Editorial

Lecciones de una elección

El sistema de frenos y contrapesos de la democracia estadounidense superó una prueba de fuego. 

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de noviembre 2018 , 11:30 p.m.

Si las elecciones de medio término del martes en EE. UU. eran consideradas una especie de termómetro o de referendo sobre la gestión de casi dos años del presidente Donald Trump, hay que decir que los estadounidenses no están tan disgustados como se percibe desde afuera con el trabajo del polémico mandatario, cuyo partido amplió su dominio en el Senado, aun cuando cedió el control de la Cámara de Representantes.

Esto, en medio de un clima político de amplia polarización en general y de tormentas dentro del Ejecutivo que terminaron desencadenando la renuncia, ayer mismo, del fiscal general Jeff Sessions –por sugerencia de Trump–, un hecho que podría tener repercusiones en la investigación acerca de la presunta injerencia de Moscú en las elecciones que le dieron la presidencia al magnate.

En realidad, como lo apuntaron los análisis de los medios de comunicación, lo sucedido con los demócratas fue una ola azul, no un tsunami, aunque los sondeos vaticinaban un escenario mucho más favorable para el partido opositor. Y no es que esperaran que los del burro barrieran en las dos cámaras, pero al menos que, así como conquistaron la Cámara después de casi diez años, no perdieran escaños en el Senado, que fue lo que pasó al final.

No por esto ha de desdeñarse el triunfo demócrata en la Cámara. Significa, ni más ni menos, que Trump deberá negociar con ellos si quiere sacar su agenda adelante, y que estos lo pueden llenar de investigaciones para minarlo de cara a su eventual deseo reeleccionista.

Se vio una democracia pujante y diversa que, más allá de Trump, muestra una alentadora faceta de renovación
y apertura.


Hoy, el dinero para el muro que Trump pretendía construir en la frontera con México y el desmantelamiento de la reforma del sistema de salud de Obama están más en veremos que nunca. Ahora bien, los demócratas tienen que guardar un delicado equilibrio para no parecer obstruccionistas, pues podrían ser castigados en las próximas elecciones.

En un contexto más amplio, estos comicios reflejan el vigor de una democracia pujante y diversa que, más allá de Washington y de las posturas excluyentes y xenófobas de Trump, muestra una faceta de renovación y apertura, como la elección de un buen número de latinos, afros, dos nativas americanas y dos musulmanas (de origen palestino y somalí) para el Congreso, y la llegada del primer político abiertamente homosexual a la Gobernación de Colorado. Brillaron las mujeres.

En ese sentido, merecen mención aparte los logros de candidatas colombianas o de origen colombiano que consiguieron sus escaños en asambleas estatales, algunas de ellas dreamers, cuyas historias de tenacidad y de vida son dignas de resaltar.

Siempre se ha criticado el sistema electoral estadounidense por su complejidad y falta de uniformidad, pero elecciones como la del martes demuestran que, por un lado, garantizan que funcionen los sistemas de frenos y contrapesos para que alguno de sus componentes no acumule demasiados poderes y, por otro, que, pese a la polarización, permite el surgimiento de liderazgos que dan pie a la esperanza. Esa, quizás, es la principal lección.

editorial@eltiempo.com

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