Editorial

El año que hoy termina

Aunque las Farc dejaron sus armas, el tema del 2017 en Colombia fue la corrupción.

30 de diciembre 2017 , 11:42 p.m.

Es un ritual muy común en los hogares colombianos escribir en un pedazo de papel todo aquello que queremos dejarle al año que termina. Enumeración que suele comenzar con el tradicional “al año viejo le dejo...”.

Si el país entero se pusiera en esta tarea, es bien probable que la lista empiece por los escándalos de corrupción, en particular el surgido al conocerse el alcance de los sobornos entregados por la firma constructora Odebrecht a funcionarios públicos y, al parecer, a congresistas con el fin de garantizar que le fueran adjudicados millonarios contratos. A renglón seguido iría el que con el tiempo ha sido llamado el ‘cartel de la toga’ y hoy tiene tras las rejas nada menos que a un expresidente de la Corte Suprema de Justicia: Francisco Ricaurte. El mismo episodio de cuya existencia se comentaba en pasillos, pero que solo vino a ser materia de investigación tras las confesiones de Luis Gustavo Moreno, quien fuera, vaya dolorosa paradoja, director nacional anticorrupción de la Fiscalía.

Así mismo, fue revelador del alcance de la codicia de los corruptos el saber que ni los niños están a salvo de su demencial afán de enriquecimiento: los programas de alimentación escolar fueron otra fuente de escándalos y anuncios de investigaciones de los entes de control.

Infame es también la situación en que hoy se encuentran líderes sociales, sobre todo en regiones donde se libran disputas por el control de rentas ilegales. El debate reciente sobre las causas de los 73 asesinatos de estas personas ocurridos este año no debe desviar la atención sobre la necesidad de que el Estado vuelque toda su capacidad para proteger a los líderes y garantizar que puedan seguir su lucha para que sean atendidas las demandas de los colombianos más vulnerables.

Muchas poblaciones que habitan territorios como el Catatumbo o la región Pacífica todavía no reciben noticias del posconflicto, mientras no se ve alternativa para los cultivos de coca. Aquí hay que ser muy claros en que en estos lugares la informalidad sigue imperando, en la medida en que el Estado no ha logrado hacer presencia efectiva e integral, tan necesaria para asfixiar los emporios criminales que se alimentan de la mencionada coca y la minería ilegal, entre otras fuentes ilícitas.

Desde luego, entre los hechos dolorosos que queremos dejarle al año que termina, la tragedia de Mocoa, que segó la vida de más de 300 personas, víctimas de una avalancha, ocupa un lugar preponderante. En este caso, no obstante, hay que guardar para el 2018 y los años venideros las lecciones de lo sucedido, con el fin de seguir avanzando en la adaptación del país a fenómenos climáticos extremos. A fin de mitigar su impacto, el país debe tomar medidas urgentes para modificar otra lamentable realidad que habría que anotar en la lista de marras: la de la creciente deforestación y degradación de ecosistemas.

Cuánto bien le haría a Colombia que otro evento extremo, la polarización política, pudiera reducirse a cenizas para dar paso a un debate informado, responsable y sereno, que se preocupe más por los argumentos que por los likes y en el que las mentiras disfrazadas de posverdad, los insultos y vituperios –esos que marcaron tristemente la discusión política en 2017– estén siempre en fuera de lugar. Una necesidad apremiante en un año electoral como el que mañana comienza, igual que la de ver avances concretos en la negociación con el Eln.

Al tiempo que se cumple el mencionado ritual se suelen sacar las copas para brindar por lo positivo que dejaron los doce meses. Aquí hay que comenzar por la corrupción, pero viendo el vaso medio lleno y celebrando que, por fin, las autoridades están tras la pista de quienes han esquilmado el erario por décadas. Además, los incumplimientos y tropiezos en la implementación del acuerdo de paz con las Farc no alcanzan a restarle brillo al hecho, bienvenido, histórico y fundamental para el futuro del país, de que esta guerrilla entregara sus armas este año. Gracias a ello, el turismo repuntó y se enfila hacia días más felices. También lució un mejor semblante la producción agrícola. Es otro hecho positivo que el país siga por la senda de la disminución constante del índice de homicidios. Y si bien la economía está lejos de vivir sus mejores días, con indicadores como los del empleo, que empiezan a preocupar, hay que rescatar que en terrenos igualmente importantes, como el de la inflación, todo apunta a que las metas se cumplirán, como las cumplieron la Selección Colombia –clasificada al Mundial– y Rigoberto Urán con su brillante subtítulo en el Tour de Francia.

Balances aparte, este diario desea a los colombianos un feliz año 2018, con esperanza en un mejor país para todos.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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