Editorial

De corte conservador

La confirmación del juez Brett Kavanaugh acentúa la distancia entre los poderes en Estados Unidos.

08 de octubre 2018 , 11:46 p.m.

Entre todas las repercusiones que puede tener para Estados Unidos –y de contera para el mundo, dado que esta sigue siendo la principal potencia del planeta– la confirmación de Brett Kavanaugh como juez de la Corte Suprema de su país, una merece mención aparte. Es la de la profundización de la brecha entre el Ejecutivo, el Legislativo y, ahora, el Poder Judicial y una porción muy importante de la sociedad estadounidense.

Ni Trump en la Casa Blanca ni los actuales congresistas republicanos, que son mayoría en ambas cámaras, están ahí luego de haber obtenido una votación popular mayoritaria. El inquilino de la Oficina Oval solo logró el 46 por ciento del voto popular. Un porcentaje similar que, sumadas las últimas tres elecciones, alcanzan senadores y representantes del partido del presidente. Los mismos que confirmaron el sábado, en medio de una controversia sin precedente conocido en esa nación, la designación de Kavanaugh en el que para muchos fue uno de los mayores triunfos de Trump desde que tomó posesión del cargo.

Como es bien sabido, la llegada de Kavanaugh a la máxima instancia del sistema judicial del país del norte, en el marco de una feroz polémica tras ser acusado de violación, hará que esta corte tenga una marcada mayoría conservadora por un buen tiempo más. Incluso, se habla de toda una generación. Sus nueve integrantes ocupan cargos vitalicios. Dos de ellos, Kavanaugh y Goursch, fueron escogidos por Trump atendiendo toda una trayectoria en la rama fiel a la línea más conservadora, sobre todo en asuntos de moral sexual. Ambos se suman a otros tres de igual tendencia, dos de ellos nombrados por George W. Bush, quien tampoco obtuvo la votación popular más alta. Los cinco serán mayoría frente a los cuatro que fueron nombrados, dos cada uno, por Bill Clinton y Barack Obama.

Y esto ocurre en un momento en que crece en la sociedad estadounidense una activa y ferviente movilización para evitar que las conquistas en materia de libertades individuales queden en peligro y, de paso, lograr el reconocimiento de nuevos derechos y mayor espacio para sectores históricamente marginados. Todo esto sin mencionar lo que ha significado el movimiento #MeToo en el objetivo de terminar de soltar lastres machistas que hasta hoy impiden la plena, real y efectiva igualdad entre géneros. También sucede a un mes de las elecciones legislativas, en las cuales estará en juego el control que hoy tienen los republicanos del Congreso.

La gran pregunta ahora es si esta nueva realidad hará que, con sus fallos, la Corte Suprema profundice la polarización de la sociedad. Para ello bastaría con pronunciamientos que signifiquen retrocesos en temas claves como el aborto o el matrimonio igualitario, o eventuales decisiones que impidan el adecuado avance de la investigación que el fiscal especial Robert Mueller adelanta para determinar el alcance de la influencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016. Para muchos es crucial que, dadas las actuales condiciones, la Corte Suprema muestre un estricto apego a los valores democráticos que han inspirado a esta nación y no a dogmas que alimentan peligrosas militancias.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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