la ciencia siguen siendo una traba para avanzar en una economía más ‘verde’? Ahora Brasil y Australia se contagiaron de ese discurso peligroso...

Estamos frente a una realidad bifurcada: por un lado, tenemos la realidad política que es evidente, con posiciones desafortunadas que todos conocemos, con lo cual se podría derivar que no vamos a cumplir con el Acuerdo de París. Pero por otro lado está la realidad de la economía, de las fuerzas del mercado, las tecnologías y las inversiones, y todo eso va en dirección de la descarbonización. Esto ocurre en una pequeña porción por los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París, pero en otra medida porque es lo único que tiene sentido desde el punto de vista de riesgo y beneficio.

Antes creíamos que tomar acciones frente al cambio climático era un riesgo y un costo, ahora sabemos que es al revés: no tomar medidas se convierte en un riesgo inminente, y se monetiza, es un riesgo financiero. En esta medida, ese escenario de la realidad política deja de ser el que determina el futuro, y empieza a balancearse con la realidad de la economía.

Frente al cambio climático, ¿cuáles son los retos que afronta la industria petrolera?

Las tendencias globales son muy claras, pero hay que reconocerlas. Estamos en una etapa de transición y, como toda transición, es opaca, borrosa y enredada; entonces, se presta para que personas que tienen determinada opinión e intereses busquen los datos que más les convengan y le dan sustento a su argumentación; y viceversa. Tenemos estudios para todo, para hidrocarburos y energías renovables.

El problema todavía está en que las energías renovables son intermitentes, no son despachables 24/7. Se requiere de tecnología más avanzada

Soy de la opinión de que estamos en una transición irreversible que se va divisando más poderosa y claramente. Hay gente que dice ‘pero vean que China sigue usando carbón’…, pues claro, si es que lleva usándolo durante décadas, no lo va a dejar de usar de un día para otro, pero la tendencia de China e India es salirse de ahí, y no por temas globales sino nacionales, de salud pública, de contaminación del aire, de vida.

Usted lidia con presidentes, sus egos e intereses, ¿cómo les explica que el futuro cercano no son los combustibles fósiles?

Hay dos maneras. Primero, entendiendo el valor de un bien. Entender que el valor de los hidrocarburos en el pasado, particularmente el carbón, no es necesariamente el valor que tendrán en el futuro, y como estamos frente a una relativamente segura desvalorización de ese bien, pues nadie debería estar invirtiendo ahí. Esa es una cuestión ni siquiera de cambio climático sino de tomar decisiones con sano juicio.
Para el caso del petróleo estamos frente a un bien que tiene una volatilidad de precios que genera una inestabilidad fiscal y económica. Seguir dependiendo de él es imprudente teniendo ya otras alternativas.

Ahora, hay que agradecerles a los hidrocarburos por lo que han hecho de la economía de Colombia, porque este país no sería lo que hoy es, con un desarrollo ejemplar en Latinoamérica, si no fuera por la exportación de carbón y petróleo. Por esa razón no se pueden meter dentro de la cajita de los diablos y satanizarlos. Sin embargo, llegó la hora de reconocer que es una actividad que tuvo su momento de sol, pero hoy ya está en el atardecer, y tenemos que prudentemente buscarle alternativas rápidas. Ya.

¿Y la segunda manera cuál es?

La gente está concentrada en las gigatoneladas de dióxido de carbono que van a la atmósfera cada año cuando eso ni siquiera se entiende bien qué es lo que es. Deberíamos estar pensando que las emisiones, con las tecnologías que ya tenemos, son indicadores de ineficiencia en el sistema. El restringir las emisiones de GEI, lejos de restringir la economía, lo que hace es invitar a la innovación. Cada tonelada de CO2 representa una tonelada de ineficiencia porque no le hemos puesto el suficiente ‘coco’ para producir y generar electricidad sin graves impactos ambientales y sociales.

El problema todavía está en que las energías renovables son intermitentes, no son despachables 24/7, solo puedes tener energía solar cuando hay sol y energía eólica cuando hay viento, entonces hay que hacerlas firmes y eso tiene un costo adicional y requiere de una tecnología más avanzada que aún no tenemos.

Las industrias extractivas ya están en su ocaso

Y mi generación será la primera en sentir los efectos drásticos del cambio climático. Todos los días esto me preocupa...

Sí, y te pido perdón. Hay un interesante paso de batuta entre tres generaciones. La de mis padres, que se benefició de la quema de combustibles fósiles y nos permitieron a nosotros, a mi generación, tener un grado de desarrollo económico importante –claro que las condiciones de inequidad son muy fuertes en algunos países–. Ahora mi generación es la primera que desarrolla la ciencia para entender los impactos del cambio climático, el principio de la reglamentación internacional y nacional, y el principio de la inversión en el desarrollo de tecnologías. Esa es nuestra responsabilidad y el aporte que les dejamos a ustedes y a la historia. Es importante, pero no suficiente, porque la generación tuya es la primera que vivirá el impacto total al final de este siglo. Yo ya no lo viviré, pero tú sí. Nosotros tenemos la responsabilidad de empezar, pero ustedes tienen que terminar lo que les dejemos a medio palo. ¡Esto me parece tan injusto! Les estamos pasando la cuenta de cobro.

¿Es una generación más consciente y activa?

Mucho, pero además porque no tienen otra opción. A mí me impresiona el grado de consciencia, entendimiento y compromiso de ustedes. Pero, sobre todo, que es lo que más admiro: la falta de tolerancia que tienen con las políticas y las actitudes de corporaciones que no son responsables con el medioambiente. Los jóvenes no quieren trabajar en compañías irresponsables, y solo serán estas las que lograrán atraer a los mejores cerebros de este mundo si están dispuestas a contribuir con soluciones. Ustedes ya no quieren ser cómplices.

Usted repite mucho ‘lo imposible es una actitud, no es un hecho’. ¿Se refiere al negativismo que suele impregnar estas discusiones?

Sí. Mi posición es sencilla: no nos podemos dar el lujo de no solucionar esto, por el argumento moral que mencionaste antes y porque la ciencia es clarísima y nos muestra las consecuencias. Y, segundo, porque para poder acercarnos siquiera a una solución o al menos avanzar en la mitigación del cambio climático, no podemos empezar con el pesimismo. Así no llegaremos a ningún lado.

Frente a los retos, una visión clara y positiva. Tal vez no sepamos muy bien cómo lo vamos a solucionar, pero de camino iremos repartiendo las cargas. Esto es lo que yo llamo el ‘optimismo testarudo’.

TATIANA PARDO IBARRA
Twitter: @Tatipardo2
tatpar@eltiempo.com

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