Ciencia

Los entrevistadores de corales en la reserva Seaflower

Cada año, científicos se embarcan en una histórica expedición en busca de testimonios marinos.

Corales

Las expediciones irán hasta el año 2030. El objetivo es monitorear el estado de salud de los arrecifes de coral en Colombia con el paso de los años.

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Mateo López-Victoria

15 de diciembre 2017 , 10:22 p.m.

“Colombia ocupa el segundo lugar en biodiversidad y está entre las 12 naciones más megadiversas del planeta”, dice Colciencias. Y la frase se asocia comúnmente con las selvas del Amazonas o del Chocó; sin embargo, nuestros mares esconden otra riqueza tan importante como la de esos bosques tropicales, representada en los corales y los arrecifes coralinos.

Mateo López-Victoria, investigador de la Universidad Javeriana Cali, asegura que “el coral es al arrecife lo que el árbol al bosque. Los árboles son la estructura que hace posible la selva”.

“Con muchos árboles se tiene todo lo que ocurre a su alrededor: los pájaros, iguanas, culebras, ardillas, insectos; eventualmente, al tigre, al que no le gusta estar expuesto, sino metido en una matriz de bosque en buen estado. Entonces, cuando el mar se llena de corales, se pasa de un espacio plano a uno tridimensional; se forma un andamiaje arrecifal; como un bosque sumergido, pero de corales”.

Y como en el bosque, a los arrecifes coralinos llegan animales: langostas, tortugas, más de 250 especies de peces, caracoles, pulpos, calamares, y aparecen grandes depredadores como barracudas y tiburones.

“Se logra toda esa biodiversidad”, complementa el investigador que, desde los grupos Ecología de Arrecifes Coralinos y Conservación y Biotecnología, categoría A1 de Colciencias, lleva más de 20 años estudiando estos ecosistemas.

Pero la importancia y la riqueza de los arrecifes coralinos como ecosistemas, y de los corales que los hacen posibles, son más contundentes: “Un arrecife coralino, por metro cúbico, es el ecosistema más biodiverso del planeta, más que las selvas húmedas tropicales”.

Para algunos estudiosos del tema, como López-Victoria, los corales tienen también la particularidad de que su esqueleto guarda el testimonio de su historia de crecimiento por décadas. Como los árboles, los corales conservan en su esqueleto bandas de crecimiento anual, similares a los anillos del tronco de un árbol, que dan pistas sobre su edad. Su trabajo, como dice el investigador, se orienta a “entrevistar a los corales”.

Una historia interior

La parte externa de un coral, que se percibe a simple vista, es la materia viva. Todo lo demás, hacia dentro, es inerte, “es el edificio construido por el coral a través del tiempo. Con un taladro neumático y una fresa especial para perforación de rocas se saca un núcleo o cilindro del interior del coral para cortarlo en lajas y analizarlo”, aclara López-Victoria. Esta disciplina se conoce como esclerocronología.

El análisis de estos núcleos, que pueden tener una longitud de hasta 1,5 metros, consiste inicialmente en exponer las piezas completas a un tomógrafo o pasar las lajas por rayos X. Esto permite revelar mejor las bandas de crecimiento del esqueleto de los corales y medir cuánto y cómo crece en promedio un coral por año. Como ese promedio es de alrededor de un centímetro, un núcleo de 1,5 metros puede dar testimonio de hasta 150 años de historia.

Con la lectura de esas bandas en los esqueletos “se puede medir cómo han respondido los corales a cambios climáticos: calentamiento de agua, salinidad, presencia de ácidos húmicos producto de descargas continentales, e inducir cómo afectaron al coral esos cambios en el medio”, explica López-Victoria.
En este contexto, continúa, “no es un secreto que los corales están en decadencia ni que sus coberturas han disminuido, pero estos estudios permiten inferir con mayor detalle cómo están estos organismos en relación con los de 50 o 100 años atrás, respecto a las variables que se miden”.

Es un ejercicio de investigación sin precedentes en la historia de Colombia

El testimonio de los corales de la reserva Seaflower

En medio de la búsqueda de respuestas, en el 2014 surgió una oportunidad afortunada para estos científicos de la Javeriana Cali. Gracias a su experticia en el tema y a su conocimiento del departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y como contrapeso científico y cultural al fallo de la Corte Penal Internacional que en 2012 le reconoció propiedad a Nicaragua sobre mar territorial colombiano, el Gobierno Nacional convocó a investigadores de muchas entidades para idear un programa de expediciones científicas a la reserva Seaflower.

Bajo el liderazgo de la Comisión Colombiana del Océano (CCO) y con el apoyo de la Armada Nacional, Colciencias y la Corporación Coralina, entre otras entidades, se iniciaron campañas científicas que anualmente embarcan a más de 50 investigadores. Los proyectos seleccionados tienen como prioridad explorar esos desconocidos territorios de la reserva, que abarca casi todo el departamento.

Durante cuatro años de expediciones, la Javeriana Cali ha liderado un grupo
interinstitucional que forman las fundaciones Ecomares y Seaflower, la Asociación Calidris, la Corporación Coralina y el Instituto de Cambio Global de la Universidad de Queensland (Australia).

“Es un ejercicio de investigación sin precedentes en la historia de Colombia”, dice López-Victoria.

Cumpliendo con esta cita, que cada año explora uno de los diez complejos coralinos del único departamento enteramente insular y marino de Colombia, los investigadores están recogiendo información valiosa que permitirá entender procesos de afectación a los arrecifes coralinos. La idea es comparar el crecimiento de corales de aguas transparentes y poco contaminadas con el de otros de la plataforma continental que han crecido con una gran afectación debido a sistemas como el canal del Dique. Esto permitirá indagar más profundamente en cuestiones tan importantes como el agudo deterioro actual de los corales.

“El recorrido histórico mostrará la trayectoria de ese deterioro y nos dará un referente que permita inferir esas trayectorias para el escenario actual de calentamiento global, y concluir si luego de cambios tan sensibles es posible regresar a un estado de recuperación, pues con estudios que permiten mirar 100 o 150 años hacia atrás se pueden identificar oscilaciones climáticas en escalas temporales mayores que la vida de un ser humano”.

Precisamente, concluye el investigador, han “encontrado esqueletos de corales menos robustos durante los años en los que el agua estuvo más caliente; en un escenario de calentamiento global, esto puede suponer otra amenaza para el bienestar de estos organismos”.

Las amenazas de los corales en Colombia

El país cuenta con 2.860 kilómetros de arrecifes de coral distribuidos de la siguiente manera: 2.845 kilómetros cuadrados en el mar Caribe y 15 en el Pacífico. El 77 por ciento están en la reserva de biosfera Seaflower en San Andrés, Providencia y Santa Catalina. En el Pacífico están en Gorgona, Malpelo, Utría y Punta Tebada.

Según el Ministerio de Ambiente, el 60 por ciento de los arrecifes coralinos del país están bajo algún grado de amenaza, el 20 por ciento pueden desaparecer en la próxima década, el 19 por ciento han sido destruidos y el 15 por ciento se encuentran en estado crítico. Urge protegerlos.

JULIO CÉSAR GIRALDO SILVA*
* Periodista revista Pesquisa

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