Editorial

Motos que contaminan

Poco o nada suele decirse del impacto negativo que hoy producen estos vehículos en el medio ambiente

13 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

De las múltiples fuentes de contaminación que hoy aquejan a Bogotá, y muy seguramente a las principales ciudades del país, la que generan las motocicletas es quizás la menos ventilada. El crecimiento exponencial de este tipo de vehículos –de un mil por ciento en los últimos diez años– los ha convertido en un actor clave de la movilidad y en blanco permanente de las autoridades, dada la racha de accidentes en que se ven envueltos. Al menos el 50 por ciento de las muertes que ocurren en incidentes de tránsito involucran a un motociclista.

Pero poco o nada suele decirse del impacto que hoy producen en materia ambiental, esto es, exceso de ruido y contaminación del aire. Un reciente informe de la Universidad Nacional dio cuenta de que el 52 por ciento del parque automotor en Colombia corresponde a motos. Es un crecimiento que se mantendrá por razones de comodidad, rapidez, empleo o alternativa como medio de transporte. Lo grave del asunto es que buena parte de las motos son de dos tiempos, es decir, las que más contaminan debido al mal mantenimiento de estas y a la obsolescencia de su sistema de funcionamiento.

En el caso de Bogotá, el número de motos que ruedan por sus calles es cercano a 480.000. Y de ellas, 227.000 pertenecen al grupo de 125 centímetros cúbicos, es decir, las que no pagan impuestos, son baratas, las utilizan básicamente para trabajo y, por tanto, su impacto es mayor en materia medioambiental. Lo más inquietante es que cada vez que se ha intentado meterlas en cintura, sus propietarios o las organizaciones que las agrupan amenazan con bloqueos y movilizaciones, lo cual lleva a que las autoridades terminen cediendo antes que soportar un caos mayor.

Por cada persona que se baja de un bus y se pasa a una motocicleta de 125 cm³ se generan diez veces más emisiones de CO2 al aire.

Sorprende que en este caso, ni los ambientalistas, ni la dirigencia política ni las propias autoridades promuevan debates para que este tipo de motos sean objeto de revisiones más estrictas, se les impongan tributos acorde con el daño que ocasionan a la salud de las personas y se reduzca la tasa de accidentes, que el año pasado dejó 105 muertos entre enero y agosto, la misma que se registra en el 2018 para dicho período. No se trata de estigmatizar a quienes usan esta clase de motos. Se entiende que gracias a ellas miles de personas hoy obtienen su sustento diario y el de sus familias. Mas sí cabe aclarar que existe un grado de corresponsabilidad con la ciudad y con la calidad de vida de sus habitantes.

Expertos en la materia, que han sido consultados por este diario, advierten que por cada persona que se pasa de un bus de servicio público a una moto de 125 centímetros cúbicos se terminan generando diez veces más emisiones de CO2 al aire que si esa persona se mantuviera en el bus. Las motos aportan el 9 por ciento de la contaminación en Bogotá proveniente de fuentes móviles.

Ahora que se condena a la Administración Distrital por la tala de árboles o se disparan las redes sociales por la contaminación que producen los buses del sistema TransMilenio, qué interesante sería plantear el debate con todos los generadores de gases de efecto invernadero, ruido excesivo y accidentes lamentables en la ciudad. Sería apenas justo.

editorial@eltiempo.com

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