Editorial

La operación Hércules

Romper la lógica de la ilegalidad basada en el narcotráfico es la misión de las FF. AA. en Nariño.

10 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Los colombianos volvieron a ver esta semana a nuestras Fuerzas Armadas en un enorme despliegue. Se trata de la más grande operación militar de los últimos tiempos, denominada Hércules, que compromete a unos 10.000 uniformados de todas las fuerzas y en la que diez municipios de Nariño, entre ellos varios de los más afectados en el país por los cultivos de coca, son el escenario de una delicada misión.

Casi 2.000 hombres fueron aerotransportados entre domingo y lunes en siete aviones de la Fuerza Aérea Colombiana que fueron y vinieron entre la costa Pacífica y el centro del país una y otra vez, en una muestra de profesionalismo y preparación de las tripulaciones y de todos aquellos relacionados con la compleja logística de poner donde se necesita, con todos sus apoyos y pertrechos, el pie de fuerza que requiere la Colombia del posconflicto.

La difícil situación del campo de operaciones está, si se quiere, sobrediagnosticada. Casi el 43 por ciento de los narcocultivos del país, presencia de todos los actores armados ilegales, incluidas las disidencias de las Farc; abandono estatal, pobreza y atraso centenarios se unen a una privilegiada posición geográfica que ha sido aprovechada por los traficantes, pero sobre todo por los narcos.

Además de Fuerza Pública, se requieren presencia estatal, educación, salud y desarrollo económico formal.

Este es el problema medular de esa región. Hoy por hoy, el Pacífico colombiano, especialmente el nariñense, está surcado por decenas de ‘trazas’ (rutas) que llevan cocaína hacia Ecuador y Centroamérica y de allí, al mercado de Estados Unidos. Romper esas lógicas de la ilegalidad –que tienen décadas, pero que se reforzaron en las últimas dos, cuando los cultivos de coca de Putumayo ‘saltaron hacia Nariño’– es la misión de fondo y clave de los militares y policías de Hércules.

Es un reto inaplazable que tiene que ver con la coca y el narcotráfico. Y con salvar vidas. En Tumaco, donde hay más de 23.000 hectáreas de coca, la tasa de homicidios cerró el 2017 en 75 por cada 100.000 habitantes, mientras que la tasa nacional está en menos de 23. Al tiempo, los niveles de pobreza y desempleo superan el 75 por ciento.

Por indicadores como esos, para el país es clave que el Estado no solo cope con sus fuerzas de seguridad y el aparato de justicia, como corresponde, las zonas de las que las Farc se retiraron en cumplimiento del proceso de paz, sino que aparezca también con educación, salud y desarrollo económico formal, cuya ausencia es el gran abono de los narcosembrados y de su cadena trágica.

El acuerdo de paz con las Farc es un logro histórico y un paso ineludible en la construcción del país que esperan todos los colombianos, especialmente los de las regiones más pobres. Pero no es suficiente. Después de la difícil firma viene una etapa –la implementación de lo acordado– que, como lo demuestran decenas de experiencias en el mundo, muchas veces suele terminar en fracaso y llevar, incluso, al rebrote de la violencia. Por todo ello, la operación Hércules es un paso obligado que el país tiene que respaldar. Como lo debe hacer la población local, que ha de entender que es en colaboración con las fuerzas legales como sale del atolladero. La meta debe ser que nuestra costa sea realmente pacífica y próspera.

- editorial@eltiempo.com

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