Editorial

Reventa vergonzosa

Es lamentable la manera como, según la SIC, la plana mayor del fútbol colombiano engañó a la afición

01 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

En tiempos en que una de las pocas cuestiones que generan consenso unánime en Colombia es la necesidad de que regrese la ética a los más diversos campos, las revelaciones de la Superintendencia de Industria y Comercio sobre la manera como la Federación Colombiana de Fútbol vendió las boletas para los partidos de la pasada eliminatoria producen comprensible desconcierto.

Y es que así como de los futbolistas se espera, además de victorias y derroche de talento, un comportamiento ejemplar, pues son referente de millones, a quienes tienen el control del gran negocio del balompié profesional también se les debe exigir que sus labores las desempeñen siguiendo los más estrictos cánones éticos. Es cierto que no son funcionarios públicos y tienen a su cargo recursos privados, pero es verdad también que su actividad reviste una trascendencia social y cultural como muy pocas en la sociedad.

Hay que decir que el trabajo del ente regulador fue serio y riguroso. Una mirada a la resolución mediante la cual se abre una investigación y se formula pliego de cargos a los 18 implicados permite hallar numerosa y contundente evidencia acerca de cómo, desde el primer momento, se tuvo claro que detrás de la adjudicación de la venta de las entradas existía la clara intención de revender un porcentaje importante de estas a precios hasta 350 por ciento por encima del anunciado. Según la Superintendencia, la federación participó en una dinámica fraudulenta o defraudatoria en asocio con el autodenominado Grupo/Socios Ticketya y la firma Ticket Shop.

Le corresponde a la Fiscalía evaluar si estas conductas infringieron el Código Penal y responder otras preguntas que quedan en el aire.

El hecho que llamó la atención de la Superintendencia fue la forma misteriosa como el 8 de agosto del año pasado fueron supuestamente vendidas en cuestión de minutos en el sitio web de Ticket Shop las 14.207 boletas del partido contra Brasil, disponibles para el público. Un engaño a la afición, pues estas ya estaban comprometidas. Su destino: los socios de la firma Ticketya. Asegura la SIC que para esta empresa, el partido contra los tetracampeones del mundo representaba “una oportunidad para maximizar sus ganancias en consideración de los sobrecostos que serían transferidos en la reventa a los consumidores y clientes”.

Por desgracia, no es algo nuevo. De hecho, este escándalo tiene entre sus protagonistas a Alberto Romero, quien ya había estado en medio de dos tormentas similares a esta y también motivadas por manejos poco claros de la boletería en 1998 y 2001.

Le corresponde ahora a la Fiscalía evaluar si estas conductas infringieron el Código Penal. Así como responder todas las preguntas que quedan en el aire, incluidas aquellas sobre el origen y destino de los millonarios recursos que se movieron. A la ciudadanía le corresponde también enviar un contundente mensaje de rechazo a quienes orquestaron este negociado. Independiente de las implicaciones que tenga, se trató de un vil engaño, y, hay que reiterarlo, las pruebas apuntan a que todos los involucrados tenían pleno conocimiento. En el peor de los casos, es un irrespeto hacia los hinchas, quienes con su pasión y sus recursos alimentan la gran industria del entretenimiento en la que se ha convertido este deporte.

editorial@eltiempo.com

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