Educación

Técnicas y tecnológicas, entre la discriminación y la desfinanciación

Fortalecer la educación terciaria es fundamental para el desarrollo económico de los países.

Marchas estudiantiles

Estudiantes técnicos y tecnólogos también participaron de las marchas estudiantiles.

Foto:

John Vizcaino / AFP

Por: EL TIEMPO
13 de octubre 2018 , 10:41 p.m.

Si las universidades públicas colombianas tienen una desfinanciación estructural histórica y aseguran que han estado olvidadas en las discusiones presupuestales de la Nación, ni hablar de las instituciones de educación técnica y tecnológica públicas del país.

El olvido del que habla el sector de la educación terciaria parte desde el mismo concepto de Instituciones de Educación Superior (IES), en el cual las técnicas y tecnológicas están incluidas, aunque muchos lo ignoren y crean que al hablar de estas es exclusivamente de las universidades. De ahí que en las luchas por recursos para la educación superior no se han visto involucradas, hasta ahora.

En las marchas de la semana pasada, los estudiantes técnicos y tecnológicos estuvieron presentes, y las directivas de estas instituciones han ejercido presión para revertir este olvido histórico en el que han estado sumidas y que ha perjudicado este tipo de formación.

Las exigencias que han hecho son básicamente que sean incluidas en la distribución de recursos generales de la nación. Y es que al igual que la crisis de las universidades, el de las técnicas y tecnológicas parte de la Ley 30 de 1992 (la cual rige la educación superior en Colombia). Por medio de esta se estableció que se las excluyeran de la asignación de recursos del mismo Presupuesto General de la Nación (PNG).

Desde ese entonces empezó una discriminación. No recibimos nada del PNG”, afirma Omar Lengerke, rector de la institución Unidades Tecnológicas de Santander (UTS) en Bucaramanga y presidente de la Red de Instituciones Técnicas Profesionales Tecnológicas y Universitarias Públicas (Redttu).

La red, aunque no es tan conocida como la de universidades públicas, es relevante en el sistema educativo colombiano. Está conformada por las 29 instituciones del país que forman a más de 145.000 estudiantes en conocimientos técnicos, tecnológicos y profesionales y la cobertura que tienen es del 25 por ciento de la población estudiantil que ingresa a la educación superior pública, el restante, el 75, es de las universidades.

Precisamente por su relevancia es que su voz también ha sonado en las movilizaciones. “Necesitamos voluntad de los gobiernos para que seamos incluidos, que existan recursos para nosotros”, señala Lengerke y explica que “si las universidades públicas están pidiendo más recursos, imagínese nosotros cómo estamos”.

Las problemáticas a las que aluden los rectores de estas instituciones son iguales e inclusive peores. “Carecemos de infraestructura física, nos toca alquilar o arrendar salones de los colegios… Tenemos los estudiantes, pero no los espacios. Además, la docencia es uno de los principales gastos. Es el grueso de nuestro funcionamiento”, señala Lengerke.

Pero entonces, ¿cómo han sobrevivido? El 85 por ciento de los presupuestos provienen de las matrículas, es decir, son recursos propios. El restante proviene de transferencias de los gobiernos regionales y de estampillas.

“Partimos de una postura inferior de condiciones. Nosotros necesitamos tener profesores de planta, pero sin los recursos no podemos mejorar en calidad, dice preocupado Lengerke, pero también advierte que no es solo una cuestión de recursos, sino de un cambio de paradigma.

A lo que hace referencia el rector es que es necesario cambiar la idea de que los programas técnicos y tecnológicos son menos que los profesionales. Esta es una idea que está incrustada en la sociedad colombiana, pero si se observa la importancia de este tipo de formación se puede encontrar que es fundamental para el desarrollo económico y social de todo país.

Se ha comprobado que un bajo desempeño de la educación terciaria tiene impactos directos en la productividad económica. Inclusive, organismos como la Ocde, el Banco Mundial, el BID y la Unesco han señalado la importancia de fortalecer este tipo de educación, financiarlo, promoverlo y dignificarlo.

EL TIEMPO

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