Editorial

El ritmo sigue lento

La economía colombiana mejoró en el tercer trimestre, pero la desaceleración es todavía notoria.

16 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Desde cuando los vientos de la desaceleración empezaron a soplar sobre el territorio nacional tras el desplome en las cotizaciones de los bienes primarios que exporta el país, los analistas comenzaron a recortar sus apuestas acerca de la marcha de la economía colombiana. En tal sentido, no hay sorpresa alguna con respecto al dato de crecimiento del producto interno bruto (PIB) durante el tercer trimestre del año, que según el Dane fue de un tímido 2 por ciento.

Tal vez la cifra no le diga mucho a la ciudadanía, pero los entendidos saben que un número tan bajo implica que andamos a un ritmo lento, inferior a nuestro promedio histórico y muy por debajo de los guarismos alcanzados durante buena parte de este siglo. Andar tan despacio implica que las oportunidades de empleo serán menores, con lo cual ganarle la batalla a la pobreza y la marginalidad se convertirá en todo un desafío.

Lo rescatable es que hay una leve mejoría en marcha. A fin de cuentas, la expansión del PIB durante la primera parte de 2017 apenas llegó al 1,2 por ciento. Ahora empiezan a verse señales de reactivación que dan la impresión de que lo peor quedó atrás, aunque falta mucho tiempo para poder hablar del retoño del pasto y el regreso de las vacas gordas.

Puede sonar irónico, pero es precisamente la agricultura la que evita que el balance sea aún peor. La mejora en el rendimiento de las cosechas, especialmente la de café, lleva a que este sea el sector de mejor desempeño. El ciclo de precios favorables se combinó con la normalización de los patrones climáticos, permitiéndole al ramo conseguir su evolución más notable en lo que va del milenio.

Lo rescatable es que hay una leve mejoría en marcha. Empiezan a verse señales de reactivación que dan la impresión de que lo peor quedó atrás.

Tampoco le fue mal al capítulo de establecimientos financieros, seguros y actividades inmobiliarias, con una tasa de aumento del 3,2 por ciento entre julio y septiembre. Más allá de las luces amarillas que se encienden sobre la calidad de la cartera, los servicios de intermediación se expanden a una velocidad aceptable.

La otra cara de la moneda es la que muestra la minería, otrora el ramo de mayor dinamismo. El descenso en las cotizaciones del barril de petróleo o la tonelada de carbón indudablemente se siente en un renglón ligado a los ciclos, cuya época alcista es cosa del pasado, al menos durante un buen tiempo.

Es más inquietante notar que la construcción experimentó un fuerte tropiezo durante el trimestre pasado. Y es que si bien a las obras civiles no les fue nada mal gracias a la marcha de diferentes proyectos de infraestructura, las edificaciones cayeron en forma significativa. Parece que los programas orientados a apuntalar la demanda no han tenido el resultado esperado.

Para emitir un veredicto faltan las estadísticas referentes al comportamiento del consumo interno. La evidencia sugiere que los bajos índices de confianza juegan un papel clave en la marcha de una economía en la cual pesan las expectativas negativas.

Debido a ello es clave que las autoridades trabajen para convencer a los colombianos de que las cosas no están tan mal como muchos creen. Solo así será posible que la producción interna mejore y el año cierre al alza.

- editorial@eltiempo.com

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