Editorial

Cuba, ¿nueva era?

El gobierno traza un proyecto de Constitución que reconoce la propiedad privada.

25 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Los cubanos están en camino de entrar a una nueva fase. Esto se traza con la aprobación en la Asamblea Nacional de un proyecto de Constitución que será sometido a discusión popular y luego a un referendo, basado en las líneas fijadas por el expresidente Raúl Castro de abrir la puerta a la liberalización económica, pero sin soltar las riendas de lo político.

Es decir, una nueva Carta Magna que reconoce el mercado y la propiedad privada como parte de su economía, pero que no abandona el socialismo ni el marxismo-leninismo como líneas maestras. Ya no habla de “sociedad comunista”, pero enfatiza que “no hay ni habrá giros capitalistas”.

Cómo conjugarán estos principios tutelares es la gran pregunta que se hacen en Cuba, porque aunque hay dos modelos internacionales en circulación, el chino y el vietnamita, es evidente que estas experiencias han provocado enormes inequidades en las que el castrismo no está dispuesto a caer, por lo que se apuesta a un modelo propio. Para unos observadores, es la consolidación de un nuevo orden: del fidelismo se pasa al raulismo. Para otros, para la isla, finalmente, cayó el ‘muro de Berlín’.

La revolución cubana se obliga a sintonizarse con las nuevas realidades económicas e internacionales, pero amarra las políticas.

El cambio era esperado o al menos lógico en la medida en que la Constitución actual, que data de 1976, en plena era soviética, no brinda las bases jurídicas para el camino de reformas que urge la supervivencia de la revolución y a golpes de realidad ha obligado a una apertura en el plano económico y a una actualización en la mentalidad sin que ellos constituya un cambio de sistema.

Es decir, continuará existiendo un partido único, el comunista, y las decisiones se seguirán tomando dentro de la ortodoxia tradicional trazada por Raúl como cabeza del régimen y de la vieja guardia, así ya no sea el presidente.

Además de que las reformas económicas se hacen urgentes. Con un crecimiento de 1,1 por ciento en el primer semestre, como reconoció el presidente Miguel Díaz-Canel, las finanzas necesitan de una inyección de capital vía inversión extranjera por unos 2.500 millones de dólares anuales, en un contexto, si se quiere, hostil, dado el frenazo que significó para la normalización de relaciones con EE. UU. la llegada de Donald Trump, la continuación del embargo y el oscuro precipicio en el que se hunde la economía venezolana, que con sus riquezas petroleras constituyó un importante alivio.

La restitución de la figura de presidente de la república y su límite de cinco años, con una sola reelección posible –para blindarse de caudillismos–, y la creación del cargo de primer ministro son claves para entender la nueva dinámica, así como es insoslayable mencionar el reconocimiento al matrimonio entre personas del mismo sexo. Este es un avance para una revolución que marginó y persiguió a los homosexuales.

Para sobrevivir, la revolución cubana se obliga a sintonizarse con las nuevas realidades económicas e internacionales, pero amarra las políticas. ¿Sera suficiente? El tiempo y los cubanos lo dirán.

editorial@eltiempo.com

Parlamento de Cuba

La Asamblea Nacional de Cuba debate sobre el proyecto para actualizar la Constitución vigente desde 1976.

Foto:

EFE

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