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Gobierno

La lucha de más de 40 años por un patrimonio cultural en Guaduas

El tribunal de Cundinamarca ordenó que el Convento de la Recolecta sea dedicado al arte y cultura.

Guaduas

Esta acuarela detalla la época en la cual se construyó la iglesia. Al fondo se observa el convento de la Recoleta.

Foto:

Edward Walhouse Mark - Colección de Arte del Banco de la República

Por: Mateo García
10 de abril 2019 , 12:24 p.m.

Sin el convento de la Soledad, la vida en Guaduas no sería como la conocemos. Hablar de este municipio del noroccidente de Cundinamarca sin mencionar el convento, también conocido como la Recoleta de Nuestra Señora de Los Ángeles, sería como hablar de la independencia de Colombia sin mencionar a Policarpa Salavarrieta, la Pola.

Precisamente por esto, sus habitantes llevan una lucha silenciosa de más de cuarenta años para recuperar el primer edificio de este pueblo patrimonial. Y parece que están a punto de lograrlo, pues un fallo de primera instancia del Tribunal Administrativo de Cundinamarca les ordenó a la alcaldía, al Concejo, la Personería y a la oficina de Catastro que abandonen la edificación y se la devuelvan al pueblo, para que este espacio sea destinado únicamente a fines culturales.

Porque desde 1972, la Alcaldía de Guaduas “ocupó de forma violenta, arbitraria e ilegal el monumento mencionado”, dice la demanda que un grupo de ciudadanos llevaron hasta el Tribunal Administrativo, que el 8 de marzo ordenó restaurar y entregar la edificación a sus dueños.

El deterioro es tal que en el pueblo dicen que en cualquier momento se cae. Y así quedó en evidencia en el fallo: “En el caso sometido a examen se encuentra que el inmueble se encuentra en estado de deterioro”, y agrega que “la especial situación del inmueble y su representación para la historia de Colombia comporta afirmar que al estado al que se ha sometido ha llegado por dos razones fundamentales: (1) por su uso por parte de entidades públicas; y, (2) por un indebido mantenimiento de sus estructuras”.

Por el convento nació el pueblo,
y fue parroquia durante dos siglos. Como tal, allí hay una historia valiosísima de un pueblo que
es patrimonio

Eje religioso

“Por el convento están unidas historias de tantos personajes y tantos hechos históricos que fue el eje y el foco durante dos siglos”, explican desde el Centro de Historia.

Y no se equivocan. Sin el convento, Guaduas no sería igual. El 13 de diciembre de 1610 comenzó la historia de la Recoleta de Nuestra Señora de Los Ángeles, cuando los padres franciscanos lo construyeron, siendo fray Tomás de Morales su principal gestor. Fue la primera edificación del valle de las Guaduas, camino obligado entre Santafé, capital del Nuevo Reino de Granada, y el río Magdalena.

Fue uno de los tres conventos de recolección construidos por orden del virreinato español. Los otros dos estaban ubicados en Santafé y Cartagena.

Desde ese momento se convirtió en el impulsor del pueblo y en el eje de la región, pues todos los servicios religiosos de la zona se realizaban allí.

Entre los acontecimientos más recordados de la Recoleta está el bautizo de Policarpa Salavarrieta, quien nació en Guaduas el 26 de enero de 1796.
También desde allí, los franciscanos decidieron evangelizar el Chocó, y en ese mismo lugar le presentaron a José Celestino Mutis al joven Francisco Javier Matis para que lo llevara a la Expedición Botánica. Mutis, años después, lo calificó como “el mejor pintor de flores del mundo”.

De hecho, durante dos siglos funcionó como parroquia, pero en 1821, después del Congreso de Cúcuta, que sirvió para establecer nuevos lineamientos de la Nueva Granada, se ordenó la expropiación de los conventos que no tuvieran, al menos, ocho religiosos.

La lucha de más de 40 años por un patrimonio cultural

Las paredes, la estructura y las baldosas de la edificación llevan años sin recibir mantenimiento.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

El nuevo gobierno decidió venderlo, y el edificio perdió la vocación. Durante años tuvo varios dueños, entre ellos el presidente Manuel Murillo Toro, quien, incluso, vivió allí.
Pero los guadueros seguían identificándolo como un ícono del pueblo. El país era otro. La guerra de los Mil Días había terminado, y en 1908, los habitantes, por medio de un patronato que obtuvo su personería jurídica de las manos del presidente Rafael Reyes, decidieron comprarlo. Acordaron que este espacio solo sería para fines culturales. En términos de la época, lo destinaron enseñanza de letras, arte y oficios. Lo adquirieron en 1910.

Dicen desde el Centro de Historia de la Villa de Guaduas que este acto se adelantó a la época en cuanto a las actuales políticas de centros culturales y conservación patrimonial.

En la línea de servicio y enseñanza que pedía el Patronato, se permitió que las monjas de la Presentación dirigieran un colegio femenino desde 1920 en las instalaciones, con la condición de que las matriculas fueran asequibles para las familias del pueblo. Fueron varias las generaciones que se formaron en este colegio; incluso, en una época se permitió el ingreso de hombres.

Pero el plantel dejó de ser sostenible con el paso de los años, y las monjas tuvieron que entregarles las llaves al patronato.

Que el inmueble recupere
el valor cultural para el cual ha
sido reconocido y declarado un bien de interés cultural para la nación

La llegada de la alcaldía

En Guaduas cuentan que la administración municipal se tomó el convento. Narran que al encargado de cuidarlo mientras decidían su futuro, literalmente, le arrebataron las llaves.

Fue en 1972 cuando la administración municipal llegó al edificio, y desde entonces no pudieron sacarlos ni llegar a un acuerdo para que pagaran un arriendo y así poder sostener el lugar, pues, por ser un edificio privado, una entidad pública no puede invertir recursos en este. A la alcaldía se sumaron el Concejo, la Personería y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

Desde ese momento, el patronato ha luchado para recuperar la edificación, pero no lo ha logrado. Se recurrió a varias acciones legales, argumentando que este es un bien cultural de la nación y está en peligro.

Ellos han insistido, desde el momento en que sucedió lo que llaman ocupación, en la importancia de que este espacio se conserve y sea dedicado a la cultura, pues “por el convento nació el pueblo, y fue parroquia durante dos siglos. Como tal allí hay una historia valiosísima de un pueblo que es patrimonio”.

Y el Tribunal les dio la razón cuando ordenó a la alcaldía, al concejo, a la personería y a la oficina de catastro: “En el término de un año, contado a partir de la ejecutoria de esta providencia, procedan a realizar entrega de las distintas dependencias administrativas que actualmente funcionan en el bien inmueble denominado Convento de la Recoleta, ubicado en el municipio de Guaduas, Cundinamarca, al Patronato de Guaduas”.

Pero ahí no se queda el fallo. Agrega que estas entidades deben, “en el término de seis meses, contados a partir de la ejecutoria de esta providencia, iniciar las actuaciones administrativas que permitan garantizar la restauración del bien”.

Además, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca exige que, tal y como lo estableció el Patronato desde 1910, “se garantice que el inmueble recupere el valor cultural para el cual ha sido reconocido y declarado como un bien de interés cultural para la nación”.

Pero el patronato todavía no puede cantar victoria. La Alcaldía de Guaduas apeló la decisión, y ahora habrá que esperar un fallo de segunda instancia.

La inquietud en el Centro de Historia es que si al convento no se le hacen unas reparaciones urgentes, la edificación podría venirse al piso y con ello prácticamente toda la historia del municipio.

MATEO GARCÍA
REDACCIÓN POLÍTICA @teomagar

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