Gobierno

Política, paz y cultura, las grandes pasiones de Betancur

El expresidente será recordado por su faceta de político y por su relación con intelectuales.

Belisario Betancur

Belisario Betancur comenzó en la política a los 22 años. Tras cuatro intentos para llegar a la presidencia, lo logró en 1982 con el Partido Conservador.

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EFE

Por: Edulfo Peña
08 de diciembre 2018 , 10:00 p.m.

Política, paz y cultura. Esos conceptos resumen la vida del expresidente Belisario Betancur.

Se inició como político a los 22 años, cuando en 1945 fue elegido diputado conservador en Antioquia. Ese mismo año se casó con Rosa Helena Álvarez, con quien tuvo tres hijos.

Para entonces ya se había graduado en derecho y economía con la tesis ‘El orden público económico’, en la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín, donde se le despertó su fervor por las ideas conservadoras.

Como político fue un guerrero. Un hombre polémico. Era un dialéctico difícil de ubicar en un solo punto. Solía apoyar sus discursos con citas de grandes pensadores. Los griegos eran para él un deleite intelectual.

Algunos, por ejemplo, lo recuerdan como uno de los pocos diputados que apoyó a Laureano Gómez como presidente.

Se hizo encarcelar por defender las ideas conservadoras, pero cuando creó Tercer Mundo Editores, el primer texto que imprimió para la venta fue el Manifiesto del Partido Comunista.

Jaime Castro (liberal), quien fue su ministro de Gobierno, recuerda que el temple de conservador aguerrido llevó varias veces a Betancur a la cárcel por oponerse a la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, quien depuso a Laureano Gómez.

Belisario y otros seis compañeros suyos constituyeron lo que se denominó el ‘Escuadrón Suicida’ dentro del conservatismo, que eran la oposición y los únicos que se oponían al general Rojas

“Belisario y otros seis compañeros suyos constituyeron lo que se denominó el ‘Escuadrón Suicida’ dentro del conservatismo, que eran la oposición y los únicos que se oponían al general Rojas, lo que era visto en ese momento como un suicidio”, relató Castro.

El expresidente liberal Ernesto Samper parece tener una buena definición de su esencia política. “Siempre fue un rebelde con causa. Era el conservador que estaba más a la izquierda dentro del conservatismo, y el que tuvo mejores relaciones con la izquierda. Decían que era un revuelto entre agua bendita y vodka, pues tenía ideas socialistas, pero abrazaba causas conservadoras”, dice Samper.

Y el exministro conservador Fabio Valencia, quien jugó un papel definitivo para que Betancur se hiciera a la candidatura conservadora, asegura que él “fue un político tenaz, perseverante, con carácter y un objetivo claro de lo que quería. Se demoró para llegar, pero supo esperar”.

Betancur creció mucho más como político a la sombra del laureanismo, un sector del partido Conservador que era visto más ortodoxo, más radical que el de Mariano Ospina Pérez.

A la hora de luchar por el máximo galardón del poder, la Presidencia de la República, se enfrentó a los principales líderes de los dos sectores conservadores en que esa colectividad estuvo dividida toda la segunda mitad del siglo pasado.

En 1970 se enfrentó por la Presidencia, como disidente del Frente Nacional, al candidato oficial de su partido y protegido del ospinismo, Misael Pastrana Borrero, quien lo derrotó.

En 1982 se enfrentó contra el máximo líder de la otra facción en ese momento, Álvaro Gómez Hurtado, a quien se impuso.

Llegar a la Presidencia no fue nada fácil. Betancur, un hombre pobre de origen campesino, montañero, como se proclamaba él mismo, se enfrentó en tres oportunidades a las élites a las que al final venció.

En 1982, cuando le ganó la contienda a Álvaro Gómez dentro de su partido, Betancur se tuvo que imponer a voto limpio en el seno de la convención conservadora.

Con la candidatura presidencial de su partido en el bolsillo, propio de su audacia política, Betancur entendió que para conquistar la Casa de Nariño no eran suficientes los votos ‘azules’ y se arropó en el Movimiento Nacional, una mezcla de izquierdistas, liberales y conservadores.

El mandatario de la paz

Su gobierno, en consecuencia, no podría decirse que fue de talante conservador. Fue más bien de corte liberal. Prueba de ello fue su apuesta dura por la paz, que lo llevó a buscar la salida política con casi todos los actores armados del momento.

Su apuesta por la paz como mandatario la hizo desde el primer día de gobierno, el 7 de agosto de 1982, en la plaza de Bolívar, en el acto de posesión.

No quiero que se derrame una sola gota más de sangre colombiana. Ni una gota más de sangre hermana. ¡Ni una sola gota más!

“Ante el pueblo de Colombia levanto una alta y blanca bandera de paz: la levanto ante los oprimidos, la levanto ante los perseguidos, la levanto ante los alzados en armas, ante mis compatriotas de todos los partidos y de los sin partido. No quiero que se derrame una sola gota más de sangre colombiana. Ni una gota más de sangre hermana. ¡Ni una sola gota más!”, dijo Betancur tras ser investido como presidente.

Desde la jefatura de Estado se abrazó a los dos sectores antagónicos de su partido y gobernó con ambos.

Betancur será recordado como el primer mandatario que hizo la mayor apuesta política para buscar de manera negociada el fin del conflicto. Hasta la Casa de Nariño llegaron en ese momento líderes destacados de las Farc, el Eln, el Epl y el M-19, esfuerzo que se frustró con la fatídica toma del Palacio de Justicia a manos de esta última organización, en noviembre de 1985.

El presidente conservador que bien parecía un liberal, un librepensador, logró entonces de una buena parte de la sociedad colombiana, y de sectores importantes de la comunidad internacional, el apoyo a sus esfuerzos de paz.

El evangelista de la cultura

Durante sus cuatro años de gobierno hubo una especie de florecimiento de la cultura. Muchos despachos públicos, comenzando por la Casa de Nariño, se convirtieron en espacios para conciertos, exposiciones y recitales.

La poetisa María Mercedes Carranza, el pintor Fernando Botero, o el clavicembalista Rafael Puyana, se convirtieron en habituales visitantes de Palacio.

Desde joven, este dirigente conservador había combinado las letras con la política. Fue autor de varios textos de pensamiento político y de literatura.

Hacía gala de una bohemia jovial e inteligente que compartía en las deliciosas tertulias poéticas y culturales que solía tener con intelectuales como Otto Morales Benítez, uno de sus amigos más cercanos; con el maestro Rodrigo Arenas Betancourt o con poetas como los miembros del famosos grupo Piedra y Cielo.

La política, la paz y la cultura pierden a uno de sus mejores hombres.

EDULFO PEÑA
Editor político de EL TIEMPO

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