Ciencia

Huellas para descifrar el Universo / Historias del cosmos

La corta vida de Fraunhofer marcó un hito para lo que luego sería la exploración astrofísica.

Imágenes de la espectacular lluvia de meteoros de este fin de semana

Según cálculos del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), las perseidas podrían alcanzar este agosto los 500 meteoros por hora, mucho más que en años anteriores.

Foto:

EFE/Pedro Puente Hoyos

08 de junio 2018 , 12:08 a.m.

En una calurosa tarde de verano, la débil voz de un niño se escucha pidiendo ayuda bajo una montón de escombros. Han pasado cuatro horas desde que una fábrica de cristales se derrumbó en Múnich (Alemania) y el pequeño –de nombre Joseph von Fraunhofer– logra salir ileso. Había llegado allí después de quedar huérfano tres años atrás y dedicarse a aprender el oficio de pulir y tallar vidrio junto al mezquino dueño del taller que se sumía en ruinas.

Pero ese día cambiaría la vida de este niño. El futuro rey Maximiliano I , quien se pone al frente de las labores de rescate, se convierte en su mentor, costeándole estudios, dándole acceso a libros y llevándolo a trabajar a una destacada empresa de elementos ópticos.

Desde entonces el muchacho comienza una carrera vertiginosa que lo lleva rápidamente a convertirse en el mejor constructor de lentes e instrumentos ópticos del planeta a comienzos del siglo XIX y a sentar las bases que nos permitieron comenzar a descifrar el Universo.

Su dedicación, ingenio y pasión fueron tan valiosos que Alemania desplazó a Inglaterra en el campo de la industria óptica, siendo hasta el día de hoy una de las más prestigiosas a nivel mundial. Millones de lentes de cámaras fotográficas e instrumentos de laboratorio tienen el sello de calidad de la óptica alemana.

Con escasos 22 años, Fraunhofer experimenta con nuevos materiales y desarrolla un método para fabricar los mejores vidrios, los cuales harían parte de telescopios que comienzan a descubrir objetos nunca antes vistos. Sin embargo, lo que realmente revolucionaría el conocimiento del Universo fue cuando, jugando con prismas y rendijas por las cuales hacia pasar luz solar, descubrió que el “arco iris” tenía unas líneas oscuras. Alcanzó a contar 574 de ellas con su instrumento, que se conoce como el espectroscopio.

Al apuntar su telescopio –al cual le había diseñado una montura especial para poder moverlo convenientemente– a otras estrellas y hacer pasar su luz a través del espectroscopio, encontró que las líneas que se veían eran diferentes a las del Sol.

Este hecho que podría pasar inadvertido para muchos representaba el descubrimiento de que las estrellas son diferentes entre sí. Medio siglo más tarde se comenzó a entender cómo estas “huellas” en el espectro revelaban la composición de la atmósfera solar.

La tragedia, que pareció no alejarse de su vida, lo llevó a una temprana muerte el 7 de junio de 1826, a los 39 años de edad, víctima de envenenamiento por haber inhalado durante tantos años los vapores de metales pesados usados en la cristalería. Su corta vida marcó un hito para lo que luego sería la exploración astrofísica del cosmos, para descubrir la composición de estrellas, atmósferas planetarias e incluso, para el descubrimiento, a través de los espectros, de la expansión del Universo.

SANTIAGO VARGAS 
Ph. D. en Astrofísica. Observatorio Astronómico de la U. Nal.

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