Editorial

Proteger a las pequeñas

Una preocupante amenaza se cierne hoy sobre las niñas en América Latina.

Por: Editorial
09 de febrero 2019 , 11:23 p.m.

Un especial digital elaborado por la Unidad de Datos de este diario, en asocio con otros siete pertenecientes al Grupo de Diarios de América, le puso cifras y emociones al gravísimo problema de las violencias de género contra las niñas de América Latina.

‘Pequeñas inocentes’, como se titula el trabajo periodístico, estableció en 614 el número de niñas y adolescentes asesinadas en siete países –Colombia, El Salvador, Argentina, Brasil, Perú, Costa Rica y México– en los últimos seis años “por el solo hecho de haber nacido mujeres”. El caso más aterrador es el de El Salvador, que aporta a esta cifra 157 feminicidios.

Leer los relatos de los casos recopilados por los y las periodistas y escuchar de voz de las víctimas los crudos testimonios que dan cuenta de lo vivido y de su sufrimiento nos pone frente al deber moral de exigir acciones para que los gobiernos y la sociedad actúen sobre las causas estructurales de este horrendo problema.

La labor periodística, que fue más allá de lo que pueden decir acerca de estos casos los expedientes judiciales, revela algo que no es nuevo, pero que no por ello deja de ser aterrador: los lugares más peligrosos para millones de menores son sus hogares y sus colegios.

Fue en estos espacios donde sucedieron la mayoría de los episodios de violencia sexual contra ellas y de los cuales fueron responsables, también en la mayor parte de los casos, personas que no eran ajenas al círculo familiar o social de la víctima. Tristemente, no pocas veces el agresor fue alguien tan cercano como el propio padre, como ocurrió con Letizia Tanzi, de apenas 13 años, asesinada por su progenitor luego de una denuncia por violación que sacó a la luz el diario ‘O Globo’ de Brasil como parte del especial.

Aunque es válido preguntar si este nivel de descomposición social no es nuevo, sino que simplemente permaneció por siglos oculto, esta no puede ser razón para asumirlo como normal y que la sociedad y el Estado evadan la responsabilidad de hacer algo para transformar tal realidad.

Es necesario que cada Estado desarrolle cuanto antes sistemas de información confiables, transparentes y robustos que sean el punto de partida de las políticas para afrontar el dramático problema. Es una constante en todos los siete países que los datos estén fragmentados, de ahí que los hechos que tienen características de feminicidio se sigan considerando homicidios. Las políticas públicas no atacan el fenómeno. La inversión de recursos para afrontar el desafío no se compadece con la abrumadora realidad.

Cada estado debe desarrollar cuanto antes sistemas de información confiables, transparentes y robustos que sean el punto de partida de las políticas para afrontar el problema

A la sociedad hay que hacerle un llamado para que relatos tan estremecedores no conduzcan a una reacción de negación: a dar la espalda, a no querer saber más del tema. Lo cierto es que esta es una de esas problemáticas sociales que exigen el aporte de cada ciudadano. Se requieren más ojos y más cuidados en los espacios cotidianos: estar alerta, escuchar a las niñas, informarse sobre cuáles son las señales que indican la posible ocurrencia de una agresión. Así mismo, hay que hacer una pausa como sociedad para poner en evidencia múltiples conductas, vocablos, comportamientos cotidianos que reflejen machismos que acaban favoreciendo directa o indirectamente las violencias contra ellas.

Urge también llamar la atención acerca de cómo las agresiones sexuales contra las niñas dan pie a otros círculos viciosos violentos. Ahí está el caso registrado por el diario ‘La Nación’ de Argentina, en el que el hermano de Chiara Páez, de 14 años, asesinada por su novio, asegura que vengará su muerte. Cuando una tragedia así ocurre, es necesaria la asistencia sicosocial a todo el círculo familiar. Quienes sobreviven deben recibir apoyo sicológico del sistema de salud para que sus emociones no den pie a semillas de violencias de otro tipo.

A cada actor le corresponde su parte para que comiencen, por fin, a disminuir los altos índices de impunidad, que son otra constante. En los siete escenarios examinados, la relación entre casos abiertos y condenas a culpables deja claro que la justicia no está actuando. Para ello hay que concentrarse en la elaboración de los mencionados sistemas de información; pero, sobre todo, debe ser un propósito de Estado no menospreciar más las violencias de género, y ello se tiene que traducir, entre otras acciones, en protocolos, rutas de atención y capacitación suficiente para los operadores judiciales que reciben a las menores víctimas para evitar que recurrir a la justicia constituya una revictimización. Salvo contadas excepciones, no parece haber sistemas judiciales que actúen ni instituciones estatales que prevengan estos hechos. Llegó el momento de revertir esta cruel realidad. No hay razón para quedarse con los brazos cruzados.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

Despierta con las noticias más importantes.Inscríbete a nuestro Boletín del día.

INSCRIBIRSE

MÁS EDITORIALES

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA