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‘A la política también le llegará su Uber’: Luis Ernesto Gómez

El viceministro del Interior cree que nuevas tecnologías ayudarán a una democracia más inclusiva.

Luis Ernesto Gómez, viceministro del Interior

El viceministro del Interior está convencido de que las nuevas tecnologías pueden llevarnos a una democracia mejor.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

18 de febrero 2018 , 10:00 p.m.

El viceministro del Interior, Luis Ernesto Gómez, autor del libro ‘Googlecracia’, explica cómo la tecnología y las redes están cambiando la política colombiana. ‘El poder de la gente será mayor que el de la gente en el poder’, pronostica.

Me acabo de leer su libro, ‘Googlecracia’. Una de las conclusiones es que aunque hay baja participación política de los jóvenes en las urnas, no quiere decir que no estén interesados en la política…

He investigado el tema. Que a los jóvenes no les interese la política, es falso. Sí están interesados. Sí les gusta lo público y la transformación social, pero no a través de casas políticas, sino a través de causas políticas.

¿Si no siguen los partidos, qué o a quién siguen?

Solo uno de cada diez jóvenes se identifica con los partidos y dice confiar en ellos, en un rango de edad de 18 a 28. Pero a la hora de ver su involucramiento en juntas de acción comunal, o en la protección de los animales, o del medioambiente, o en la lucha contra la corrupción, o en el respeto por la identidad de género… Ahí están presentes y muy activos.

¿No es muy poco para el potencial que tienen las redes sociales?

Solo menciono algunos que son muy ligados a fenómenos urbanos. Personas que ya no están pensando solo en cómo llega el plato de comida a la mesa, sino de dónde viene esa comida y a dónde van a parar esos desechos. Pero, desde luego, hay una enorme cantidad de temas.

Un ejemplo concreto es lo que pasó esta semana con la pregunta del presidente Santos a través de las redes sobre la ley seca. Pero fueron un poco más de 50.000 personas las que opinaron, y uno no puede tomar decisiones de gobierno sobre esa base…

Esa discusión la dieron hace poco en Gran Bretaña. Allá hay un mecanismo para que cuando 100.000 ciudadanos firman una petición, obligan a poner de primero en el orden del día del Parlamento británico el tema, así sea este el más pendejo. Los políticos siempre han hecho lo que les parece, cuando están en los altos cargos no consultan a la ciudadanía porque esa es la democracia representativa: ‘como ustedes me invistieron de poder, gobierno en representación suya’. En la era digital, así sean 50.000 personas, ellas permitirán actualizar esa democracia representativa hacia una democracia más directa, en tiempo real. Es mejor de pronto tomar una decisión con el concurso de 50.000 personas que sin el de ellas. Le respondería así sobre la iniciativa del Presidente.

En la era digital, así sean 50.000 personas, ellas permitirán actualizar esa democracia representativa hacia una democracia más directa, en tiempo real

“A la industria de la política le llegó su Uber”, dice su libro. ¿Me explica esa expresión?

No es un cambio que deban propiciar los políticos ni los partidos, es un cambio absolutamente arrollador que va a ocurrir con o sin su concurso. Como ocurrió la transformación de Uber sin el beneplácito de los taxistas, o de Airbnb sin el gusto de los hoteleros. Lo que pasa es que el horizonte no es 2018, como muchos creíamos. En política seguimos siendo un poquito análogos en estructuras clientelistas. Pero, en 2022, la historia será otra.

¿Entonces, qué tanto van a decidir las redes sociales en estas elecciones?


En las de Congreso, poco o nada. En las de presidencia, mucho. ¿Por qué? Lo de Congreso no es una decisión en términos de decir, ‘yo voy a escoger lo que es mejor para mí’, sino que es un proceso en el que yo hago parte de un grupo, o en el barrio me recomendaron esto y demás. En cambio, cuando se trata de tomar la decisión por la presidencia, uno sí ve a la gente tratando de entender y de informarse y de comprender. Ahí es cuando las redes sociales y la información que a través de ellas se distribuye se vuelven determinantes. Prueba de esto, María Isabel, es un ejercicio que hice antier en Google Trends, viendo simplemente las tendencias de los últimos siete días, y el número de personas que está buscando los nombres de los candidatos presidenciales está creciendo enormemente.

Dice su libro: “La democracia representativa en la que se vota cada cuatro años por un candidato y no se vuelve a saber de él está mandada a recoger…”


La tecnología no solo permite, obliga a que sea permanente esa comunicación. Los nativos digitales decimos: ‘hoy me interesa el tema animalista’. Hoy, ‘el tema ambientalista’. ‘Hoy me voy a meter en el cuento de la corrupción’. ¿Entonces ese ciudadano digital por qué va a escoger el gran ideario político de un partido tradicional? ¿Por qué hacer algo tan soso cuando simplemente puede interactuar, tener involucramiento con distintas opciones?

¿Por qué los partidos no pueden volverse unos nichos en las redes sociales?

Sí pueden. En ‘Googlecracia’ se habla de los partidos que lo han hecho; ninguno lo está haciendo en Colombia. Le voy a dar tres ejemplos…

Sí, España, México y Brasil.

Incluso, donde es más contundente: Italia, con el movimiento Cinque Estelle. Tiene democracia directa digital.

El del payaso Pepe Grillo…

Sí. Consulta a los ciudadanos a través de la plataforma Meetup sobre qué posiciones tomar, en temas tan sensibles que van desde los malos gastos de la clase política hasta si Italia debe o no permanecer en la Unión Europea.

No necesariamente todo lo que se diga en las redes sociales es lo que un gobernante debe hacer. Precisamente, su sabiduría consiste en saber cuándo algo que es muy popular puede no ser bueno para el país… Y le pongo un ejemplo: si fuera por el No y el rechazo en redes al acuerdo de paz, al Presidente le habría tocado no firmarlo…

A la pregunta de la responsabilidad del gobernante de tomar decisiones impopulares pero correctas, según su profunda convicción, yo creo que ese es el fundamento de la democracia representativa, desde, digamos, las reflexiones de los griegos. Pero la democracia digital, o esta revolución tecnológica, va a obligar a que las decisiones se tomen más participativamente. Ahora: cuando las decisiones son impopulares —ese ejemplo de la paz me parece magnífico—, o no son bien recibidas, la idea es que esos canales de comunicación permitan también persuadir, cambiar la opinión de los ciudadanos.

Se puede gobernar muy bien escuchando más a la gente. Pero se puede gobernar muy mal escuchando más a la gente…


El gobernante no puede ser un robot que, simplemente, porque la ciudadanía digita, él gobierna oprimiendo el botón del Sí o del No. Eso sería llevar estas posibilidades de la tecnología casi al ridículo. Personalmente, creo que esto en Colombia requiere una terapia de choque. Es decir, nos vendría bien un periodo en el cual, así sean decisiones que para algunos parezcan equivocadas, se empiece a escuchar mucho más a la gente a través de estos mecanismos de la tecnología.

Nos vendría bien un periodo en el cual, así sean decisiones que para algunos parezcan equivocadas, se empiece a escuchar mucho más a la gente a través de estos mecanismos de la tecnología

Volvemos al tema de la responsabilidad del gobernante…

El 75 por ciento de los colombianos dicen no interesarles y no confiar en el Congreso porque no los representa, aunque supuestamente es la máxima expresión de la democracia. Puede que para el Gobierno sea muy importante poner de primero en el orden del día en el parlamento una iniciativa tributaria, pero para los ciudadanos no, como ocurrió en Gran Bretaña con el caso de una niña que falleció por meningitis: la gente obligó a poner de primero en el orden del día una vacuna. Creo que la democracia es eso, finalmente. Que si la gente cree que algo es importante, pues eso debe ser importante también para quienes gobernamos.

Si le entendí en el libro, ¿al presidente Santos le dio un poquito de sustico el experimento?

Se lo presentamos cuando se discutía la reforma política. Le sugerimos que incorporáramos una iniciativa como la del Reino Unido. El Presidente hizo una reflexión sobre cuál es la responsabilidad del gobernante –una muy parecida a la que me hace en la pregunta–; le hallé mucha razón porque hay causas muy populares que son efervescentes, y un gobernante no puede hacer solo lo popular sino lo correcto. Ese fue el argumento que él me dio. Pero, igual, muy generosamente concedió que no cancelaría la iniciativa, solo que proponía subir el umbral.

En las redes existe la modalidad de seguidores falsos, que se pueden comprar. ¿Eso está pasando hoy en la política colombiana?

Sí. Sería torpe no reconocerlo. A raíz de la infiltración de Rusia en las campañas estadounidenses, y de los informes que tuvieron que rendir en el Senado tanto Facebook como Twitter, quedó en evidencia que en Facebook hay 60 millones de cuentas falsas (entre el 3 y el 4 % de todas las cuentas), y en Twitter 48 millones (15 % de todas las cuentas). Sería ingenuo creer que ninguna de esas está en Colombia. Claro que en Colombia se venden servicios de cuentas falsas para generar tendencias, opiniones, porque es una nueva forma del mercadeo. Tan ha resultado que para muchos medios el tema del día es el de las redes, que puede haber sido construido por una serie de cuentas falsas automatizadas. La receta es que los colombianos sepan que existen cuentas falsas. Que sepan cómo funciona la desinformación en las redes sociales y, lo más importante, que rompan la cadena de noticias falsas.

La receta es que los colombianos sepan que existen cuentas falsas. Que sepan cómo funciona la desinformación en las redes sociales y, lo más importante, que rompan la cadena de noticias falsas

¿Y los medios tradicionales no son un contrapeso de esas cosas?

Deberían serlo. Pero por estar angustiados de perder un monopolio o el oligopolio de la información y de la opinión, están centrándose en lo negativo que tiene la tecnología. Entonces todo el tiempo escuchamos hablar es de las noticias falsas, de los ciberataques, y poco oímos de eso que yo trato de hablar en ‘Googlecracia’, que es el poder virtuoso de la tecnología. Obviamente tiene riesgos, pero también un potencial enorme de mejorar. Así como mejoró la forma como yo pago una cuenta de banco, o pido un taxi, o hasta consigo novia, ¿por qué no puede mejorar la democracia?

Última pregunta: ¿usted sí cree que los rusos nos puedan manipular las elecciones colombianas por las redes sociales?

Suena como una pregunta para la década de los 80, antes de la caída del Muro de Berlín, pero justamente eso es lo que están haciendo en México, con López Obrador, para promover una opción antiestablecimiento. Lo hicieron en Cataluña para el tema independentista; lo hicieron en Estados Unidos con Trump, como quedó absolutamente demostrado.

Aquí hay un caldo de cultivo porque Rusia está metida hasta la coronilla en Venezuela… Podría estar tratando de generar en Colombia un gobierno amigo del régimen Maduro.

Ya no como el autor de ‘Googlecracia’, sino como el viceministro del Interior que tiene a su cargo toda la tarea electoral, le digo que no hay ningún indicio de que eso esté ocurriendo en Colombia. Ya hay preparación por parte de la Policía, Inteligencia, la Registraduría, para poder repeler un eventual ataque. Pero creo que los rusos no se involucrarían en la campaña de Congreso. En la de presidencia hasta de pronto sí. Lo que pasa es que la presidencial todavía no ha arrancado. (Risas).

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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