Editorial

El genial Rigoberto Urán

El pedalista de Urrao tiene esa escasa virtud de ser espejo de lo mejor que los colombianos tenemos.

24 de julio 2017 , 12:18 a.m.

Comencemos por los hechos: desde hace cuatro años, todos los podios del Tour de Francia, principal carrera ciclística del planeta, han tenido a un colombiano. Sigamos: las últimas siete grandes vueltas, como se denomina a las tres máximas citas de este deporte (Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España) han contado con, por lo menos, un compatriota entre los cinco primeros.

Es una realidad, varias veces mencionada y aplaudida desde estos renglones, que nunca antes unos deportistas colombianos habían llevado tan alto y por tanto tiempo los colores del país en su respectiva disciplina. Se agotan los adjetivos para calificar lo vivido por el ciclismo colombiano, hoy representado por el genial Rigoberto Urán, segundo en el Tour de Francia finalizado ayer y ganador allí de una etapa memorable, en tiempos recientes.

El pedalista de Urrao tiene esa escasa virtud de ser espejo únicamente de lo mejor que todos los colombianos, sin importar la región, llevamos dentro: tesón, carisma, alegría inagotable, resiliencia, capacidad para levantarse y seguir, y hasta emprendimiento en los negocios. Urán es también el papá, el guía, de una generación brillante de ciclistas. Fue él quien abrió la senda primero para que Quintana, Chaves, Atapuma, Henao, Pantano, López y Betancur, entre muchos otros, llegaran a la élite y triunfaran allí. Pocos saben, por ejemplo, que Nairo Quintana llegó en el 2012 a Pamplona (España) desde Cómbita y encontró calor de hogar en la casa en la que para entonces vivía el gran Rigo.

Ahora miremos al futuro: tanto Uráncomo la mencionada generación de oro son fruto, casi todos, del trabajo riguroso de dos programas de promoción de talentos: el otrora denominado Orgullo Paisa y el que ha llevado a cabo el actual equipo Manzana Postobón. Desafortunadamente, y todo hay que decirlo, estas virtudes no siempre son la norma en el ámbito nacional en nuestro ciclismo, y tienen que serlo si lo que queremos es que la pasión que las glorias recientes han despertado se cristalice en una cultura ciclística que no solo dé alegrías a los aficionados, sino oportunidades de una mejor vida a cientos de jóvenes.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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