Proceso de Paz

El presidente que le puso fin a un conflicto armado de medio siglo

A pesar de la fuerte oposición que tuvo el proceso de paz con las Farc, es un hito en la historia.

Santos

Santos y 'Timochenko', en el momento cumbre de la firma del acuerdo. Atrás, los presidentes Nieto, Kuczynski y Castro.

Foto:

Héctor Fabio zamora / EL TIEMPO

Por: Marisol Gómez
05 de agosto 2018 , 09:02 a.m.

4 de septiembre del 2012
"Hay momentos en la historia en que un gobernante debe decidir si se arriesga a emprender caminos nuevos para resolver los problemas fundamentales de una nación(...) Eso sí, quiero poner muy presente a mis compatriotas que si no tenemos éxito, tendremos la tranquilidad de que hicimos lo correcto".
Juan Manuel Santos al anunciarle al país que iniciaría una negociación de paz con las Farc.

25 de julio del 2018
"Cuando escucho las críticas, muchas de ellas comprensibles, al proceso (de paz) y al acuerdo (con las Farc), pienso en todos los muertos y las víctimas que ya no serán, en los miles de vidas que se han salvado y se seguirán salvando porque tuvimos la decisión y la persistencia para intentar el diálogo y terminar la guerra. Y entonces entiendo que hicimos lo correcto".
Santos, a 14 días de entregar la presidencia.

Esas dos frases, con seis años de distancia en el tiempo, resumen la principal apuesta del mandato del saliente presidente, Juan Manuel Santos, y la dura oposición que tuvo que enfrentar para sacarla adelante.

Sobre todo, porque se empeñó en lograr una salida política al conflicto armado con una guerrilla –la más antigua y poderosa de América Latina– a la que había combatido militarmente sin tregua cuando fue ministro de Defensa de Álvaro Uribe.
Contra viento y marea, y pagando el costo más alto que pueda pagar un presidente, el de su popularidad, Santos se mantuvo en su apuesta.

Incluso, tras el golpe que sufrió por el triunfo del No en el plebiscito (por apenas 60.000 votos), que obligó a renegociar el acuerdo de paz firmado el 26 de septiembre del 2016 en Cartagena en una ceremonia a la que asistieron varios presidentes.
Y el resultado es contundente: las Farc ya no existen.

Tras 52 años en guerra contra el Estado, entregaron 8.994 armas y dieron la ubicación de 1.027 caletas en distintos lugares del país, de las cuales 750 fueron desmanteladas por la Misión de Naciones Unidas. Las otras han ido siendo eliminadas por las Fuerzas Armadas.

Con Santos se acabó la guerrilla que, según la base de datos más completa sobre el conflicto armado en Colombia –la del Centro Nacional de Memoria Histórica, entregada ya a la JEP–, fue la autora de 10.897 asesinatos selectivos, de 8.646 secuestros, 2.846 desapariciones forzadas y de 318 ataques a poblaciones, por mencionar solo algunos de los delitos más graves que cometió.

Los jefes de las Farc comenzaron a responder el pasado 13 de julio ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en el primer proceso que les abrieron: por secuestro, un crimen de lesa humanidad.

Efectos tangibles

Más allá de que la paz con esa guerrilla haya sido uno de los grandes logros de Santos, el triunfo es para Colombia. Por la violencia que se quitó de encima y por lo que esto ha comenzado a representar para el país.

El año pasado fue el de menos violencia política en la historia moderna de Colombia. Esto, a pesar del alza en los asesinatos de líderes sociales, muchos de los cuales estaban involucrados, precisamente, en la implementación de los acuerdos de paz.

Ha habido escollos para hacer realidad lo acordado con las Farc: políticos, logísticos, burocráticos y presupuestales, pero los efectos de la paz con esa guerrilla se sienten ya en diferentes ámbitos de la vida nacional.

En el 2017, Colombia tuvo por turismo el ingreso más alto de divisas de su historia. Según el Banco de la República: 5.787 millones de dólares. Solo los hidrocarburos le generaron más divisas.

El país recibió el año pasado a 6,5 millones de turistas, un 28 por ciento más que en el 2016 y más del doble que en el 2010.

Hoy, los mismos exguerrilleros hacen parte de 9 de los novedosos destinos turísticos en marcha o en desarrollo en zonas antes impensables para un colombiano, y con mayor razón para un extranjero.

Senderismo por la zona selvática del río Coreguaje, canotaje por el río Pato, en el Caquetá, o sitios del Meta, Tolima, La Guajira y Cesar donde el turista puede vivir un día como lo hacía un guerrillero, son parte de la oferta que llega con la paz.

Y según el propio presidente Santos, el año pasado Colombia alcanzó la tasa de inversión extranjera directa más alta de América Latina, equivalente al 27 por ciento del PIB, en momentos en que la economía mundial no vive un auge.

El saliente presidente deja en marcha la implementación de los acuerdos con las Farc, pero, por supuesto, será el desarrollo de estos lo que determine la consolidación de la paz. Y algo más importante aún: el tránsito a la reconciliación nacional.

Más en el exterior que dentro de Colombia han reconocido el valor que tiene para una nación acabar con una guerra de medio siglo.

Pero a la paz de Santos con las Farc seguramente le pasará en Colombia lo que suele ocurrir con las fotos familiares: se revalorizan con el tiempo.

MARISOL GÓMEZ G.
Editora de EL TIEMPO
Twitter: @MARISOLGMEZG

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