Proceso de Paz

'Un proceso de paz no quiere decir que ya no hay polarización'

Patrick Colgan, experto irlandés en recursos del posconflicto, es optimista frente a los cambios.

'Espero que el nuevo gobierno entienda el valor de la paz en los territorios’: experto irlandés‘

Patrick Colgan vive hace 18 meses en Colombia. Comparte su experiencia en la implementación del acuerdo de paz con las Farc.

Foto:

Juan Camilo Pedraz / ELTIEMPO

27 de julio 2018 , 09:53 p.m.

Patrick Colgan tuvo a su cargo el manejo de alrededor de 3.000 millones de euros para la puesta en marcha de 23.000 proyectos productivos en el posconflicto irlandés. Hoy, ya jubilado, sigue de cerca la implementación del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc.

Después de 24 años de haberse iniciado un proceso de paz en su país que puso fin a tres décadas de guerra civil entre protestantes-unionistas de Irlanda del Norte y católicos de la República de Irlanda, Colgan, con una mirada tranquila del devenir de la paz que está naciendo en el país, comparte su experiencia en diálogo con EL TIEMPO.

“Me siento como en casa”, dice este irlandés frente a los avatares que aún suscita en Colombia lo acordado con la exguerrilla. Es optimista. Representa a Irlanda en el Fondo Multidonante de la ONU y el Fondo Fiduciario de la Unión Europea, que contiene los recursos para hacer sostenible la paz.

¿Cómo va la ejecución de los dineros de los fondos para la paz?

Aunque quisiera que hubiera más recursos, los que hay se han utilizado bien, en proyectos reales. Dan un empuje inicial a la implementación, la arquitectura institucional, la reincorporación, las actividades de la sociedad civil y de víctimas. Claro, hay más demanda. Pero han sido muy importantes, más que nada como una afirmación de la presencia de la comunidad internacional aquí.

¿Le parecen pocos?

Estamos hablando de casi 100 millones de dólares para cada uno de los fondos. Cuando uno los suma con los otros fondos, como el del Banco Mundial o el del Banco Interamericano de Desarrollo y otros bilaterales y multilaterales, entre todos hablamos de una inversión específica para el proceso de paz de unos 500 millones de dólares.

Usted gestionó 23.000 proyectos en Irlanda, ¿aquí cómo ve la puesta en marcha de esos proyectos?

En Irlanda tuvimos un proceso muy distinto. Tuvimos un gobierno irlandés, uno británico y a la Unión Europea, que hace 24 años decidieron crear un fondo para los programas de paz.

Para el primer programa de paz, entre 1994 y 1999, tuvimos unos 500 millones de euros; para el segundo, unos 1.000 millones de euros, y para los siguientes llegamos a los 3.000 millones de euros, pero en 24 años. Esos 23.000 proyectos son del 94 a hoy, cuando estamos en la cuarta generación de programas. Comparando eso con lo que tenemos aquí, apenas vamos comenzando.

En Irlanda, el primer año cometimos muchos errores. Lo que hicimos bien para la construcción de la paz fue la creación de asociaciones de base. Incluían municipios, alcaldías, sociedad civil, juntas comunitarias, excombatientes, víctimas, gremios y empresarios. Era para el establecimiento de cuáles debían ser las prioridades.

Estoy seguro de que algunos cambios sí van a darse, pero el acuerdo va a seguir siendo la base de la paz. El mundo los está mirando y acompañando

¿Eso se puede asimilar a los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDTS)
contemplados en el acuerdo de La Habana?

Un poco, pero para todo el país, no solo para las zonas más afectadas por el conflicto. Para nosotros era muy importante la comunidad civil, nos tocaba empoderarla y ayudarles; 23.000 proyectos uno no puede hacerlos por sí mismo.

Creamos ciclos de siete años para el inicio de un programa hasta su finalización, así era independiente del ciclo político. No importaba quién estuviera en el Gobierno. El desafío más grande era llegar a un acuerdo sobre el contenido.

En el 2002, cuando fracasaron las instituciones políticas de nuestro primer acuerdo de paz (el de Viernes Santo, 1998), esto no importó porque teníamos todo ese movimiento dentro de las comunidades ,y el proceso de paz siguió adelante.

¿Qué enseñanza le puede dejar a Colombia la construcción de esos ‘PDTS irlandeses’?

Me impresiona mucho lo que han empezado aquí porque es muy difícil y apenas llevan meses. Es muy importante persistir y tener mucha paciencia. Espero que el nuevo gobierno vea el valor de esto en cuanto a la dimensión territorial de la paz, a la necesidad de una presencia real del Estado dentro de las comunidades, al mejoramiento de su bienestar para que puedan gozar de los beneficios de la paz. Eso es quizá lo que más falta aquí ahora, pero no es de extrañarse por el poco tiempo.

¿No ve un retraso? Un balance hecho por 40 universidades señala que ya deberían haberse creado los 16 PDTS...

Los primeros cinco años para nosotros fueron caóticos; todo el mundo se quejaba, decían que no era suficiente y que no había recursos. Poco a poco íbamos creando esta base de esas asociaciones a nivel local.

No fue sino hasta el 98, ya firmado el acuerdo, cinco años después del primer programa de paz, cuando pudimos diseñar una estrategia. Ustedes están mucho más avanzados de lo que estábamos en ese tiempo, ya tienen una visión estratégica y entienden la importancia. Les falta paciencia. Es demasiado temprano para que se empiece a criticar esto. Pero sí creo que es necesario que los partidos políticos asuman la importancia de estos procesos a nivel local.

¿En Irlanda hubo un partido político tan vehemente en la oposición al acuerdo de paz como lo hay en Colombia?

Nosotros inventamos la vehemencia, somos los maestros de la vehemencia. Inventamos la política del odio, del no, del jamás, del ‘ni un centímetro’. Somos expertos. Por muchísimos años era lo que siempre nos jalaba para atrás. En el 98, un grupo muy grande –lealista, unionista, que quería proteger su relación con el Reino Unido– se quedó por fuera del acuerdo.

Siempre hubo crítica, y no fue hasta el 2006, ocho años después del acuerdo, cuando ese grupo se logró integrar.

Nosotros inventamos
la política del odio, del no, del jamás, del ‘ni un centímetro’. Por muchísimos años era lo que siempre nos jalaba para atrás

¿Por qué fracasaron las instituciones del posconflicto irlandés cuatro años después de firmado el acuerdo?

Una razón fue que se quedó ese grupo por fuera. Otras fueron los problemas con la dejación de armas, el reconocimiento del poder de la Policía, las instituciones para la justicia.

En el 2006 hubo otro acuerdo, el de Saint Andrews, que sí firmó ese grupo. De ahí salió un gobierno compartido entre este y representantes del grupo armado más grande, de los nacionalistas-republicanos. Hoy siguen siendo polarizados, pero no hay ninguna posibilidad de que se vuelva al conflicto armado. Hemos dejado de matarnos, y, mientras tanto, se ha transformado completamente la economía de toda la isla, tanto de la República de Irlanda como la de Irlanda del Norte. Las relaciones de las comunidades también se transformaron.

¿Ve riesgos para la paz con el cambio de gobierno?

Estamos en un momento muy delicado. Lo sufrimos también cada vez que se cambiaba de gobierno porque teníamos miedo de que diéramos pasos para atrás, pero la verdad es que con un poco de sensatez y diálogo, uno puede superar esto. Tengo esperanza de que eso suceda también aquí.

Estoy seguro de que algunos cambios sí van a darse, pero el acuerdo va a seguir siendo la base de la paz. Es un acuerdo con la comunidad internacional. Todo el mundo está mirando y acompañándolos.

¿Cree que continúe la Comisión de Seguimiento a la Implementación, en donde tienen asiento el Gobierno y la Farc?

Son los políticos quienes tienen que decidir. Creo que el proceso de paz no se puede implementar sin diálogo. Tengo confianza en que esto se pueda hacer. En nuestro caso fue dificilísimo. Había grupos que nunca hubieran creído que podrían tener ese contacto con la exinsurgencia. Pero el líder del grupo que se había opuesto más al acuerdo en Irlanda y el líder político del grupo armado lograron ser colegas...

¿Cómo fue ese gobierno de transición, compartido?

Se creó en el 2007. Eran dos personas completamente opuestas; uno, el campeón del nunca y el otro, el campeón de los grupos armados en armas. Se necesitó mucho diálogo.

¿Cómo ve las cambios que pretende hacer el Centro Democrático a la justicia transicional? Para muchos sería hacer trizas los acuerdos...

Me siento como en casa. Son las mismas discusiones que nosotros hemos tenido durante 24 años. Lo veo muy normal. Ese debate lo seguimos teniendo, y todavía no tenemos una solución perfecta, pero hemos avanzado mucho. Lo más importante es que tenemos un país en paz y un acuerdo que sigue vigente, con sus imperfecciones.
Ahora estamos admirando el sistema de justicia de ustedes, observando, al igual que toda la comunidad internacional, cómo lo sacan adelante.

¿Es posible, sobre el camino, ajustar un acuerdo de paz, hallar ese punto medio entre extremos?

La experiencia de todos los procesos es que la paz lleva un momento en que uno puede decir “aunque no estemos de acuerdo con todo, sabemos que esto es mucho mejor de lo que teníamos”. Es difícil explicar cómo se ha transformado mi país, ahora tiene más confianza en sí mismo. Un proceso de paz no quiere decir que ya no hay polarización, pero reconocimos que esa diversidad es algo con lo que tenemos que vivir.

JUAN CAMILO PEDRAZA
REDACCIÓN PAZ - EL TIEMPO
Twitter: @JCamiloPedrazaM
juaped@eltiempo.com

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA