Educación

¿Educación para el éxito, la felicidad o la plenitud?

Es fundamental hablar de una Educación para La Paz entre nosotros.

¿Educación para el éxito, la felicidad o la plenitud?

Christian Gómez, miembro del Semillero de Talentos de Pontezuela.

Foto:

Éric Pérez / Compañía cuerpo de Indias

30 de diciembre 2017 , 04:41 p.m.

Para María Eugenia Arango, mi partera socrática: fabricante de alas.

“Aquella que llamo mi filosofía de la pedagogía es de hecho una filosofía del aprendizaje. Proviene de Platón, pero la he modificado. Antes de que el verdadero aprendizaje pueda darse, creo que debe existir en el corazón del discípulo un anhelo profundo hacia la verdad, un cierto fuego. El verdadero discípulo arde en su deseo por saber. En el maestro reconoce o aprehende a aquel que se ha acercado más que él a la verdad. Tanto desea la verdad encarnada en el maestro que está preparado para quemar su antiguo ser con el fin de alcanzarla. Por su parte, el maestro reconoce y estimula el fuego en el discípulo y responde a este, quemándose con una luz más intensa. Así, juntos se elevan hacia una dimensión más enaltecida. Por así decirlo.”
‘Verano’, J. M. Coetzee

En los últimos años he dictado en varios países del mundo (México, Corea, Brasil, Costa Rica, Francia, entre otros) una conferencia que he titulado ‘La educación no sirve para nada’. Con este título incendiario intento irrumpir en auditorios, colmados por especialistas en educación, para compartir mi experiencia y mi visión como “fabricante de alas”, calificativo (y responsabilidad) que yo otorgo a nuestra misión como educadores. 

En esta charla intento demostrar cómo la exploración vocacional desde la más tierna infancia es el camino más coherente, generoso y pertinente cuando se trata de abrir los ojos (del cuerpo, de la mente y del alma) del niño o niña que llega a nuestras manos. Totalmente alineado con Gabo, con quien tuve el privilegio de tener largas conversaciones sobre estos temas, comparto su obsesión por el despertar de las vocaciones tempranas (congénitas) como el objetivo principal de la educación... Si la educación no nos sirve para descubrir (lo más pronto que sea posible) quiénes somos y para qué diablos llegamos a este mundo prodigioso y terrible a la vez, de qué diablos sirve entonces la educación.

Hoy, más que nunca, es fundamental hablar en nuestro país (y en nuestro mundo) de una Educación para La Paz. Pero para llegar a ella es fundamental orientar al individuo para que primero haga la paz consigo mismo: cuando la persona descubre quién es y qué lo hace vibrar, empieza a desterrar de su vida la mediocridad, la resignación, el conformismo: la frustración. Un ser que ama lo que HACE es un ser que ama lo que ES... y por lo tanto, es un ser capaz de amar (y de respetar) también a los demás.

Estoy convencido de que la violencia en las aulas –y fuera de ellas– proviene de esos seres que no son y que no quieren estar donde están ni hacer lo que hacen... Cuando el proceso educativo no es una aventura gozosa y un placer, no llegamos nunca al PLA-SER (sí, ¡al diablo la hortografía, querido Gabo!). Tener, hacer, ser.... esta trilogía se relaciona directamente con tres objetivos que busca consolidar la educación, que yo diferencio claramente y que sitúo en una escala jerárquica e interdependiente: éxito, felicidad y plenitud.

Educar para el éxito generalmente se asocia con el bienestar material y las conquistas económicas/profesionales... Una sociedad que otorga al dinero la categoría suprema de medición de éxito y de realización profesional otorga también al verbo TENER (poseer) el máximo puntaje en la escala de los logros humanos.

La exploración vocacional desde la más tierna infancia es el camino más coherente, generoso y pertinente cuando se trata de abrir los ojos

Y por ello la felicidad es otro espejismo/ilusión que nos quieren vender asociado al éxito económico... Del mismo modo como creo que la educación no sirve para nada, afirmo con igual temeridad y arrogancia que la felicidad no existe. ¿Cómo podemos ser felices en un mundo en el que hay tanto dolor, injusticia, violencia, enfermedades, egoísmo, indolencia, muerte...? Por supuesto, existe la belleza, el amor, la bondad, la Naturaleza y sus prodigios, y es justamente entre el oprobio y el prodigio que nos debatimos a diario en el misterio de vivir. Pero educar para la felicidad es, a mi juicio, un objetivo light. Cuando leo en los periódicos cada tanto que Colombia es uno de los países más felices del mundo, me siento muy desdichado. Quizás sea un país de gente ‘alegre’, cínica, ‘gocetas’ (palabreja y concepto que detesto) pero feliz.... ¿lo que se llama feliz?

¿Cómo puede ser feliz un país que ha victimizado a más 8 millones de compatriotas, asesinado a 200 mil, desaparecido a más de 80 mil....? Cifras espeluznantes que nos avergüenzan (o que nos deberían avergonzar, por acción u omisión) no solo como colombianos, sino como especie.

Educar, no solo para tener/éxito, sino para hacer lo que nos gusta, nos puede hacer ‘felices’... El hacer y la felicidad se asocian pero no bastan. Es fundamental, por supuesto, que la ‘acción’ esté asociada a lo que hacemos bien. Sin embargo, yo considero que existe otra dimensión más profunda que se emparenta con la realización ontológica más que con la felicidad... y es el concepto de plenitud. Educar para la plenitud tiene que ver con el SER como categoría suprema y prioritaria, por encima del tener y el hacer. La plenitud como realización nos habla de una nueva/otra noción de riqueza... no necesariamente –insisto– asociada ni a la felicidad ni a la alegría... Incluso puede estar ligada a la aceptación y disfrute de la esencia trágica (ética y estética) de la existencia.

Un ser que cada día se levanta para existir, haciendo lo que ama, y amando lo que es, es infinitamente ‘rico’... lo material vendrá por añadidura, pero no como objetivo primario. La felicidad no estará basada en las conquistas materiales sino, sobre todo, espirituales.

E insisto también en que lo material, cuya importancia no puede ser soslayada, vendrá por añadidura. Con frecuencia digo a mis alumnos, retándolos: “Soy infinitamente rico, pues lo tengo todo... pero no poseo nada...”. “Llegamos a este mundo con las manos vacías y nos vamos de este mundo con las manos vacías...,” me decía mi maestro coreano Cho Kyoo Hyun. Solo nos llevamos con nosotros, en el momento de la partida, nuestras conquistas y satisfacciones (o frustraciones) espirituales, humanas... Lo demás se queda aquí... en el mundo de los objetos...

Soy pobre.... estoy pobre... Ser y estar en la lengua castellana son verbos/nociones dinámicos que permiten evolución y cambio. “Hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero”..., me decía el otro día un campesino.

¿Éxito + Felicidad = Plenitud?
¿Tener + Hacer = Ser?
¿Éxito = Tener?
¿Felicidad = Hacer?
¿Plenitud = Ser?
¿El orden de los factores altera el producto?

Si el objetivo prioritario en Colombia debe ser Educar para la Paz, dadas las particulares y promisorias condiciones de nuestro presente en la era del posconflicto, debemos entonces pensar en una educación para la plenitud, las vocaciones asumidas, el SER que desarrolla su potencial creativo y que encuentra en la escuela, en la universidad y, luego, en su ámbito laboral y profesional un terreno propicio para desplegar las alas de su realización humana.

ÁLVARO RESTREPO
Especial para EL TIEMPO

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