Editorial

Una pesadilla venezolana

El país parece un Estado fallido en manos del chavismo, pero con otras estructuras culpables.

Por: Editorial
08 de diciembre 2018 , 11:30 p.m.

El pasado 6 de diciembre se cumplieron 20 años del triunfo de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de Venezuela, fecha que fue celebrada por miles en las calles de Caracas, mientras que millones se amargaban desde otros países a los que fueron forzados a migrar por la miseria y las restricciones de las libertades individuales.

Los primeros, por supuesto, forman parte de ese clientelismo barrial, cada vez más pequeño, que se beneficia del asistencialismo que puso a rodar el ‘comandante’ aprovechando los precios del petróleo a más de 100 dólares el barril. Los otros, en cambio, no logran reconocer en lo que se ha convertido su país: una de las economías peor manejadas del mundo, como lo muestran los indicadores sociales y económicos, que son difícilmente apelables a la hora de los balances.

Pero, para llegar a esta especie de Estado fallido, no toda la culpa es del chavismo. Después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, en 1958, los partidos tradicionales, Acción Democrática y Copei, no lograron que la renta petrolera beneficiara a toda la población, por lo que en Venezuela convivían dos mundos, el de la opulencia exhibicionista y el de la pobreza inexplicable para un país con PIB de nación del primer mundo. ‘Venezuela saudita’, llamaban a la patria de Bolívar, que fue el destino de miles de colombianos en pos del ‘sueño venezolano’.

Esos desequilibrios estructurales crearon las condiciones para el ascenso del carismático teniente coronel, célebre por la intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez, en 1992, y que justo antes de las elecciones había sido indultado por Rafael Caldera. Llegó al poder aupado por empresarios, sindicatos, intelectuales, medios de comunicación, banqueros y militares que vieron en él la salida al estado de corrupción bipartidista y a la crisis económica. Era él o el precipicio.

Había entonces en América Latina una especie de transición institucional, al tono del desprestigio de los partidos tradicionales, pues mientras unos países salían de dictaduras, algunos apelaban a ‘outsiders’ de mano dura (Fujimori en Perú) y otros intentaban recomponer sus democracias con constituyentes (Colombia), en medio de duros sacudones económicos globales. Venezuela optó por un exmilitar con verbo de predicador que en poco tiempo habló de refundar el país, de revolución socialista, de alianza cívico-militar, de antiimperialismo y de cambios en los modelos de producción.

“¡Exprópiese!” fue su orden favorita. Así se levantó una revolución asistencialista que mejoró inicialmente las condiciones de vida de la población, en especial los más pobres, a costa de las libertades individuales y la democracia liberal para aplicar el modelo revolucionario cubano, con altísimo control social y un gobierno totalitario.

Aunque el juicio de la historia difícilmente se puede hacer en apenas 20 años, qué pronto se desdibujó esta revolución. Y lo que viene es peor. Al pueblo venezolano le urge recuperar su país

En paralelo, forjó un movimiento continental, el socialismo del siglo XXI, bajo cuya sombra crecieron o se inscribieron partidos de izquierda que conquistaron el poder. Pero el precio de más de 100 dólares el barril no iba a ser eterno, y las costuras de la corrupción y fatales errores en el manejo económico empezaron a pasar factura. La pobreza del 87 por ciento no tiene justificación para un país con semejantes reservas de petróleo. Ni la hiperinflación, el desabastecimiento o las familias que buscan comida en las basuras. Chávez tampoco fue eterno, y un cáncer se lo llevó en el 2013.

Por lo mismo, el evidente descalabro de la ‘revolución bolivariana’ no se le puede endilgar solo a la incapacidad de Maduro, como lo pretenden chavistas hoy marginados, sino que ya había un desplome antes de la muerte del caudillo de Barinas.

En esta historia, Colombia tiene mucho que contar. El chavismo llevó a unas relaciones de altibajos que tuvieron un momento cumbre cuando los intercambios comerciales superaron los 7.000 millones de dólares en 2008, el mismo año del peor momento, cuando, tras el bombardeo en que murió en Ecuador uno de los líderes de las Farc, ‘Raúl Reyes’, Chávez ordenó movilizar a la frontera “diez batallones”.

Desde entonces, el apadrinamiento del ‘comandante’ a la paz con las Farc fue clave hasta el estado actual, en el que no hay embajador, Bogotá no reconoce el resultado de las presidenciales y lidera la aplicación de la Carta Democrática por considerar que Maduro es un “dictador”. Y, más allá de este rosario, la llegada del millón, y quizás más, de inmigrantes cuya recepción implica solidaridad, pero que también impacta las arcas públicas.

Aunque el juicio de la historia difícilmente se puede hacer en apenas 20 años, qué pronto se desdibujó esta revolución. Y lo que viene es peor: una hiperinflación de 10 millones y un nuevo pico de inmigración cuando se posesione Maduro el 10 de enero. Al pueblo venezolano le urge recuperar su bravura. Y también su país.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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