Opinión

Nueva era de inestabilidad nuclear

¿Estaremos condenados a reproducir lo que la imaginación de los cineastas ha profetizado?

11 de febrero 2019 , 07:31 p.m.

Mientras leía sobre el riesgo de un conflicto nuclear entre las grandes potencias mundiales en el reciente informe del director de Inteligencia Nacional estadounidense, recordé la escena inicial de la película 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. En esa escena, localizada en la prehistoria, un primate se yergue desafiante en el horizonte cuando descubre que el pulgar oponible le ha permitido convertir el hueso de un animal en un arma de enorme poder destructivo.

Días después de reflexionar sobre el tema, leí el anuncio de que Estados Unidos suspendía sus obligaciones respecto al Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Corto e Intermedio (INF), firmado en 1987 con la entonces Unión Soviética, y le daba a Rusia un plazo de seis meses para que destruyera los misiles, lanzadores y equipos que, a su juicio, han violado el tratado.

Rusia niega haberlo incumplido y exige pruebas: imágenes satelitales, interceptaciones o cualquier otra evidencia del supuesto incumplimiento. Además, revierte la acusación aduciendo que es Estados Unidos el que lo ha violado porque sus sistemas de defensa en Europa tienen capacidad para disparar armas ofensivas, y remata acusando a su rival de alentar una nueva carrera armamentista.

En Europa, la suspensión del tratado es vista con justificada razón y enorme preocupación. Los misiles rusos apuntan a Europa, no a Estados Unidos, y, según algunos analistas estadounidenses e internacionales, el alcance del misil ruso SSC-8, que permitiría un ataque desde Rusia a Berlín, Praga o Viena, constituye una flagrante violación del tratado establecido.

Peor aún, todo parece indicar que Vladimir Putin ha violado el INF de manera intencional para liberarse de ataduras y continuar con su estrategia de reconvertir a Rusia en una gran superpotencia mundial reconstruyendo su industria militar con armas de última generación. Una interpretación validada por las declaraciones del Kremlin en el sentido de que Rusia debe desarrollar nuevas armas nucleares y “restaurar el balance” del arsenal nuclear con Estados Unidos.

Lo que ninguno de los dos países dice con claridad, pero es evidente que a ambos les preocupa, es que China, Irán, India, Pakistán, Corea del Norte siguen produciendo armas nucleares, sin que haya de por medio un tratado semejante al INF que limite su producción.

Y si a estos procesos en desarrollo les agregamos que la Oficina de Seguridad Nuclear Nacional, que funciona dentro del Departamento de Energía estadounidense, ha iniciado ya la construcción de una nueva arma nuclear que tendría casi un tercio del poder de la bomba usada en Hiroshima; la proliferación mundial de armas cibernéticas capaces de atacar los sistemas de control y mando de ataques nucleares, y la existencia de arsenales nucleares en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, es evidente, como apunta la doctora Rachel Bronson, presidenta del Bulletin of the Atomic Scientists, que hemos entrado en una nueva era de inestabilidad nuclear.

Y el riesgo nuclear es tan solo una mínima parte de la ‘Evaluación mundial de amenazas’ que el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats, presentó al Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos a fines del mes pasado. Un informe cuyo angustiante rigor no hace sino documentar nuestro pesimismo.

¿Estaremos condenados a reproducir en la realidad lo que la imaginación de cineastas como Kubrick, en Dr. Strangelove o Cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba atómica, y Sidney Lumet, en Fail Safe, nos han mostrado en el cine?

En la escena final de ambas películas, la orden de bombardear la Unión Soviética y desatar una hecatombe ya no puede ser anulada porque el riguroso sistema tecnológico implantado imposibilita cualquier intervención humana.

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