Editorial

Asedio inaceptable

Por encima de las diferencia, la sociedad debe unirse en rechazo a quienes amenazan periodistas.

Por: EDITORIAL
19 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Es una pésima noticia para el país la conocida esta semana sobre las amenazas a periodistas. Ocurren justo en una coyuntura en la que esta sociedad hace un esfuerzo por pasar la página de un conflicto armado a través del fortalecimiento de su democracia. Que los comunicadores encuentren este tipo de obstáculos en el ejercicio de su labor es una señal de que aún sobreviven y actúan como lastres, pesados lastres, ciertos elementos, actores y fuerzas propias de esos tiempos que se quieren dejar definitivamente atrás.

El llamado debe ser a un rechazo contundente desde todas las orillas. Que los que cobardemente quieren amedrentar a los colegas reciban la notificación de que aquellos a quienes han escogido como blanco de sus fechorías no están solos. Que entiendan que esta sociedad ya está lo suficientemente madura para asumir los ataques contra los derechos fundamentales como un desafío que merece una respuesta cuya contundencia nazca del hecho de reunir a todos los sectores, sin distinción de ningún tipo. La libertad de información, derecho fundamental, debe protegerse por encima de cualquier coyuntura o confrontación.

En este sentido, el pronunciamiento de la Asociación Colombiana de Medios de Información –a la que pertenece este diario– es concluyente: “El espíritu de una democracia solo puede mantenerse vivo a través de una prensa libre, justa e independiente, por lo que desde nuestro gremio reiteramos que cualquier intento de amenazar a quienes se dedican al periodismo puede minar el funcionamiento de la democracia”.

Hay que desactivar todos los factores que, encadenados, terminan en los mensajes que amedrentan; neutralizar de raíz el riesgo.

Por supuesto, también hay que instar a las instituciones competentes a que les den a estos mensajes intimidatorios la debida atención, tal y como ya ha sucedido en el pasado reciente: sin dilaciones y con protocolos claros que permitan una actuación eficaz. Lo anterior, sea cual sea el origen –una peligrosa organización criminal o algún energúmeno desde su computador–; todos deben sentir el peso de la ley.

Y el contexto no es halagador. La Fundación para la Libertad de Prensa informó que en lo corrido de este año se ha registrado “un aumento del número de amenazas contra periodistas con respecto al año pasado”. Asegura esta entidad que “mientras que para julio de 2017 la Fundación había documentado 65 casos de amenazas, en este 2018 se han reportado 89”, y advierte sobre una tendencia al alza en el número de amenazas contra periodistas en Colombia. Mientras que en 2015 se conocieron 59 casos, en 2016 esta cifra ascendió a 90 y en 2017 llegó a 129. Al tiempo con estas cifras, la Fundación expuso casos puntuales de colegas a los que, no obstante las amenazas recibidas, o se les han retirado sus esquemas o no han recibido uno aún. La Unidad Nacional de Protección debe tomar atenta nota de estas alertas.

Ante una situación así, la respuesta tiene que ser, insistimos, contundente: proteger eficazmente a quienes han sido objeto de los amedrentamientos. Pero también hay que unir a la sociedad en torno a la protección de un derecho fundamental, desactivando todos aquellos factores que, encadenados, terminan en estos panfletos, tuits y llamadas. En otras palabras: neutralizar de raíz el riesgo.

editorial@eltiempo.com

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