Editorial

Bogotá Cómo Vamos

El programa que mide la calidad de vida de los bogotanos cumple 20 años. Lecciones y desafíos.

04 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Hace dos décadas, un grupo de entidades se propuso sacar adelante el que es hoy reconocido como uno de los programas de veeduría ciudadana más exitosos del país y de América Latina: Bogotá Cómo Vamos (BCV). En 1988, sus inspiradores, la Cámara de Comercio de Bogotá, EL TIEMPO, la Fundación Corona, la Universidad Javeriana y, en su momento, el Instituto FES de Desarrollo, coincidieron en la necesidad de empezar a registrar y evaluar de forma rigurosa los planes de desarrollo y las ejecutorias de los gobiernos ante la serie de cambios que venía presentando la capital.

Tres premisas fueron fundamentales para ese propósito: promover gobiernos más transparentes; una ciudadanía más informada, participativa y responsable e incentivar alianzas para desarrollar políticas en pro de la calidad de vida de los habitantes de Bogotá. Los resultados han sido elocuentes: bajo la égida de BCV han surgido otras 16 iniciativas similares en capitales colombianas integradas en la Red de Ciudades Cómo Vamos. Asimismo, el programa se ha extendido a 14 países de Latinoamérica y el Caribe, lo que ha permitido consolidar 60 proyectos ciudadanos en la Red Latinoamericana por Ciudades y Territorios Justos, Democráticos y Sustentables.

Organismos internacionales como ONU-Hábitat, el BID, el Pnud o el Índice de Progreso Social (IPS) han destacado el aporte de BCV a la construcción de una iniciativa de carácter cívico que ejerce control social a los gobiernos locales de manera autónoma, objetiva e imparcial. He ahí su principal valor.

Es más que justo hacer un reconocimiento a quienes han hecho y seguirán haciendo posible
este ejercicio de veeduría ciudadana.

En consecuencia, nadie mejor para dar testimonio de lo que ha sido el devenir de la capital en estos últimos 20 años. Los informes de calidad de vida, las encuestas de percepción ciudadana, los cientos de documentos e informes producidos sobre cada aspecto que atañe a la vida de los bogotanos permiten hoy establecer que la ciudad ha evolucionado para bien en múltiples aspectos: la pobreza se ha reducido, la cobertura escolar ha mejorado sustancialmente; iniciativas como el mínimo vital de agua, los comedores comunitarios, los colegios por concesión y la alimentación han significado un salto social en el bienestar de miles de personas.

En estos 20 años, decisiones de política pública hicieron que Bogotá se consolidara como una ciudad que les apostó a la bicicleta –con sus 470 kilómetros de ciclorrutas–, a sistemas de transporte masivo como TransMilenio, a la cultura ciudadana, a una reforma administrativa para crear entidades más competentes, a un apoyo decidido a la cultura con megabibliotecas públicas y Maloka; al pico y placa y la creación de un organismo clave para la promoción de ciudad y la atracción de capital extranjero: Invest Bogotá. Y también ha advertido sobre fenómenos que se deben atender con premura, como la movilidad, la calidad del aire y la sostenibilidad.
En un mundo al borde de la urbanización plena, este tipo de veedurías adquieren una relevancia mayor, dados los desafíos que se avecinan en lo tecnológico y lo energético, en seguridad, en lo ecológico, el cambio climático y la construcción de paz. Y estamos seguros de que Bogotá Cómo Vamos seguirá haciendo ese seguimiento riguroso.

editorial@eltiempo.com

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