Gobierno

Honores, sueldos y gabelas del Presidente de Colombia

Un capítulo del libro 'Los presidentes, gobernantes y mandamases de Colombia', de Amílkar Hernández.

Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana.

Los tres últimos antecesores del presidente Duque: Santos (izquierda), el más nuevo en el 'club', sucedió a Uribe (centro). Y este al tercero, Andrés Pastrana.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Por: Amílkar Hernández
09 de noviembre 2018 , 02:00 a.m.

Ser el gobernante de un país es el puesto más apetecido. En Colombia son muchos los que aspiran a ser presidentes de la república, pero hay algo que otros se preguntan: ¿qué se gana con ser presidente de Colombia?

Una respuesta aproximada puede comenzar señalando que se ingresa al exclusivo mundo del poder, de la fama, del reconocimiento mundial, de la lista de exmandatarios y de los supuestos salarios altos, que está por verse, pues, como están las cosas, dinero de nómina, no mucho.

El presidente de Colombia tiene un ingreso mensual (2018) de cerca de 33 millones de pesos, la tercera parte de lo que puede ganar el presidente de un banco o de una multinacional en el país. Este ingreso se explica de la siguiente manera: una asignación básica de 7,2 millones de pesos, que es igual a la que devengan los congresistas, y 25,6 millones más, que corresponden al doble de los gastos de representación que se les paga a los mismos parlamentarios. Total, 32,8 millones de pesos, a los cuales hay que hacerles los descuentos de ley, es decir, seguridad social, retención en la fuente e impuestos.

Pero, bueno, eso no es todo. No tiene castillo, como los reyes, pero sí podrá habitar gratis con su familia en un palacio o, mejor, una gran mansión que se llama la Casa de Nariño, donde tiene además su casa privada. Aquí, el mandatario tendrá, como los reyes, su propio ejército: el Batallón Guardia Presidencial. Este palacio tiene capilla, centro de salud, peluquería, teatro y hasta un observatorio astronómico. Duque y su familia lo ocupan a medias, pues también habitan su apartamento del nororiente de Bogotá, por la facilidad de llevar a sus hijos al colegio.

Además, el gobernante dispondrá, mientras ejerce, de la hacienda de Hatogrande, algo así como una gran finca o casa de campo, que fue habitada por nadie más y nadie menos que Francisco de Paula Santander y está al norte de Bogotá. En Hatogrande, el jefe de Estado podrá dormir en la misma cama en la que durmió el prócer.

Y, como si fuera poco, contará con otro gran inmueble para sus vacaciones: la Casa del Fuerte de San Juan de Manzanillo, en Cartagena. Una fortaleza militar con cascadas, que era un modesto sitio de almacenamiento de municiones en el siglo XVIII. La oficina presidencial, localizada en el segundo piso, se parece a la cabina de mando del capitán de un barco.

Eso en cuanto a construcciones para habitar, pues para el transporte tendrá siempre listo, en el aeropuerto militar Catam, al lado de El Dorado, el avión FAC 0001, un Boeing 737-700 que compró y estrenó Álvaro Uribe. Esta moderna aeronave tiene capacidad para 54 pasajeros y seis tripulantes, y puede volar sin reabastecerse de combustible hasta 13 horas. Junto con el FAC 0001, el presidente tiene a su disposición helicópteros y una caravana de modernas camionetas blindadas, en una de las cuales viaja el mandatario.

Pero el gran poder del presidente de turno no está básicamente en esto. El gran poder está en el presupuesto anual que maneja, que para el año 2018 es de alrededor de 260 billones de pesos. Y también el gran poder está representado en la nómina de personal bajo su mando. Se trata de cerca de 1,2 millones de empleados públicos, de planta o burocracia, de los cuales 350.000 son maestros y 400.000, miembros de las Fuerzas Militares y de Policía. Además, tiene una nómina paralela de más de un millón de contratistas.

Bueno, eso es lo que se gana con ser presidente. Claro, no es todo; en esta lista no está la pensión vitalicia con la cual queda el jefe del Estado cuando sale de la Casa de Nariño y se vuelve expresidente. Esta pensión, cuando muere el expresidente, pasa a su esposa, la ex primera dama. Cuando viaja en comisión, el presidente también tiene viáticos.

Y cuando sale del cargo, el expresidente comienza a devengar jugosos honorarios como conferencista internacional. Unas sumas con muchos ceros. Además, viajes en primera clase y lujosos hoteles. El expresidente también tiene derecho a un servicio de escolta y seguridad de por vida. Y no sobra decir que adquiere el derecho a unos funerales de jefe de Estado.

Pero tal vez todo esto no es lo más importante, pues entre las gabelas está nada más y nada menos que poder definir el presente y el futuro de todos los colombianos para bien o para mal. Todo eso sin contar la famosa ‘mermelada’, o cupos indicativos (antes auxilios parlamentarios) para los congresistas, que unta por todo el territorio nacional. Cosa que Duque dijo que no utilizará. Amanecerá y veremos.

Pero, en el sentir de los candidatos, presidentes y expresidentes, lo que más se gana al ocupar el puesto de presidente es “tener la oportunidad de servirle a la patria”, una frase de cajón, pero muy interesante para el debate.

Muebles viejos, medios de comunicación y delfines

El oficio de expresidente de Colombia ha estado en el ojo del huracán desde que existen los exmandatarios. Desde Bolívar, atormentado por sus enemigos, en su largo recorrido hacia Santa Marta, donde murió, hasta Uribe como senador, enfrentado al gobierno de su sucesor, Juan Manuel Santos, y este defendiendo su proceso de paz.

Unos son partidarios de que los expresidentes se dediquen a sus labores personales y familiares y los califican de muebles viejos, como irónicamente los señaló el expresidente Alfonso López Michelsen. Otros dicen que son los jefes naturales de los partidos y que, por consiguiente, deben seguir opinando y dirigiendo.

Los presidentes y expresidentes de los últimos 100 años han tenido mucha relación con la propiedad de medios de comunicación masivos. Solo hay que recordar a Eduardo Santos con el periódico EL TIEMPO y a Laureano Gómez con El Siglo.

Para solo hablar de los últimos 50 años, repasemos los expresidentes desde el Frente Nacional, la mayoría con medios de comunicación propios y delfines en ejercicio. Léase delfín como los hijos, parientes o muy allegados de los expresidentes que les siguen los pasos a sus padres y quieren también llegar al poder como presidentes.

Alberto Lleras, desde la revista Visión, pontificó por muchos años. Sus delfines fueron su primo Carlos Alberto Lleras y sus sobrinos.

Guillermo León Valencia se dedicó a la diplomacia, pero hablaba de vez en cuando por los medios. Su hijo Ignacio Valencia López lo siguió en la política.

Carlos Lleras Restrepo no dejaba títere con cabeza desde su semanario Nueva Frontera. Su delfín, Carlos Lleras de la Fuente.

Misael Pastrana Borrero participó en la Asamblea Constituyente del 91, ejerció la crítica y polemizó con su colega Alfonso López Michelsen desde la revista Guión y su noticiero de televisión, TV Hoy. Su delfín, Andrés, hoy expresidente.

Alfonso López Michelsen escribió hasta antes de morir su columna en EL TIEMPO y no perdió oportunidad para poner a pensar al país con sus planteamientos. Se apoyó también en el noticiero de televisión de su hijo Felipe, conocido como Noticiero de las Siete. Alfonso López Caballero fue su delfín.

Julio César Turbay Ayala no paró de hablar hasta su muerte. Creó el movimiento Patria Nueva para apoyar la reelección de Uribe. Tuvo noticieros de televisión como Criptón. Su delfín, Julio César Turbay Quintero.

Belisario Betancur advirtió que como expresidente guardaría silencio para dedicarse a la cultura. La promesa la rompió varias veces. Su hijo Diego, no delfín, tuvo programadora de televisión.

Virgilio Barco, a su salida de la Casa de Nariño, se dedicó a la diplomacia y, por sus quebrantos de salud, después se alejó de la política. El noticiero de televisión que lo apoyó en su campaña y gobierno fue Cinevisión. Carolina Barco fue su delfín.
Hoy, César Gaviria está más vigente que nunca, discrepando con todo el que se le atraviese. No tiene medios muy propios, pero sí de amigos, como CM&. Su hijo Simón ejerce como delfín.

Ernesto Samper tampoco se queda callado. Tuvo muchos medios amigos y se ayuda con Twitter. Logró ser secretario de Unasur. Su hijo Miguel comenzó ya como viceministro de Justicia de Santos.

Andrés Pastrana habla y escribe cartas para referirse a sus contrincantes y defender su criticado gobierno. Su hijo Santiago se está preparando con trabajo privado antes de ir a lo público.

Álvaro Uribe es el rey del Twitter y sus 280 caracteres, con los que mueve mucha opinión pública. Además, tiene escaño en el Senado. No tiene delfín, sino delfines muy criticados: Tomás y Jerónimo, quienes ejercen como prósperos empresarios. Juan Manuel Santos fue copropietario de EL TIEMPO, y su hijo Martín ya ejerce como director de su Fundación Buen Gobierno.

Aquí vale la pena dejar para la historia cómo es la relación hoy entre los expresidentes. Para respaldar a Duque saltaron a la palestra política los que se pueden llamar Los ‘Tres tenores’ (Uribe, Pastrana y Gaviria). Se unieron tres exmandatarios que meses atrás utilizaban los medios para hablar mal el uno del otro, en público y en privado.

“¿Cuándo nos va a asegurar que no nos estamos yendo hacia una dictadura?”, le dijo Gaviria a Uribe.

“Insulta Gaviria, gobierno creador de narcos ‘pepes’ ”, le replicó Uribe.

“Mis asesores están siendo llamados al nuevo gobierno. En cambio, los de Uribe están siendo llamados a indagatoria”. Duro golpe de Pastrana a Uribe.

“El expresidente Pastrana nos entregó el país literalmente secuestrado”, le respondió Uribe a Pastrana.

“Gaviria es el eslabón perdido del proceso 8.000”, comentó Pastrana de Gaviria.

“Entiendo el remordimiento que debe acompañar a Pastrana. No tuvo el coraje de dar a conocer las grabaciones antes de las elecciones”, le contestó Gaviria.

Comenzando la administración de Duque, los ‘Tres tenores’ (Uribe, Pastrana y Gaviria) se tomaron la foto y fumaron la pipa de la paz. ¿Hasta cuándo? Averígüelo, Vargas.

AMÍLKAR HERNÁNDEZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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