Editorial

Supersónicos

Aún está lejos conseguir que la materia vaya de un sitio a otro como si fuera un mensaje de texto.

21 de julio 2017 , 01:36 a.m.

Fue el escritor Charles Hoy Fort quien, en los años 30 del siglo pasado, habló de “fenómenos anómalos” y acuñó la palabra ‘teletransportación’. Fueron las series de televisión de hace varias décadas, series como 'Viaje a las estrellas' y 'Los supersónicos', las que popularizaron tanto el término como la idea: por cuestiones de presupuesto, los productores de 'Viaje a las estrellas' pusieron a sus emblemáticos personajes a desintegrarse átomo por átomo en un punto A, por obra y gracia de un rayo de ciencia ficción, y a aparecer luego en un punto B perfectamente reconstruidos.

Desde hace más de cinco años, un grupo de científicos chinos han estado ensayando la transmisión de fotones de un lugar a otro. En el 2012 consiguieron enviar una partícula de luz a 100 kilómetros de distancia. Este año, según dicen, han conseguido teletransportar una partícula más a un satélite a 1.400 kilómetros de la Tierra. Y de inmediato viene a la mente la fantasía de recorrer el mundo sin tener que montarse en un avión o la esperanza de que esa sea la solución definitiva de los problemas de movilidad en Bogotá.

Aún están lejos, sin embargo, de conseguir que la materia vaya de un sitio a otro como si se tratara de un mensaje de texto, de un correo electrónico. Se ha logrado, hasta ahora, enviar la información de una sola partícula: los científicos chinos, que trabajan en un laboratorio en el Tíbet, dispararon un haz de luz hacia el satélite Micius, pero aquello de meterse en una cabina en Colombia para aparecer en Groenlandia unos segundos después sigue sucediendo en la literatura.

El experimento tiene, eso sí, una utilidad innegable: la creación de redes nuevas basadas en la tecnología cuántica, que no puedan ser observadas sin ser alteradas, a salvo de los espionajes que han vuelto inseguras las comunicaciones de nuestros tiempos. Sí, aún será necesario construir metros, pensarse sistemas de buses y refugiarse en taxis en las tardes, pero vendrá una internet cuántica que quizás haga más difícil atacar y robar la información que viaje por ese mundo cada vez menos ancho y cada vez menos ajeno.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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