Editorial

Cien días de Iván Duque

Las apuestas del Presidente obligan a que este forje un liderazgo excepcional.

Por: Editorial
10 de noviembre 2018 , 10:32 p.m.

Esta semana se cumplen los cien primeros días del gobierno de Iván Duque. El corto lapso transcurrido desde la toma de posesión no permite hacerle un corte de cuentas a una administración que todavía está en sus albores, aunque sí es posible referirse al estilo adoptado y a los retos que aparecen en el camino.

En cuanto a la figura presidencial, los colombianos siguen acostumbrándose a un mandatario joven y de temperamento tranquilo, que no ha escuchado los cantos de sirena de la polarización. Sus intervenciones muestran una profundidad que va en contravía de la imagen de ligereza con la que se lo caricaturiza injustamente. La juiciosa marcha de los talleres Construyendo País lo ha llevado a diferentes puntos del territorio nacional para escuchar directamente de los habitantes de las regiones sus demandas y expectativas, evitando caer en el facilismo de las promesas incumplibles.

De manera callada y sin estridencias, el Presidente impone su estilo. Los integrantes del gabinete describen a alguien que está sobre los temas y trabaja largas horas, como se nota en los extensos consejos de ministros que en más de una ocasión rozan el filo de la medianoche. La agenda es tan intensa que en más de una ocasión genera atrasos en los compromisos programados, un lunar que exige una mejor gerencia del tiempo.

En general, Duque ha cumplido con lo que anunció el pasado 7 de agosto. Tras la consulta anticorrupción, participó activamente en la búsqueda de consensos para impulsar iniciativas en el Capitolio. Su disposición al diálogo es permanente, junto con su voluntad de no hacer uso del espejo retrovisor para concentrarse en mirar hacia adelante.

Los colombianos siguen acostumbrándose a un mandatario joven y de temperamento tranquilo, que no ha escuchado los cantos de sirena de la polarización

Dando seguimiento a una de sus principales promesas de campaña, el actual inquilino de la Casa de Nariño estableció una relación con el Congreso que no depende de las cuotas burocráticas ni de los cupos indicativos, lo cual merece un apoyo pleno. Estas nuevas reglas de juego han llevado a que la agenda legislativa del Gobierno avance a paso lento. Puntos que formaban parte del paquete de iniciativas anticorrupción ya han sido archivados, mientras que proyectos no menos claves, como el de la reforma de la justicia, están cerca de correr la misma suerte. La esperada reforma política apenas empieza a tomar la velocidad apropiada, pero es incierto si alcanzará el tiempo.

Mención aparte merece la ley de financiamiento, de la cual dependen partidas presupuestales por 14 billones de pesos para el próximo año. En lugar de tomar la línea fácil de aplazar los problemas, la Administración presentó una propuesta polémica y ambiciosa a la vez, que merece debatirse a fondo. Lejos de lo que podría esperarse, ni siquiera el Centro Democrático apoyó plenamente el texto que comenzará a discutirse la próxima semana.

Dicha circunstancia le exige al propio Duque encabezar la discusión, y ello pasa por hablarles con franqueza a los colombianos sobre la necesidad de pagar más impuestos, indispensables para el sostenimiento de múltiples programas sociales y la buena salud de las finanzas públicas, como también por mirar fórmulas alternativas. Para decirlo con franqueza, el liderazgo presidencial se requiere, pues es insustituible en el momento de convencer a los escépticos de que hay que tomarse la medicina, así sea amarga. En esa labor es fundamental el acompañamiento del gabinete –cuyo perfil es opaco– con un bagaje técnico que no se traduce aún en una buena conexión con la ciudadanía.

Que la gente entiende que hay sacrificios necesarios se nota en el gigantesco desafío que supone la llegada masiva de migrantes venezolanos. El Gobierno ha mantenido, como debe ser, la política de darles a quienes arriban al territorio nacional un trato fraterno y solidario. Para ello ha logrado importantes apoyos en la comunidad internacional y ha sido claro en que la salida de la crisis del país vecino solo puede darse por la vía diplomática.

En general, también han sido recibidas como positivas las diferentes señales enviadas que confirman la voluntad de esta administración para avanzar en la consolidación del posconflicto. Los temores de un giro radical en este campo se han ido disipando poco a poco, pero también hay que advertir sobre algunos frentes de la construcción de paz que requieren mayor atención.

En otras áreas, el balance todavía requiere un margen de espera. Es el caso puntual del controvertido decreto que faculta a la policía para decomisar dosis mínimas de estupefacientes o el manejo de las protestas estudiantiles. También es pronto para evaluar lo hecho a fin de promover aquellos sectores que caben bajo el paraguas de la economía naranja. La pregunta que queda por ahora abierta es si este será finalmente el sello del gobierno Duque o si otro asunto tomará mayor preponderancia, pues las urgencias abundan. La respuesta dependerá del liderazgo que forje el Presidente, que debe ser excepcional.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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