Opinión

¿Tiene futuro la izquierda Latinoamericana?

¿Son Ortega, Maduro o Morales realmente dirigentes de izquierda o tan solo aspirantes a caudillos?

31 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Siempre me ha costado mucho trabajo entender por qué algunos de mis amigos pueden, al mismo tiempo, ser enemigos jurados de los dictadores de derecha y amigos incondicionales de los de izquierda.

Una persona que se eterniza en el poder, que impide elecciones libres y justas, censura la prensa libre, no permite el juego de partidos políticos y fundamenta su legitimidad en un movimiento armado es un dictador. Y un dictador siempre será un dictador, en el mismo sentido en el que el poeta Robert Frost describió la rosa: “Una rosa es una rosa. Y siempre será una rosa”.

La historia viene a cuento por la infame Declaración del Foro de São Paulo, que apoya la salvaje represión de Daniel Ortega en Nicaragua. A los foristas no les importa que Ortega, quien ya va en su cuarto mandato presidencial, haya manipulado la Constitución para perpetuarse en el poder, ejerza un poder dictatorial sobre las débiles instituciones del país, designe a su esposa sucesora en el trono y masacre a los ciudadanos nicaragüenses que piden nuevas elecciones democráticas en el país.

En su esperpéntica visión de los hechos, el desastre humanitario que los Ortega han perpetrado en el pequeño país centroamericano y los problemas de Nicaragua se reducen a dos: a Estados Unidos y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Su diagnóstico es grotesco, pero rutinario y predecible. Los defensores de los regímenes autoritarios de izquierda siempre culpan al otro, y nadie es mejor víctima propiciatoria que “el imperialismo yanqui”, que evidentemente tiene sus propios horrores, mas no los que los Ortega y su coro de admiradores le adjudican.

Los defensores de los regímenes autoritarios de izquierda siempre culpan al otro, y nadie es mejor víctima propiciatoria que “el imperialismo yanqui”,

Después de leer la infame declaración del Foro, y cuando la indignación empezaba a alterar peligrosamente mi presión sanguínea, la lectura de la columna ‘Parque Jurásico’, de mi admirado amigo y tocayo Sergio Ramírez, entrañable escritor y exvicepresidente del gobierno sandinista en sus principios, me sirvió de antídoto.

Con la elegancia y la lucidez que lo caracterizan, Sergio contrasta las necedades de Evo Morales y Maduro con las palabras del expresidente de Uruguay José Mujica, quien, lamentando los infortunados sucesos en Nicaragua, escribió: “Quienes ayer fueron revolucionarios hoy perdieron el sentido en la vida. Hay momentos en que hay que decir ‘me voy’ ”.

Mujica, recordemos, fue un guerrillero tupamaro que se rebeló contra la dictadura militar uruguaya, fue torturado en prisión y, una vez amnistiado, ganó la presidencia de su país en 2010 por un período de 5 años. Ramírez cita a Mujica porque ambos siguen creyendo que “los fundamentos éticos de la izquierda (están) basados en ideales permanentes más que en ideologías que se quedan mirando el pasado”.

Yo coincido con Sergio y con Mujica porque creo, como escribe Sergio, que “el oficio ético de la izquierda fue siempre estar del lado de los más pobres y humildes, con sentimiento y sensibilidad”, no “con un sistema burocrático que justifica crímenes en nombre de una ideología férrea”.

Y esta es la pregunta central que plantea la polémica declaración del Foro: ¿son Ortega, Maduro o Morales realmente dirigentes de izquierda o tan solo aspirantes a caudillos light latinoamericanos semejantes a los del siglo XIX, pero de muy disminuido talante?

Independientemente del juicio que a usted le merezcan los gobiernos de Mujica y Tabaré Vázquez, en Uruguay; de Lula y Rousseff, en Brasil; de Lagos o Bachelet, en Chile, lo que no está en duda es que gobernaron de acuerdo con las reglas democráticas y no obstaculizaron la alternancia.

Desafortunadamente, la supervivencia de la ‘izquierda salvaje’ en el Foro, en Cuba, Venezuela y en la Nicaragua de los Ortega, continúa ahondando la tumba de la izquierda democrática en el hemisferio americano.

SERGIO MUÑOZ BATA

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