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Él está tras la transformación de la primera nación digital del mundo

Toomas Hendrik Ilves impulsó un modelo con el que el 99 % de los trámites se hacen por internet.

Entrevista con Toomas Hendrik Ilves expresidente de EstoniaUna cita con los avances para el Gobierno Digital.
Toomas Hendrik IIves

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Por: Linda Patiño
28 de octubre 2018 , 11:04 a.m.

Para muchos, Estonia evoca la imagen de largos inviernos en una exrepública soviética ubicada en las costas del mar Báltico. Pero en ese entorno natural, hace 27 años, comenzó un proceso que ha terminado por convertirla en líder mundial de e-government, en uno de los miembros europeos más ciberseguros y, en 2017, en el país más libre en internet, según el observatorio Freedom House.

A ese listado de reconocimientos se suma una población en la que más del 98 por ciento de los ciudadanos tienen una ‘identidad digital única’, con la que las filas para trámites como declarar impuestos, suscribirse en programas de subsidios o reclamar fórmulas médicas quedaron en el pasado. En Estonia, en donde internet es considerado un derecho, queda el comando de defensa cibernética de la Otán, así como Tecnópolis, un centro tecnológico que ayudó a crear Skype. El 99 por ciento de las declaraciones de impuestos se reciben online y existen más de 2.000 servicios digitales.

¿Cómo lo lograron? Toomas Hendrik Ilves, presidente de Estonia de 2006 a 2016, visitó Bogotá en el marco del primer foro ‘Gobernar en la era de los datos’. En exclusiva con EL TIEMPO, compartió claves para la transformación de los gobiernos frente a los derechos humanos y el futuro laboral.

¿Cuál fue el mayor reto para la transformación de Estonia?

El principio fue muy duro. La gente pensaba que esto era una locura. ‘No deberíamos hacer eso, deberíamos construir carreteras’, decían. Poco a poco, con la entrada de algunos servicios, cada vez más personas creyeron que era una buena idea.

¿Internet debería ser un derecho humano global?

Globalmente no podría implementarse, pero es deseable que un Estado moderno o un Estado que vive en tiempos modernos tenga como prioridad la inclusión digital. Si no todos los ciudadanos tienen la posibilidad de conectarse, la desigualdad puede profundizarse.

Es esencial crear una identidad fuerte, que demuestre que alguien es quien dice ser

¿Sin qué cosas un Estado no podría ser digital?

El problema de lo digital se resume en una caricatura de 1993 en la que un perro está frente a un PC y le dice a otro: ‘En internet nadie sabe que eres un perro’. El 80 por ciento de los ‘hackeos’ ocurren por suplantación de identidad. Por eso, es esencial crear una identidad fuerte, que demuestre que alguien es quien dice ser. También se necesita una arquitectura que permita a los Estados entregar servicios a los ciudadanos. Nosotros construimos Xroad, basado en tecnología de blockchain, que permite interoperabilidad y salió al aire en 2001. No significa que todos deban tenerlo, pero es un sistema disponible, gratuito y libre.

Precisamente, la identidad digital única es uno de sus éxitos, ¿cómo logró la adopción?

Cualquier país del mundo requiere una identidad de sus ciudadanos ya sea para matricularse en un colegio o aun para comprar una cerveza. Pusimos un chip en la tarjeta de identidad, con la que pueden hacer miles de cosas que antes no eran posibles de forma no presencial.

Con el impulso de los privados, especialmente de la banca, logramos que poblaciones rurales y mayores también se unieran. 

Esto no significa que a los estonios les gusten más los políticos que antes. Les gusta lo digital y consideran que es algo que es de su país, no de los políticos.

¿Cuál sería su consejo para Colombia?

Lo primero es generar una identidad digital única, segura y con peso de ley. Además, debe estar asegurada por encriptación punto a punto y por autenticación de dos pasos. Lo segundo sería generar servicios digitales, y no solo los que los burócratas y funcionarios públicos quieran, sino los que necesiten los ciudadanos y las empresas.
Deben pensar en un sistema que sea seguro para los múltiples actores, en el que los usuarios accedan únicamente a aquello para lo que tienen permiso y, preferiblemente, en un soporte de libro distribuido, en el que la información no pueda modificarse ocultamente. Si quieren éxito en este camino, hay que garantizar la confianza, la integridad de la información.

¿Cómo enfrentan el tema de la ciberseguridad?

La historia de la ciberguerra comenzó con el ataque masivo a Estonia en 2007. Fue un ataque de negación del servicio. Nunca lograron entrar a nuestros sistemas y vulnerar la información. Antes de eso, el mundo no había visto un ataque dirigido a todo un país.

Ahora somos los número uno en Europa en cuanto a ciberseguridad. Nuestros sistemas son tan seguros que de la misma forma que es imposible robar un banco, es imposible manipular un solo voto electrónico.

¿Cuáles son las ventajas de una ‘e-Residency’?

Existen cosas como crear una cuenta bancaria o registrar una empresa que tradicionalmente se han asocian a lo presencial. Para hacer empresa en un país, se piensa en abrir una oficina allí, pero por ley no necesariamente hay que hacerlo así.
Por ejemplo, un pequeño negocio en línea en el Reino Unido puede vender bolsos personalizados a Europa. Eso cambiará con el brexit, aunque aún no sea una realidad. Como es un negocio en línea, puede ubicarse en Estonia. Nosotros obtenemos los impuestos. Así tenemos un beneficio mutuo, pero el proceso no es fácil.

¿Qué piensan los estonios de usted, de los cambios que ha dirigido?

En realidad no lo sé. Cuando las cosas se normalizan, los ciudadanos toman los beneficios por defecto. Nadie habla mucho de eso. Con excepción de expertos y gente cercana, los demás pueden mirarte y decir: ‘¿Oh, tuviste algo que ver con eso?’.

¿Qué hace de forma presencial la gente en la nación digital?

¿Beber cerveza? No sé, es algo que hemos normalizado. Tal vez, en cuanto a procesos, en Estonia, los ciudadanos deben presentarse en tres momentos. Cuando se van a casar, cuando se van a divorciar y cuando van a vender, comprar o realizar un proceso relacionado a un inmueble.

¿Qué piensa del miedo a la automatización en el mercado laboral?

Yo también llegué a preocuparme, pero he leído un poco más sobre el asunto y es el mismo miedo que existía cuando comenzaron las fábricas. Solíamos trabajar manualmente y hubo automatización.

Los dos países con mayor cantidad de robots son Corea y Japón. El segundo es también el país con mayor sobrecarga laboral, con jornadas de hasta 80 horas por semana. Creemos que los robots van a eliminar trabajos, pero puede ocurrir lo contrario y llegar el momento en que no tengamos suficientes personas.

¿Qué piensa del futuro? ¿Ve cíborgs o matrimonios entre personas y robots?

No, no y no. Eso es ciencia ficción. No me lo imagino y no suelo pensar 10 años en el futuro.

Hace poco vi una película que se hizo en 1977 y que trataba de predecir cómo sería la sociedad en 2017. Se equivocaron en todo. Pensaron en categorías de su tiempo. Como las líneas de teléfono fijas o los botones exóticos, en vez de computadores.
No puedo imaginar lo que sucederá porque existen demasiadas variables. En los 90 nadie habría predicho la revolución que sucedería en el 2007 con los teléfonos inteligentes y las redes sociales, cuando el mundo se volcó hacia los celulares con capacidades de entrar a internet.

La vigilancia masiva es una de las mayores preocupaciones de los defensores de derechos humanos en internet, ¿qué postura deberían tomar los Estados frente a este fenómeno?

Yo no me preocuparía tanto de la vigilancia masiva de los Estados, porque encuentro que casi todos son bastante malos en ello. Mi país no realiza vigilancia masiva, no he sabido que Colombia tampoco lo haga.

¿Entonces qué lo preocuparía a usted?

Me preocupa más la cantidad de información que los ciudadanos les entregan voluntariamente a las empresas. Por ejemplo, los datos expuestos en unas 87 millones de cuentas en Facebook gracias a un test de personalidad. Es aún más peligroso porque la información se entrega a cambio de una aplicación que es supuestamente gratuita, pero está monetizando al usuario.

¿Cree que los derechos humanos están en una posición difícil en medio del acelerado cambio social, económico y tecnológico?

Usted lo dijo. Uno de los principales problemas es la vigilancia masiva. El problema radica en que hay personas creando tecnología sin saber mucho de ética y hay muchos políticos y gobiernos que no tienen pista alguna sobre las capacidades de la tecnología.

Estonia, cuando internet es un derecho

Con una población de 1’300.000 habitantes en una extensión de 45.000 km², en Estonia el acceso a internet es un derecho desde el año 2000. Solo en porcentaje de penetración de internet, la cobertura alcanza al 86 por ciento de la población.

El país entró a la Unión Europea en 2004. Un año más tarde, comenzó a implementar el voto electrónico. Hoy en día, los ciudadanos pueden votar de forma segura desde sus casas, incluso mientras están en el extranjero.

Desde 2013, con el plan de e-Residency, más de 31.000 personas son ‘residentes virtuales’ de Estonia, y sin necesidad de vivir físicamente allí pueden crear una empresa en la Unión Europea.

Todas esas maravillas se deben al sistema Xroad, que se empezó a implementar desde 2001. Está basado en blockchain y es un desarrollo de código abierto (que no es propiedad de ninguna empresa) que aloja módulos de servicio tanto para las personas como para las empresas, que van desde la declaración de impuestos y la solicitud de una visa hasta la historia clínica en línea. El 99 por ciento de los trámites en Estonia pueden hacerse por internet.

Pero el sistema de servicios digitales se basa en otro importante logro: la identidad digital única, que es utilizada por el 98 por ciento de los ciudadanos. Se trata de un chip inteligente integrado a los documentos de identidad, el cual da acceso a las personas al sistema de atención virtual.

Ese chip que los identifica garantiza por un lado la autenticidad de la identidad y, por el otro, vela por la integridad de la información, evitando que mientras esta viaja de un lado a otro alguien pueda modificarla en el camino. La información viaja encriptada punto a punto.

La identidad única digital en Estonia tiene el valor de una firma, y como cada ciudadano es dueño de su información, tiene la potestad de compartir o restringir el acceso a su información.

LINDA PATIÑO

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