Editorial

Ovación para Caterine

Su logro más reciente recuerda que sus incontables virtudes las comparte con millones de colombianos

Por: EDITORIAL 
05 de diciembre 2018 , 07:20 p.m.

En tiempos agitados como los que corren, cayó como un verdadero bálsamo la noticia del premio a la mejor atleta del mundo a Caterine Ibargüen, entregado por la Federación Internacional de Atletismo en ceremonia que tuvo lugar el martes pasado en Mónaco.

Es como si fuera necesario repetirlo varias veces para poder dimensionar su importancia: la deportista de Apartadó fue la más destacada del 2018 entre todas las atletas del planeta, gracias a sus éxitos en el salto triple, modalidad en la que ya obtuvo una plata y un oro olímpicos, nada menos, además de cinco títulos consecutivos en la Liga de Diamante. Y ahora en el salto largo, estilo que había abandonado y retomó este año para obtener medalla de oro centroamericana y también el título en la ya mencionada Liga de Diamante.

Para llegar tan alto, Ibargüen ha demostrado esas virtudes tan propias de nuestros deportistas –y de millones de compatriotas, valga decirlo– entre las que se destacan tenacidad, perseverancia, rigor, compromiso y, de último pero no menos importante y especialmente notable en el caso de Caterine, una mística particular que se asoma en cada una de sus sonrisas. Virtudes que le permiten ser lo que hoy llamarían vector de buena energía. Demuestra una y otra vez una actitud que combina entereza, sencillez y armonía, y la ha llevado a sobresalir tanto dentro como fuera de los escenarios: acaba de recibir su grado como enfermera.

En este punto hay que reconocer también que todas las aptitudes y toda la disposición de la atleta antioqueña encontraron en los encargados de promover e impulsar talentos una respuesta oportuna y adecuada. No fue, afortunadamente, el suyo un caso de un diamante que quedó en bruto. Todo lo contrario: desde hace varios años cuenta con el apoyo integral –un cuerpo técnico y un cuerpo médico a su servicio– oportuno y constante de Coldeportes, que le permite concentrarse únicamente en su desempeño en las pistas, como tiene que ser con los deportistas de alto rendimiento.

Por supuesto, este éxito envía un mensaje preciso: la necesidad de continuar por esta senda. Por fortuna, ya hay compromisos claros del presidente Iván Duque para que el apoyo al deporte, con miras, sobre todo, a los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se mantenga igual de robusto. Este y otros tantos resultados cosechados en los últimos tiempos son argumento de sobra para que así sea.

También debe motivar a continuar con la labor de identificar en qué regiones hay mayor potencial para equis o ye disciplina. Esto permite optimizar los recursos destinados a pulir talentos desde la base, para que desde muy jóvenes cuenten con una preparación adecuada. Con frecuencia nos topamos con evidencia de que en Colombia hay materia prima suficiente. Por suerte, y esto hay que reconocerlo, con todas las limitaciones presupuestales, en épocas recientes la promoción y preparación de talentos deportivos han sido una política de Estado que se ha mantenido ajena a los avatares de la política. Este y otros logros –los que ya llegaron y los que vendrán– son la recompensa y la señal de que hacer las cosas bien, con objetivos claros y prioridades inamovibles, da frutos que maduran en alegrías y buena imagen para todo un país.

editorial@eltiempo.com

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