Educación

¿Existe realmente el noviazgo infantil?

Si su niño, o nieto, de 4 años le ha dicho que tiene novia o se va a casar, esta nota le interesa.

Noviazgo infantil

Demostrar afecto y cariño es parte del crecimiento y permite a los niños establecer relaciones futuras y crear lazos de amistad.

Foto:

123RF

19 de febrero 2018 , 12:05 a.m.

Seguramente su hijo en preescolar, de unos 4 a 5 años, lo ha sorprendido diciéndole que le gusta una niña de su jardín, o tal vez que su novia se llama Sarita o que Nathalia le dio un beso. Y es posible también que esto les cause gracia no solo a los padres, sino al resto de la familia o que, por el contrario, usted se preocupe al pensar que su pequeño es algo precoz.

Pero si el tema le inquieta de verdad, se preguntará: ¿existe el enamoramiento infantil? ¿Los niños identifican a sus amigos especiales? ¿Los pequeños pueden vivir un noviazgo?

Para Eloísa de Pimiento, psicóloga infantil especializada en crianza y conducta, de la Universidad de Palermo (Argentina), es completamente normal que “los niños tengan mayor afinidad y cercanía con unos pequeños más que con otros. Igual les pasa con los adultos y hasta pueden sentir cierta atracción por alguno de sus pares”.

Así mismo, María Eugenia Pérez, trabajadora social de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en salud mental, explica que “en el proceso de desarrollo neuroafectivo y sexual de los infantes entre los 4 y 7 años el cerebro se prepara para aprender los rituales y patrones de relacionamiento entre los dos sexos”.

De allí, continúa Pérez, sí es posible un enamoramiento infantil, aunque, como dice, esto no se da en todos los niños, pero si se manifiesta es porque los menores “están en el proceso de aprender a relacionarse en términos afectivos y a poner en práctica los patrones de miradas, abrazos y compañía del sexo opuesto. Por lo anterior, pueden sentir un afecto especial por alguien, a veces pasajero y en ocasiones más duradero e intenso, lo cual depende, en parte, del tipo de temperamento del niño o de la niña”.

Al respecto, la doctora Pimiento añade que los pequeños, desde que nacen hasta el final de la primera infancia, es decir, hasta los 6 años, se relacionan preferiblemente en pareja sin mostrar preferencias de género. La relación del bebé con la madre, del pequeño con su cuidadora, en fin.

Y añade que solo después de ese tiempo empiezan a ser capaces de identificarse dentro de uno u otro género y a reconocer el género de los otros. A esto se lo conoce como identidad de género. Es así como, a lo largo de la infancia, las emociones y manifestaciones de cercanía hacia los demás, incluidos sus pares, se caracterizan por los deseos de compartir con quienes los hacen sentir bien y más seguros.

Cuestión de género

Isabel Cristina Bettin Vallejo, psicóloga ‘junior school’ del Gimnasio Los Caobos, explica que “los niños desde que nacen tienen unas características físicas que los diferencian al ser varón o ser mujer. Posteriormente, van creciendo y conocen su rol dentro de la sociedad por el modelamiento que hacen las personas de su mismo género. Así, las influencias biológicas y educativas van a determinar el comportamiento de cada uno de ellos” y, por ende, su forma de relacionarse con el sexo opuesto.

Por ejemplo, “hacia los 2 años y medio, la mayoría de los niños y niñas ya utilizan adecuadamente la etiqueta verbal que corresponde a su género, se nombran así mismos como niña o niño. Esa primera identidad de género se basa en los aspectos más externos como el peinado o el vestido”, dice Bettin.

Hay que destacar que el género es un rasgo que permanece estable a lo largo del tiempo. Hacia los 3 o 4 años, los niños y niñas saben que nacieron siendo niños o niñas y que de adultos serán, respectivamente, hombre o mujer.

Por su parte, según las teorías del comportamiento humano, es a través de esas primeras interacciones entre niños y niñas como ellos interiorizan una serie de expectativas sobre cómo serán sus relaciones futuras, qué pueden esperar y qué no de esas relaciones; aprenden a confiar o desconfiar de los otros, construyen su propia autoestima y crean una imagen del mundo.

Aunque estas estructuras mentales siguen remodelándose durante todo el ciclo vital, es muy posible que se mantengan estables en el tiempo y que, en la edad adolescente y adulta, se constituyan en el reflejo de las experiencias adquiridas desde muy pequeños.

No reste valor a las emociones

Los expertos anotan que no se le debe restar importancia a las manifestaciones del niño cuando dice que está enamorado, tiene novia o se va a casar, pues si se actúa con desinterés o burla, se confundirá y pensará que expresar sus sentimientos es negativo o sinónimo de algo sin valor. Esto puede llevarlo a ocultar o disfrazar sus emociones, a perder confianza en sí mismo y en sus mayores.

La psicóloga Isabel Cristina Bettin dice que lo primero que hay que hacer “es validar el sentimiento, respetar al niño; lo segundo, no traicionarlo en la reserva de su intimidad y, así mismo, no celebrarle como si fuera una posibilidad de éxito porque, aunque suene divertido, aún es pequeño y no alcanza a dimensionar el alcance de la situación: mejor sea natural en el trato y tómese el tiempo para hablarle sobre los sentimientos y lo que significan y, en especial, escúchelo sin juzgar. Esto lo preparará para desarrollar relaciones emocionales sólidas y de respeto por el otro”.

La doctora Pérez añade que si el niño dice que se va a casar, hay que aclararle que eso va a ocurrir cuando sea grande y responsable de una relación, pero que, por ahora, es muy lindo que sienta alegría de estar en compañía de ese niño o niña, así como puede sentirlo al compartir con otros de sus compañeros y amigos.

Además, las expertas indican que los padres son los encargados de la educación emocional de sus hijos, por lo que deben ser conscientes de su comportamiento y de la forma como ellos expresan sus sentimientos, ya sea en pareja, como padres o con sus amigos, pues influirán potentemente en la concepción que los pequeños tengan de lo que es la expresión emocional.

Por todo lo anterior, la clave para responder a esas manifestaciones tempranas de afecto de los niños es tener una actitud tranquila y equilibrada, no rechazar, no prohibir ni tampoco estimular excesivamente la idea de ese ‘primer amor’.

Una etapa dulce y transitoria

Este proceso en el desarrollo de los pequeños, que se reconoce como el enamoramiento infantil, también tiene fecha de terminación.

María Eugenia Pérez, de la U. Externado de Colombia, explica que cuando los niños llegan a los 8 años se muestran más independientes y con un gusto por compartir y jugar con sus congéneres de sexo, y se distancian de sus pares del sexo opuesto. La experta añade que, a partir de esa edad, “se sienten atraídos por el mundo y se abren a experiencias con amigos, primos, etc., y se alejan un poco de sus padres, dando origen a una nueva etapa”. Dentro de las teorías de Sigmund Freud, ese periodo transitorio se denomina etapa de latencia, espacio que se ubica en medio de la terminación del ‘enamoramiento’ infantil y la llegada de la pubertad.

ASTRID LÓPEZ ARIAS
ABC DEL BEBÉ
www.abcdelbebe.com
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