Editorial

Lecciones de Guatemala

La captura, por corrupción, del expresidente Álvaro Colom envía un mensaje contundente.

15 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Cuando el pueblo guatemalteco se volcó a las calles en agosto de 2017, en apoyo a la decisión de destituir y meter preso a su presidente Otto Pérez Molina, el mundo creyó que se trataba de una valiente expresión aislada de justicia de un pueblo golpeado históricamente por la corrupción. Pero, hace dos días, de nuevo ese país centroamericano dio otra lección al rodear a sus autoridades, que ordenaron la captura de un segundo expresidente: Álvaro Colom Caballeros. Parecen ser días en los que mandatarios cuestionados se quedan sin oxígeno. Muy lejos de allí, en Sudáfrica, su presidente, Jacob Zuma, renunció ayer, también por señalamientos de corrupción.

El caso es que Colom gozaba de gran prestigio y de una especie de inmunidad tras haber sido nombrado representante especial de la OEA en la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en la vecina Honduras. Pero eso no le importó a la Fiscalía, que, de la mano de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), ordenó la captura del mandatario y de 9 miembros de su gabinete por un monumental peculado y fraude que se creía enterrado.

Luego de remover expedientes que datan de 2009, los investigadores, liderados por el exmagistrado colombiano Iván Velásquez Gómez, descubrieron una sustracción del erario superior a los 35 millones de dólares. La jugosa coima, solo comparable con las que pagó la multinacional Odebrecht, aceitó un contrato para impulsar un nuevo modelo de transporte público. No valió que hubieran pasado nueve años del ilícito del cual se acusa a Colom, quien fue detenido, esposado y enviado a una cárcel, aunque recibió el apoyo de algunos sectores y pregonó su inocencia.

Enhorabuena para el pueblo guatemalteco, que se ha movilizado contra la corrupción y a favor de la justicia.

Tampoco han importado los ataques recibidos por Velásquez, quien en Colombia fue objeto de montajes en su contra para tumbar la ‘parapolítica’; ni las embestidas que la prensa de ese país ha sufrido. De nuevo, Guatemala da una lección de coraje y justicia que varios Estados latinoamericanos observan en silencio mientras cierran investigaciones por prescripción o les otorgan rebajas y privilegios judiciales a empresarios, delincuentes y líderes locales involucrados, incluso, con bandas criminales y escandalosos actos de corrupción.

En Guatemala ya han caído más de 200 funcionarios, y están bajo la lupa ejecutivos de multinacionales y grandes empresarios. De hecho, su presidente, Jimmy Morales, también es investigado por giros oscuros. Estos casos son un reto para las autoridades colombianas, que deben demostrar que no necesitan ayuda de Estados Unidos ni de figuras como la Cicig para impartir justicia y limpiar la casa.

Enhorabuena para esa nación, que incluso está amenazada por abogados y políticos colombianos interesados en desacreditar a Velásquez, el mismo que no pudo llegar nunca a ser magistrado titular de la Corte Suprema de Colombia por oposición –entre otros– de Leonidas Bustos, investigado por su participación en el llamado ‘cartel de la toga’. Y enhorabuena para el pueblo guatemalteco, que vio recompensadas sus jornadas de protesta contra los corruptos y a favor de la justicia.

editorial@eltiempo.com

Álvaro Colom

Álvaro Colom, expresidente de Guatemala, acusado de casos de corrupción con contratos de transporte público.

Foto:

Reuters

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