Editorial

Férrea esperanza

La rehabilitación de dos vías del tren constituye una gran noticia, pero se requieren más esfuerzos.

21 de mayo 2018 , 02:53 a.m.

En medio del aluvión de sucesos de los últimos días en Colombia, una buena noticia pasó casi desapercibida: esta la constituye el anuncio de la Agencia Nacional de Infraestructura de la rehabilitación de cerca de 900 kilómetros de vía férrea. Se trata de los tramos Dorada (Caldas)-Chiriguaná (Cesar) y Bogotá-Belencito (Boyacá). En ambos casos, la ola invernal que azotó al país entre 2010 y 2011 les causó graves daños que obligaron a costosas intervenciones por un total de 420.298 millones de pesos.

Es un lugar común en las conversaciones cotidianas el lamento por la situación de este modo de transporte en Colombia. Desde la liquidación de los Ferrocarriles Nacionales, a comienzos de la década de 1990, han sido abundantes los anuncios esperanzadores, pero más bien escasos los logros concretos en la tarea de que el país vuelva a contar con una infraestructura férrea óptima y competitiva.

Con excepción del tramo entre Chiriguaná y Santa Marta, hoy en muy buenas condiciones gracias a las cuales se pueden transportar por él hasta 112.000 toneladas diarias de carbón, y del que un poco más al norte se utiliza con el mismo fin para llevar a los barcos el carbón del Cerrejón, la situación de las carrileras está lejos de lo dibujado en los múltiples anuncios: todo lo contrario, el panorama es más bien desalentador. Aquí sobresale la frustración que ha representado para toda una región el caso del Ferrocarril del Pacífico, que conecta a Buenaventura con el Eje Cafetero. Varias firmas lo han tenido a cargo sin que ninguna haya logrado consolidar la operación.

Hay que decir, sin embargo, que el anuncio de marras, junto con las imágenes de los trenes de prueba de nuevo circulando por estos corredores, es esperanzador. Sobra repetir lo crucial que es para la competitividad del país poder contar con estos tramos funcionando al tope de su capacidad. Es también muy positivo que se le apueste a la intermodalidad: el mes pasado se hizo una prueba exitosa de transporte de acero desde Barranquilla hasta Bogotá involucrando barcazas, tren y tractomulas.

Hay que redoblar la apuesta para garantizar que esta sea una opción competitiva. De lo contrario, todo quedará en buenas intenciones

Todo lo anterior amerita un llamado a no bajar la guardia y a redoblar la apuesta. Así como se hizo el esfuerzo para recuperarlos, se necesitan otros iguales para garantizar una operación eficiente y continua. Las previsiones iniciales en términos de toneladas que se transportarán por ellos: 3.000 mensuales en el caso de Bogotá-Belencito y 60.000 en el caso de Dorada-Chiriguaná invitan a ser más ambiciosos.

Para ello, conocedores de la materia advierten que es necesario un mantenimiento permanente de las vías e incluso nuevas inversiones para reducir al máximo el riesgo de incidentes como descarrilamientos de los trenes. Recordemos que estos eran la constante en los últimos años de los Ferrocarriles Nacionales y una de las razones por las que dejaron de ser una opción atractiva para los gremios de la producción.

Más recientemente, con dolor, hay que remitirse al caso del Ferrocarril del Pacífico, del cual hay que extraer lecciones para que esta nueva apuesta sea el tan esperado primer paso del regreso definitivo del tren.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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