Educación

Colegio o jardín, la disyuntiva de los tres años

El periodista de educación de EL TIEMPO, padre de un niño pequeño, analiza este problema.

Elegir colegio o jardín para los niños

La decisión es una de las más difíciles de tomar, pues afecta a los pequeños y también a los padres.

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123RF

26 de noviembre 2017 , 01:35 a.m.

Tiago Granja Vargas tiene tres años y acaba de entrar a prekínder en un colegio de niños grandes. Pasó los dos años anteriores en el jardín infantil Sueños de Amor, en Bogotá, donde tenía una profesora para él y sus dos compañeras; ahora, en el ‘colegio grande’, comparte salón con, por lo menos, unos 15 niños.

Tiago es mi hijo, y aunque ya es un poco tarde para arrepentirme sobre qué tan buena o mala decisión fue sacarlo del jardín y pasarlo al colegio –porque ya es un hecho–, de pronto para usted no sea tarde y esta información le sirva.

La primera persona a quien creí pertinente preguntarle sobre si había sido o no una buena elección fue a él mismo. Pero antes de contarles la repuesta, es importante tener presente que hay dos momentos diferenciables.

Al comienzo, la experiencia fue la normal: los primeros días lloraba y hacía pataleta; le explicábamos, lo tranquilizábamos. Sin embargo, cuando le preguntábamos si le gustaba, la respuesta era: “No, no me gusta mi colegio. Quiero volver a mi jardín”. Ahora, dos meses después, la respuesta es distinta: “Me encanta, aunque prefiero las vacaciones”.

Al comienzo, con la madre de Tiago nos preocupamos porque pensamos que el proceso de adaptación estaba siendo complicado: “Le toca madrugar mucho, la jornada es más exigente, le están enseñando otros idiomas y tiene más compañeros”. Sin embargo, una vez la actitud fue cambiando y se fue adaptando, nuestra inquietud disminuyó en una buena medida.

Como la preocupación aún persistía, decidí hablar con la rectora del jardín infantil donde él estuvo durante dos años. Alejandra Dacunha es la propietaria de Sueños de Amor, ese lugar que por tanto tiempo fue el segundo hogar de mi hijo y que él recuerda con cariño.

Su opinión, más allá de que no quiere que sus chiquitines se vayan, es la de una profesional que está a la cabeza de un jardín desde hace 11 años. Asegura que, según su experiencia, es mejor que los niños pasen a transición (la palabra misma lo dice, es el grado para pasar del jardín al colegio).

“La mejor edad es entre los 5 y 6 años. Se adaptan bien al colegio porque son más independientes en varios aspectos, por ejemplo, en la higiene corporal”, explica la rectora. Pero aclara que hay niños más pequeños que han desarrollado esa madurez. Para mi tranquilidad, según ella, Tiago es un ejemplo de ello.

La mejor edad para ir al colegio es entre los 5 y 6 años. Se adaptan muy bien porque son más independientes en varios aspectos, por ejemplo, en la higiene corporal

Sin embargo, la postura de Alejandra es más mediadora en comparación con las de otros jardines. Mabel Teresa Álvarez, directora de la Expojardines –organización que reúne a más de 20 jardines infantiles de Bogotá– dice que no es recomendable que los niños entren desde tan temprana edad a los colegios y es mejor que pasen más tiempo en los jardines.

“La primera infancia es la etapa más importante del desarrollo del ser humano”, expresa Álvarez, y agrega que los colegios se han esforzado por tener mejores planteles en la primera infancia.

“Pero el problema radica en que estos planteles buscan que los niños se adapten al plan educativo; eso significa que tienen que llegar a la misma hora que lo hacen los más grandes (7 a. m., en promedio) y se les empieza a exigir más académicamente, entre otros motivos”, dice Álvarez, experta en neuroaprendizaje.

“Tienen que abordar la vida adulta cuando en realidad deberían seguir siendo niños”, concluye la experta.

Con esta postura coincide Julián de Zubiría, experto en educación y director del Instituto Alberto Merani. Según él, los niños de 3 años deben ir a una escuela, pero a una distinta a la que conocemos. Deben ir a un centro de desarrollo infantil a jugar, particularmente, juego temático de roles.

“Lo ideal es que estén con otros niños. Eso desarrolla el lenguaje, la descentración y la socialización. Los niños que van a jardines tienen mayor inteligencia académica y socioafectiva. También reprueban menos años en el futuro”, explica.

Además, expone que ir a un colegio grande podría afectar la seguridad y el desarrollo del niño, salvo que sean espacios totalmente separados y con docentes especializados y enfoques pedagógicos muy diferentes, ya que la actividad rectora debe ser otra: el juego y la exploración.

Sigue la indagación

No contento con estas respuestas y con algo de angustia ante el hecho de haber tomado una mala decisión le pregunté su opinión a la terapeuta ocupacional Ángela María Fernández de Castro. Y nada mejoró. También expresó que, desde su experiencia, la edad para entrar al colegio grande es a los 5 años. “Antes de eso me parece que se tienen que enfrentar a una cantidad de exigencias para las cuales todavía no están preparados”, dijo.

Mientras estos expertos me decían que era una mala idea, yo intentaba recordar por qué habíamos tomado la decisión de que Tiago entrara al colegio de grandes siendo él tan chiquito, y recordé varios motivos.

Por un lado, hay una presión poderosa y es la de los cupos. Para los cursos más pequeños son casi que cientos, pero entre más arriba está el escalafón educativo, cada vez se reducen más. Necesitábamos un colegio cerca para que no tuviera que pasar tres horas de ida y tres de regreso en un bus. Además, como padres jóvenes, pensamos que es importante que él aprenda varios idiomas.

Pero no me sentía satisfecho con estas respuestas: ¿es eso en verdad lo más importante a la hora de elegir el colegio para un hijo? Creo que no. Sin embargo, Rosa Julia Guzmán, directora de la maestría en Desarrollo Infantil de la Universidad de La Sabana, me recordó algunas de las justificaciones más válidas.

Según me explicó, entrar desde pequeños a un colegio de grandes tiene varias ventajas: los niños se habitúan al contexto en el que van a vivir su escolaridad, se familiarizan con el entorno, conocen los profesores e interactúan con niños de otras edades, entre otros aspectos. Por otra parte, el colegio puede ofrecer articulaciones curriculares que faciliten la transición hacia los siguientes grados de una manera armónica. Los papás y los niños se evitan una doble transición: de la casa al jardín y de este al colegio.

Y sí, todo esto funciona muy bien, siempre y cuando el colegio tenga claridad pedagógica respecto a las implicaciones de trabajar con niños de estas edades, sepa respetar sus ritmos de desarrollo y aprendizaje, cuente con la infraestructura adecuada, disponga de buenos recursos didácticos y, sobre todo, tenga educadores especializados para esta etapa de la vida, explicó la experta.

“Lo más importante es que en cualquiera de los dos casos (colegio o jardín), los padres se aseguren de que la institución cuenta con profesionales muy bien formados y con experiencia, así como de que tenga una propuesta pedagógica sólida y bien estructurada”, concluyó.

Su felicidad, primero

Las palabras de Rosa ayudaron a despreocuparme porque sé que elegimos un colegio que cumple con las características que ella describe. Pero para borrar cualquier tipo de duda y aprovechando que me citaron en el colegio para hablar del proceso de adaptación de Tiago, decidí volver a revisar.

En un lado se sentó la profesora de italiano y, en el otro, la que coordina su curso. Por fortuna, lo primero que me dijeron es que no podían hacer más que echarme flores por tener un hijo como el que tengo. Los ojos de ambas demostraron amor por el trabajo que hacen; cada una de las palabras que decían salía con emoción, como recordando el momento en que uno de los niños dijo una cosa o la otra.

Y sí, aunque el colegio es más grande y los retos también, estar parado frente a las profesoras de mi hijo hablando sobre cómo se comporta –qué hace, qué no, cómo se la pasa sonriendo– me dieron la tranquilidad para concluir que fue una buena decisión, como también lo habría sido que se hubiera quedado en el jardín. Que lo importante es que lo quieran, que sea un lugar adecuado para él y que me responda: “Me encanta mi colegio”. Pero sigue pensando, como todos, que le gustan más las vacaciones.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción EL TIEMPO@simongrma

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