Editorial

Urge innovar

Aumento de los cultivos ilícitos tiene que ser un problema de máxima prioridad del Gobierno.

Por: Editorial
05 de noviembre 2018 , 11:15 p.m.

El cultivo ilícito de coca y marihuana y la producción y distribución de las sustancias prohibidas derivadas de estas siguen estando en lo más alto de la agenda informativa. Y, desde luego, de la preocupación nacional, pues son la raíz de buena parte de los fenómenos de crimen organizado que hoy amenazan la seguridad del país.

Al tiempo que en los últimos días se anunció que este año ya se han erradicado más de 43.000 hectáreas de coca –con una resiembra del 25 %– y que la ONU ha certificado que familias han sustituido 30.265 por cultivos legales, este diario informó este lunes sobre el avance en las pruebas de la molécula glufosinato de amonio como remplazo del glifosato. Lo anterior, de cara a un hipotético, pero cada vez más probable, regreso de las fumigaciones por vía aérea.

A estos sucesos deben sumarse el inicio de un plan piloto de fumigación con drones –utilizando glifosato– en el bajo Cauca antioqueño, impulsado por la gobernación de este departamento, y un paquete de propuestas del fiscal general, Néstor Humberto Martínez, para atacar otros eslabones de la cadena, acompañado de acciones novedosas que van más allá de la erradicación o fumigación de las plantas.

Martínez plantea suspender el servicio de electricidad en aquellos predios donde funcionen invernaderos para el cultivo de la marihuana ‘creepy’, restringir fuertemente la venta de gasolina y cemento en zonas de alta concentración de estas plantaciones y recurrir a innovación en bioingeniería para reducir significativamente la productividad de las variedades de coca hoy utilizadas, las cuales, según el mismo Fiscal, logran hasta siete cosechas al año.

No todos los esfuerzos se pueden enfocar en una dirección. No solo hay que atacar otros actores y eslabones, sino hacerlo en forma audaz

Algo está claro y es que el crecimiento de los cultivos, con todo lo que esto arrastra, debe ser máxima prioridad del Gobierno. También es evidente que las herramientas y estrategias hasta ahora utilizadas no han mostrado la efectividad requerida, de ahí que sea necesario buscar alternativas, tal y como está ocurriendo. Esto ya de por sí es valioso.

En lo concerniente a la fumigación, el uso de los drones, inexistente hace un lustro, aparece como opción para minimizar serios efectos colaterales propios de la aspersión desde aviones de fumigación. Una nueva molécula y el seguimiento de las pautas que fijó la Corte Constitucional –una obligación, sin duda– deben llevar a un escenario en el que esta arma haga su aporte al propósito de reducir las hectáreas cultivadas.

Aun así, está claro que no todos los esfuerzos se pueden enfocar en esta dirección, y es ahí donde hay que valorar la propuesta del Fiscal General. No solo hay que atacar otros actores y eslabones, sino que urge hacerlo de formas audaces.

Como lo expresaron los expertos consultados por este diario, algunas de estas ideas ya han sido implementadas, mientras que otras requieren una puesta en práctica cuidadosa para que no terminen perjudicando a quienes nada tienen que ver con esta industria criminal. Ya habrá tiempo de un análisis más detallado, pero, por lo pronto, hay que reconocer lo oportuno y necesario de buscar nuevas maneras de abordar un problema ciertamente crítico.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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