Editorial

La aplicación del Código

Los ciudadanos deben saber que cuentan con un manual de convivencia, y que tienen que cumplir normas

03 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Como se recordará, el 30 de enero del año pasado entró en vigencia el Nuevo Código de Policía y Convivencia, una herramienta que tiene que ver, en esencia, con las normas de comportamiento diario del ciudadano, y que se requería, pues el antiguo, de 1970, era un desueto rey de burlas, ya que las multas de 80 pesos, digamos, por arrojar basura a la calle sonaban más a chiste que a persuasión.

El actual apenas comienza a mostrar su utilidad. Después de una etapa pedagógica –ya en su aplicación rigurosa, el pasado 1.° de agosto, y hasta el 29 de diciembre de 2017, como lo informó este diario el domingo pasado–, se habían impuesto 391.513 multas a personas en todo el país. Bogotá cuenta con el mayor número, lógicamente, por ser la capital y por la cantidad de habitantes que en ella transcurren su vida.

Como sucede en todos los escenarios, hay ciudadanos ejemplares y hay quienes se pasan las normas por la faja. Pero es, precisamente, cuando se hace evidente la necesidad de una cartilla que reglamente el proceder de todos en sociedad.

En Bogotá, un vendedor ambulante debe 22 millones de pesos por 28 multas aplicadas por mal comportamiento; entre ellas, orinar en la calle. Otro más tiene a cuestas 14 amonestaciones. Aquí surge la inquietud general sobre la dudosa eficacia de las multas. Se piensa que seguramente nunca serán pagadas. A lo mejor en este punto hay un vacío. Sin embargo, si el infractor va a hacer un trámite con el Estado o es acreedor de beneficios, como subsidios, por ejemplo, solo lo podrá hacer si se pone al día, pues su cédula estará bloqueada: es decir, figura en el Registro Nacional de Medidas Correctivas.

Es urgente que las autoridades todas logren socializar y aplicar con rigor el Código de Policía, del que depende la armonía en sociedad.

De todas maneras, con los ajustes a que haya lugar, los colombianos tienen que saber y entender que deben cumplir unas normas, que tirar basura a la calle cuesta; lo mismo, portar armas cortopunzantes, por cuya causa ya fueron sancionadas 45.091 personas; igualmente, las peleas callejeras (32.000 personas han sido castigadas). Y es costoso ingerir licor en la calle, o consumir alucinógenos, entre muchas más.

En resumen, el Código busca que sepamos ser buenos ciudadanos. Es parte de esa urbanidad que se dejó de enseñar, castigada hoy con multas si no se cumple. Se temía que las alcaldías no estuvieran preparadas para su entrada en vigencia. Desde la habilitación de los sistemas de cobro de las multas hasta crear los centros de protección, a donde deben ser conducidas las personas borrachas. Aunque algunas se lo han tomado en serio, es una triste realidad. Cali, por ejemplo, apenas ha implementado un 50 por ciento de estas tareas.

Pero es alentador que hayan bajado las riñas, que los parques se hayan despejado un poco de consumidores. Hay que buscar que se logre aplicar en toda su extensión. Hay que hacer más efectivo el cobro. Se necesita conciencia de las autoridades todas, que la ciudadanía tenga el Código como un manual de convivencia, que sepa que es una herramienta para obligar a los demás a vivir en armonía. Si se comienza a enseñar desde las aulas, tal vez esta sociedad tenga un mejor comportamiento futuro. Es tarea de todos, pues de ello dependen la tranquilidad e inclusive la vida misma.

- editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA