Editorial

El fenómeno Bolsonaro

El candidato de extrema derecha se perfila como el más seguro presidente de Brasil.

Por: Editorial
09 de octubre 2018 , 11:56 p.m.

El meteórico ascenso de los últimos días de Jair Bolsonaro, que le valió imponerse con rotundidad en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil el domingo pasado –aunque no evitar el balotaje–, pone ese país ante el escenario, muy probable, de elegir un candidato de extrema derecha que ha llegado a esta instancia con una plataforma racista, homofóbica, misógina y nostálgica de la dictadura.

Bolsonaro, un capitán retirado del ejército que hasta hace unos meses no figuraba en las cuentas de nadie, obtuvo el 46 por ciento de los votos, muy por delante de Fernando Haddad (29 por ciento), el heredero del encarcelado Lula da Silva, que terminó como el plan B del Partido de los Trabajadores (PT) luego de que el expresidente quedó fuera de carrera por decisión del Tribunal Electoral. Ellos dos disputarán la segunda vuelta, el 28 de octubre.

Propulsado por el hecho de haber sido víctima de una puñalada durante uno de sus mítines, Bolsonaro capitalizó hábilmente el descontento y la frustración de los brasileños por los escándalos de corrupción que han salpicado a prácticamente toda la clase política del país; por la recesión, que no cede desde el 2016, y por las altísimas tasas de inseguridad y violencia, que día a día baten récords. A lo que se sumó el enorme voto de rechazo contra el petismo, que llegó a un 40 por ciento, según las mediciones anteriores a los comicios.

Ante estas problemáticas, la solución planteada por Bolsonaro es tan simple como efectista: privatizar empresas públicas y negocios estatales bajo la receta de los neoliberales, para evitar que los dineros públicos terminen en manos de los políticos de turno y a fin de reflotar la economía; bajarles impuestos a los empresarios y perseguir a los evasores; flexibilizar la legislación para permitir que los ‘ciudadanos de bien’ porten armas, y lanzar una guerra sin cuartel contra la delincuencia, lo que incluiría rebajar la edad de imputación a los 16 años.

Todo esto cobijado con una muy efectiva campaña en redes sociales, que lo hicieron rey de las fake news y las cadenas de WhatsApp contra Haddad y Lula. “Brasil no merece ser gobernado desde la cárcel” fue una de las frases de más hondo calado, por las habituales reuniones de Haddad con Lula en su sitio de reclusión.

Por eso, cualquier parecido con el filipino Duterte o la campaña de Trump no parece coincidencia y se enmarca en lo que algunos analistas ya denominan la ola global del extremismo y el totalitarismo, que tiene en el magnate estadounidense a su más vistoso exponente, pero que en Europa y otros países cuenta también con orgullosos representantes.

Ahora viene, a la espera de los próximos sondeos, una etapa de negociaciones y alianzas para enfrentar el balotaje, pero los analistas coinciden en que a Haddad le será muy difícil torcer la tendencia de crecimiento de Bolsonaro, pues el domingo quedó muy lejos del 39 por ciento que tenía Lula en intenciones de voto antes de su inhabilitación. Pero aún faltan más de dos semanas, días claves para que los brasileños mediten sobre lo que será su futuro.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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